martes, 31 de julio de 2007

Fischer Z: es como para ponerse a llorar de nostalgia desesperadamente horas y horas.


Anda que con Rod Stewart, con The Faces (con el guitarrista Ron Wood ejerciendo de jovencito):

domingo, 29 de julio de 2007

The OjO in the mano.
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El arañador noctámbulo, la mano guiada por el sueño perdido, irrecuperable, la mano que se comporta como si tuviera -lo tiene- un ojo que la susurrara en la oscuridad lo que tiene que tocar, arañar, agredir, acariciar. La mano que mira, la mano que ve, mi mano es una lechuza agazapada debajo de la sábana, esperando que aparezca una sombra, un reflejo, una pesadilla, para arañarla. Mi mano soñando con el ojo abierto al abismo de lo que no voy a poder recordar, ojo que no parpadea nada, que quieto, silencioso, invisible, espera.
De día, o de noche, cuando estoy despierto, a veces, distraídamente, miro mi mano. Observo que está limpia, roja muchas veces, o sucia, como usada, escareada, parece un trapo viejo otras, sólo llevo un anillo, algo gordo, de ese oro que va apagándose, noto que me van apareciendo algunas manchas, lo noto, lo miro, lo veo, pero no lo pienso, no me gustan todos esos pelos en mi mano, aunque tampoco tiene tantos, busco siempre la perfección de la mano, el ideal de la mano.
La palma de la mano, toda ella es una huella dactilar, con su ojo sin párpado puesto allí en el medio, no lo veo, pero sé que está allí, acostumbrado ya a las costumbres de mi mano, al teclado, a Ana, al brazo blanco de ella, tan claro, tan brillante, mi mano lavándose a menudo, pelando una manzana, firmando olvidos, el ojo viendo caer el violento chorro de agua después de algo, el ojo aclarado antes de dormir, para que pueda ver limpiamente por los sueños de la noche, para que pueda protegerme de las arañas que me acosan desde el cabecero de mi cama.

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Yo no podía haber notado nada, ni sentido nada, ni dolor o placer o prurito, ni reminiscencias inconscientes, ningún recuerdo ni oscuro, ni morboso, ni tétrico, nada de nada se quedó en mí que me hiciera desconfiar, ningún indicio ni pista ni sospecha ni duda. Ninguna uña astillada ni mellada, ni remordimiento confuso ni difuso, en realidad había pasado una de esas noches blancas totalmente reparadoras. Pero ella, mi mujer, me dijo, cuando nos vimos a la hora de la comida, que no le había dejado dormir, que estaba echa polvo, aunque no me despertó porque quería saber en qué acababa aquello.
Decidí dejarlo pasar, estoy acostumbrado a ese tipo de reproches irónicos, he dejado de contestarlos, hace mucho.
- Te has pasado toda la noche arañando el cabecero de la cama - me dijo después, ya al final de la comida, había estado esperando, escudriñando, yo creo que distraídamente atenta a mis gestos, querría comprobar algo, seguro, o quizá el brillo apagado de su mirada sólo era cansancio .
Fui, veloz, a ver nuestra cama: en el cabecero ni rastro ni sombra ni niebla de arañazo alguno detecté.
Veloz, decidí dejarlo pasar.

sábado, 28 de julio de 2007

En España, mucho tiempo hemos estado pendientes de los franceses. Mientras, algunos franceses únicamente se preocupaban de acostarse temprano. Longtemps, je me suis couché de bonne heure. Me voy a la cama a ver si se me ocurre el principio de una obra maestra mientras me ahogo por un ataque de asma. Otros se dedicaban a la diplomacia -o a la guerra- despectiva. Pero lo real maravilloso era que siempre podía surgir un espontáneo que acababa haciendo unos versos desplomados (¡desplomados!) -y que desplomaban a uno- de lucidez y belleza o que construía febrilmente artefactos imaginarios, literarios o industriales que iban a encandilar a un gran número de incautos y circunspectos.
Hoy me ha acordado, no sé por qué, de Louis de Rouvray, Duque de Saint-Simon para los paganos, quizá uno de los más grandes memorialistas de la historia, según he leído (¿no ven?, soy español y sigo pendiente de los franceses, pero con una diferencia con mis antepasados: encandilado por los franceses de antes. Los de ahora, sarkotizados, me son absolutamente inverosímiles. ). Y me he puesto a mirar en internet, como si este instrumento fuese el recipiendario de la ciencia infusa, soy un paleto de la red, definitivamente, y sólo he encontrado esta curiosidad, que me ha "encandilado".

La influencia francesa se dejó sentir de forma rotunda hasta el tercer decenio del siglo XVIII, lo que trajo encontronazos sociales que también se traslucieron en la aceptación de la cocina francesa que se importaba con la nueva dinastía. De hecho el Duque de Saint-Simon (1675-1755) en sus memorias cuenta el desastroso banquete que se celebró con ocasión de la boda de Felipe V con María Luisa Gabriela de Saboya en el año 1701 y que cuenta: “Al llegar a Figueras el obispo diocesano los casó de nuevo con poca ceremonia y poco después se sentaron a la mesa para cenar, servidos por la Princesa de Ursinos y las damas de palacio, la mitad de los alimentos a la española, la mitad a la francesa. Esta mezcla disgustó a estas damas y a varios señores españoles con los que se habían conjurado para señalarlo de manera llamativa. En efecto, fue escandaloso. Con un pretexto u otro, por el peso o el calor de los platos, o por la poco habilidad con que eran presentados a las damas, ningún plato francés pudo llegar a la mesa y todos fueron derramados, al contrario que los alimentos españoles que fueron todos servidos sin percances. La afectación y el aire malhumorado, por no decir más, de las damas de palacio eran demasiado visibles para pasar desapercibidos. El rey y la reina tuvieron la sabiduría de no darse por enterados, y la Señora de Ursinos, muy asombrada, no dijo ni una palabra. Después de una larga y desagradable cena, el rey y la reina se retiraron”.

Este hecho narrado, aparte de su comicidad, muestra la resistencia de la corte a perder sus costumbres y hábitos que consideraban un patrimonio y un derecho de los españoles y que se desmoronaba como consecuencia de las influencias extranjeras traídas por una dinastía foránea que se implantaba en el país.

Del Duque de Saint-Simon tenemos otra referencia de su apreciación, o mejor dicho depreciación, de la cocina española, por lo que podemos apreciar, referente a una cena que le ofreció el Virrey de Navarra, en 1721, de la que cuenta: “La comida no se hizo esperar; fue copiosa, a la española, mala; las maneras nobles, corteses, francas. Quiso obsequiarnos con un plato maravilloso. Era una gran fuente llena de un revoltijo de bacalao, guisado con aceite. No valía nada y el aceite era detestable. Por urbanidad comí cuanto pude”

Pese a todo recelo y costumbres se impondrían los criterios del nuevo rey y la cocina a la francesa se convirtió en opulenta, refinada y cosmopolita calando primero en la nobleza y mucho más tarde en la burguesía, pero eso ya ocurriría en el siglo XIX. También, con la segunda boda del rey con Isabel de Farnesio en 1714 la cocina italiana entró en los gustos de la Corte de forma casi fulminante

Siguiendo con el testimonio del Duque de Saint-Simon, que fue embajador en la corte madrileña entre los años 1721–1724, cuenta de las ceremonias y rituales con una alimentación tradicional de la casa de los Austrias inspirada en la corte de Borgoña con cambios tomados de las etiquetas de Versalles: “La comida se sirve poco después de la misa. Las Camaristas toman los platos en la puerta y la Camarera Matoy los pone sobre la mesa. Dos damas de palacio y dos señoras sirven de beber y presentan los platos, con una rodilla en tierra. El Marqués de Santa Cruz asiste siempre, porque todo es del servicio de la boca de la Reina y jamás nada de la del Rey. Los dos primeros médicos de SS.MM. no faltan nunca. Esto es necesario. Los que tienen entrada son el Cardenal Borja, que falta raramente, el Marqués de Villena, que acude algunas veces, y el Duque de Saint Pierre, pocas veces. Estos tres señores son el Mayordomo Mayor del Rey, de la Reina y de la Reina viuda. Los primeros cirujanos y farmacéuticos de SS.MM. y estos tres servidores citados asisten cuando quieren. Otros nunca. A la cena, lo mismo”.

Sobre la monotonía del rey, que tenía graves problemas de alimentación por sus estados de melancolía, que le hacían perder el apetito o comer devorando y sin freno, el Duque de Saint-Simon cuenta sobre su dieta lo siguiente: “El Rey come mucho y elige entre una quincena de alimentos, siempre los mismos, y muy simples. Su potaje es ‘chaudeau’ (sopa hecha con cuatro yemas de huevo, azúcar, canela y vino de Borgoña) hecho con más vino que agua, yemas de huevo, azúcar, canela, clavo y nuez moscada. Lo toma también para cenar y nunca otro”.

De algo si gustaba Felipe V, como casi todos los españoles de la época, el chocolate, del cual dice el cronista: “No come de abstinencia más que cinco o seis veces al año y son los días de ayuno. El Rey y la Reina no ayunan y toman chocolate cuando quieren ayunar. Es una tolerancia establecida, que ha prevalecido en España de tal forma, que se quedan más que sorprendidos si se les dice que eso no es ayunar”.

En la bebida era moderado, según Saint-Simon: “Bebe poco y sólo vino de Borgoña”.

De la segunda esposa del rey, famosa por su apetito, cuenta: “La Reina come menos que el Rey, pero le gusta la buena mesa, come de todo, raramente los mismos platos que el Rey, bebe vino de Champagne y hace con frecuencia ayuno”. Una forma elegante de no ofender y decir la verdad. Continuando con la reina también nos cuenta su vicio, el del tabaco, con estas palabras: “Toma mucho tabaco y lo conoce bien. El Rey, jamás, le ha costado acostumbrarse a vérselo tomar a la Reina. Ella deplora agradablemente no haber podido lograr hacer el sacrificio de dejarlo”.

Con respecto a las comidas cuando tenían invitados hace la siguiente observación: “La comida es larga, la conversación es continua; la Reina pone la diversión y la alegría; se habla de muchas cosas, y cuando, entre este pequeño número de personas se encuentra una de espíritu, tienen ocasión de aportar y de aprender cosas útiles. Esto no se presenta todos los días, pero con mucha frecuencia. La cena es más corta y menos favorable”.

También este embajador cuenta las aficiones cinegéticas de rey y su esposa en el Real Sitio de Aranjuez y de su sorpresa de ver a uno de los criados silbato en mano llamando a los animales salvajes para darles de comer, algo muy corriente hasta hace poco para los poderosos, baste recordar al General Franco en sus cazas en Riofrío donde asesinaba, más que cazaba, los ciervos salvajes, a los cuales he tenido ocasión de alimentar con mis manos, dándoles queso, de lo mansos y acostumbrados que están a los humanos. Sobre lo referido cuenta lo siguiente: “la pequeña plaza se llenó de jabalíes y de jabalinas de todos los tamaños entre los que había varios muy grandes y de un grosor extraordinario. Ese criado les arrojó mucho grano en distintas ocasiones, que esos animales comieron con gran voracidad, a menudo gruñendo, y los más fuertes se hacían ceder el sitio por los otros, y los jabalíes más jóvenes, retirados a los bordes, no osaban aproximarse hasta que los más grandes se hubieran hartado”.

Carlos Azcoytia

Addenda: si alguien está interesado en el gran tema de la alimentación en la corte española del siglo XVIII, pues que pinche aquí para saciar su curiosidad.

Viandas del Rey
Comida: Una sopa de consumado. Un trinchero con dos pichones de nido. Otro con mollejas esparrilladas. Otro de unas mollejas cocidas con sustancia. Un asado de dos pollas de cebo. Los mismos platos se servían a la cena. Precio: 180 reales diarios.
Viandas de la Reina
Comida: Dos sopas, la una con una polla y la otra con dos pichones. Cuatro principios: un lomo de ternera, otro de fricandaux (o fricandon), otro de seis pichones, y otro de dos pollas rellenas. Un asado con tres pollas de cebo, un pollo y un pichón. Dos postres, una torta de crema y otro de pernil. Los mismos platos se servían para cenar. Precio: 540 reales diarios.

viernes, 27 de julio de 2007

A la busca de un final lírico (44)

EL GATO DE UN GERIÁTRICO PRESIENTE QUIÉN VA A MORIR EN HORAS

CHICAGO (Reuters) - Cuando Oscar visita a los residentes de un geriátrico en Rhode Island (EEUU), el equipo sanitario entra en acción porque el gato puede sentir cuando alguien está a punto de morir.

En sus dos años en la unidad de demencia terminal, Oscar ha estado en la cabecera de más de 25 residentes que murieron poco después, según el doctor David Dosa, de la Universidad Brown de Providence.

El médico escribió sobre Oscar en la Revista de Medicina de Nueva Inglaterra.

"No es que el gato aparezca siempre primero", dijo la doctora Joan Teno, que ve a los pacientes en la unidad. "Pero siempre se las apaña para aparecer, y siempre suele hacerlo en las dos últimas horas (de vida)".

Criado en la residencia desde que era un cachorro, Oscar a menudo pasa control a los residentes, pero cuando se le eriza el pelo durante una visita, los médicos y enfermeras saben que es hora de llamar a los familiares.

"No creo que sea un gato con poderes", dijo Teno. "Creo que probablemente hay una explicación bioquímica", dijo en una entrevista por teléfono.

Aunque los animales domésticos se utilizan normalmente para llevar tranquilidad y sosiego a los ancianos en las residencias, el talento de Oscar es especial, aunque no insospechado.

"Eso es algo muy de los gatos", dijo Thomas Graves, experto en felinos y jefe de medicina de animales pequeños en la Facultad de Medicina de la Universidad de Illinois.

Graves dijo que no había pruebas que sugiriesen que los gatos pueden sentir la muerte, pero no lo descarta ni por un momento.

"Estas cosas son difíciles de estudiar. Creo que probablemente perros y gatos pueden sentir cosas que nosotros no podemos", dijo.

En una ocasión en concreto, relatada por el doctor Dosa, Oscar se colocó al lado de la cama de un paciente en la habitación 313.

Su presencia hizo que el personal comenzara a llamar y a establecer una vigilia.

Cuando un nieto preguntó por qué estaba el gato allí, su madre le explicó: "Está aquí para ayudar a la abuela a ir al cielo", según el relato de Dosa.

Media hora después, la abuela murió.

/Por Julie Steenhuysen/

jueves, 26 de julio de 2007

A la busca de un final lírico (cuarenta y tres, me arrodillo a tus pies)

Mis padres, cuando por fin me emancipé, me regalaron como premio el DICCIONARIO DE FILOSOFÍA, de José Ferrater Mora. Lo tengo en la mesilla de mi cama, como libro de cabecera, junto con el Plan General Contable. Amo, desesperadamente, estos libros. Bueno, el Diccionario de Filosofía son cuatro gruesos volúmenes. Con ellos he logrado poner algo de sentido común a mi vida, llena de delirios intranscendentes, pueriles. El DICCIONARIO está lleno de autorreferencias internas (Cfr., VÉASE, tomo II de la obra De la matière à l´esprit, (1) (2) (3), etc.). Forget the night. La lectura de estos libros autorreferenciados, deicidas, que crean un universo cerrado, cada cosa colocada en su sitio, no pasa ninguna de esas enormes pelusas que se cruzaban en el camino de Clint Eastwood cuando atravesaba los desiertos de Almería, ni siquiera una mota de polvo, cada noche, nada se estorba, ni se cruza, ni saca los pies del tiesto, todo tiene una explicación, que a su vez te abre otra puerta, y si te asomas a la ventana verás cómo el universo es inmenso, pero explicable, veo a una muchacha columpiándose y enseñando las bragas a su profesor de matemáticas, las pesadillas, cuando uno se familiariza con el contenido de estos libros, no dan pánico, como antes, piensas, mientras sueñas, esto lo voy a consultar luego en el PLAN O EN EL DICCIONARIO, en fin, a lo que iba, una entrada de este último, que he leído varias veces, se titula MUERTE.

Entresaco algunas cosas:

"Platón afirmó que la filosofía era una meditación sobre la muerte. Toda vida filosófica, escribió después Cicerón, es una commentatio mortis. Veinte siglos después Santayana dijo que "una buena manera de probar el calibre de una filosofía es preguntar lo que piensa acerca de la muerte". Según estas opiniones, una historia de las formas de la "meditación de la muerte" podría coincidir con una historia de la filosofía. Ahora bien, tales opiniones pueden entenderse en dos sentidos. En primer lugar, en el sentido de que la filosofía es o exclusiva o primariamente una reflexión acerca de la muerte. En segundo término, en el sentido de que la piedra de toque de numerosos sistemas filosóficos está constituida por el problema de la muerte. Sólo este segundo sentido parece plausible.
Por otro lado, la muerte puede ser entendida de dos maneras. Ante todo, de un modo ambiguo; luego, de una manera retringida. Ampliamente entendida, la muerte es la designación de todo fenómeno en el que se produce una cesación. En sentido restringido, en cambio, la muerte es considerada exclusivamente como la muerte humana. Lo habitual ha sido atenerse a este último significado, a veces por una razón puramente terminológica y a veces porque se ha considerado que sólo en la muerte humana adquiere plena significación el hecho de morir. Esto es especialmente evidente en las direcciones más "existencialistas" del pensamiento filosófico, no sólo las actuales, sino también las pasadas. En cierto modo, podría decirse que el significado de la muerte ha oscilado entre dos concepciones extremas: una concibe el morir por analogía con la desintegración de lo inorgánico y aplica esta desintegración a la muerte del hombre, y otra, en cambio, que concibe inclusive toda cesación por analogía con la muerte humana".

Cuando llego aquí, casi invariablemente, me vence el cansancio, y caigo medio muerto de miedo por una pendiente de jerarquías que se van bifurcando indefinidamente... pero que trato de enervar viajando por el acelerado aire del sueño...

miércoles, 25 de julio de 2007

A la busca de un final lírico (42)

Supe entonces, con humildad, con perplejidad, en un arranque de mexicanidad absoluta, que estábamos gobernados por el azar y que en esa tormenta todos nos ahogaríamos, y supe que sólo los más astutos, no yo ciertamente, iban a mantenerse a flote un poco más de tiempo.

(Habla Joaquín Font, calle Colima, colonia Condesa, México DF, agosto de 1987).

Los detectives salvajes (Roberto Bolaño).

martes, 24 de julio de 2007

Un fenómeno religioso

Tengo unas cuantas ideas fijas, manías, obsesiones, temas y motivos que vuelven una y otra vez, que me persiguen. Cuando tenga un rato libre tendré que hacer una lista. A todo el mundo le pasa, creo. El Tercer Reich alemán, por ejemplo: cómo un grupo reducido de seres siniestros pudieron construir ese régimen político. El otro día en Salamanca me atacó otra vez. Hacía unos cuantos años que pasaba de mí, pero cuando fui a la librería Cervantes con la intención de comprar algo, curiosear, hojear y ojear, siempre se encuentra algún libro interesante, pues que me abdujo de nuevo. En el escaparate estaba un tochazo de Richard J. Evans, "El Tercer Reich en el poder", que captó hipnóticamente mi atención. Fíjense si no habría libros expuestos, una multitud, un mogollón, con colirines, fotos, de arte, literatura, crítica, de cotilleo, yo qué sé. Pues nada, sólo vi ése. En la portada figuraba una frase de Ian Kershaw (autor de una excelente biografía del monstruo) que decía: "Impresionante, perspicaz, humana... La historia más detallada escrita nunca sobre la desastrosa época del Tercer Reich".
Le dije a la señora que estaba en la caja que me lo pusiera. Entonces me abordó un señor maduro, delgado, con mucho pelo y con muchas canas, los ojos pequeños y con la mirada como de miope, iba vestido de sport:
- ¿Es usted el que está comprando ese libro?, dijo, con acento argentino.
- Sí, sí.
- Un tema muy interesante. Yo he dado algunos años clases en Nueva York sobre Hitler y los nazis. En Estados Unidos hay mucho interés, y mucha oferta editorial. Debe influir también que hay muchos judíos allí.
- Sí, claro...
- La verdad es que no me extraña ese interés, es algo que sucedió en un país tan moderno, en aquel momento, como Alemania, algo que se escapa a la razón, difícil de entender.
- Claro, claro...
- Como le digo, fueron unos sucesos increíbles, difíciles de explicar... Leí muchos libros, para preparar las clases, hasta que un día dí con un librito que me abrió los ojos. Su tesis era que el nazismo fue un fenómeno que no debería ser estudiado por historiadores, políticos, periodistas... sino por teólogos.
- Sí, claro, es...
- Son treinta euros, señor.
Pagué.
- Que usted lo disfrute, me dijo el señor canoso.
- Gracias, y nos dimos la mano.

En el libro que compré leo que el constitucionalista Ernst Rudolf Huber, en 1939, dijo que el cargo de Hitler (recordemos: "Führer del Reich y del pueblo alemán". El juramento que tenían que hacer todos los soldados rezaba así: "Juro por Dios que prestaré obediencia incondicional al Führer del Reich y del pueblo alemán, Adolf Hitler, comandante supremo de las Fuerzas Armadas y, como soldado valiente que soy, estoy preparado con plena voluntad para arriesgar mi vida por este juramento en cualquier momento") no era un cargo meramente gubernamental, sino que su legitimidad derivaba de la "voluntad unánime del pueblo", la palabra de Hitler es ley y podía pasar por encima de todas las leyes preexistentes, pues su poder no emana del Estado, sino de la Historia:

"La autoridad del Führer es absoluta y lo abarca todo: en ella confluyen todos los brazos del cuerpo político; cubre todas las facetas de la vida del pueblo; abarca a todos los miembros de la comunidad alemana que han jurado lealtad y obediencia al Führer. La autoridad del Führer no es objeto de revisiones ni controles; no está circunscrita por reservas privadas de derechos individuales celosamente guardados; es libre e independiente, predomina por encima de todo sin trabas."

Recuerdo que leí cuando era jovencito que Luchino Visconti, comunista y aristócrata, se resistió durante mucho tiempo a hacer una película sobre los nazis porque consideraba que eran zafios, vulgares, carentes de interés. Sucumbió, no obstante, a la tentación, y filmó "La caída de los dioses". Bastantes años antes, la cineasta Leni Riefenstahl rodó, con motivo del sexto congreso del Partido Nazi celebrado en 1934 en Nuremberg, un documental titulado "El triunfo de la voluntad". Fue acusada de ser una de las culpables de la creación del mito del Führer. Ella se defendía diciendo que no hizo nada más que cumplir lo mejor que pudo con un encargo. Pero ese trabajo está considerado por muchos como una obra maestra del cine.


lunes, 23 de julio de 2007

EL COMENSAL SOLITARIO

Para decirlo no estábamos tan sólo nosotros. Ocurrió algo. A la una de la tarde (una hora impropia aún para comenzar un almuerzo en España) terminó nuestra conversación, y dejamos a Martín organizar el día que ya estaba avanzado, en una cocina donde deambulaban haciendo y saboreando casi cincuenta personas. Y solitario, degustando el menú, plato por plato, "el gran menú degustación", había un joven vestido en mangas de camisa; comía, miraba y preguntaba, solo, sentado en la parte del sol del patio verdísimo del restaurante Martín Berasategui. Le preguntamos: ¿eres periodista, gastrónomo, cocinero?, ¿por qué quieres saber tanto de los platos?, ¿por qué comunicas por teléfono qué te parece cada uno de los platos que vas comiendo? Era un diplomático argentino, casado en Nueva York, donde está destinado, con una abogada que le ha querido hacer un regalo singular por su reciente cumpleaños: que almorzara en España en el mejor restaurante que hubiera elegido; con un único compromiso: contarle las impresiones que le produjeran lo que iba comiendo. Y allí estaba él, disfrutando de su regalo y cumpliendo con su compromiso. Luego se lo presentamos al cocinero. Para él también fue un regalo esa insólita aparición del comensal solitario.

(Entresacado de una entrevista hecha por Juan Cruz al cocinero Marín Berasategui, publicada en el suplemento del domingo del diario El País, llamado EPS, del día 22 de julio de 2007)

En el mismo suplemento o revista adosada al periódico, pero en la última página, venía el artículo semanal de Javier Marías. Se titulaba "Los valiosos ocultos". Entresaco este párrafo inicial, muy animado:

Si uno ve la televisión u oye la radio o lee la prensa, si atiende a los políticos, a muchos intelectuales y artistas, no digamos a los obispos (sobre todo si es a su portavoz siempre enmarañado y chulesco, Martínez Camino), acaba por tener la sensación de vivir en un país envilecido y lamentable, lleno de aprovechados, de cínicos, de imbéciles y de fatuos. Cuanto tiene una dimensión pública -y descuiden, que sin la menor reserva me incluyo- produce una impresión negativa, cómo decir, de permanentes exasperación y rebajamiento, de griterío generalizado, de empujones y codazos, de desfachatez, mezquindad, tontuna, mentira y codicia, todo mezclado. Uno oye a los tertulianos de una radio y a los pocos minutos la apaga entre hastiado y avergonzado, tal suele ser la sarta de disparates y venenosidades que escucha, casi todos pronunciados con el mayor engreimiento. Enciende la televisión y se encuentra, en demasiadas ocasiones, con gente chillona haciendo el memo o soltando zafiedades, ya sean presentadores o concursantes, agilipollado público que bailotea o bate palmas como niños (niños idiotas) o participantes en "debates", con frecuencia gente que no tiene idea de nada y, lo que es peor, que no se ha parado ni un minuto a pensarlo. E incluso echa un vistazo a unos "informativos" y se topa con el añoso locutor megalómano no dando noticias, sino hablando de sí mismo y de sus pésimos gustos. Abre uno los periódicos o las revistas y no es nada raro que lea bobadas sin cuento, opiniones no meditadas y declaraciones rimbombantes y huecas. Presta atención a los políticos y de la mayoría sólo brotan evidentes falacias y autopropaganda, casi nunca una idea interesante o el reconocimiento de un error o una culpa, y todos tendrían una lista larga. Y si uno se asoma a Internet, el trapicheo de memeces ocupa el 90%.

Javier Marías se queja porque se dicen muchos disparates. Pues aquí tienen uno:

“Me parecería muy bien que se regulasen dos matrimonios: uno más serio para el que lo quiera en libertad y otro más disoluble. (…) Uno con unos requisitos más fuertes para llegar a la separación y otro que permita el divorcio express. Sin restringir la libertad de nadie, que cada uno elija. (…) A la familia la están excluyendo del derecho. Un matrimonio normal de siempre, el mío con mi mujer, hoy en España es alegal. El derecho no reconoce mi situación, lo que yo he querido hacer al casarme. Yo he querido asumir un compromiso con mi mujer para toda la vida y abierto a la vida. Y estas notas no están en el derecho ahora. El matrimonio es una institución indiferenciada para los adultos que no comtempla la apertura a la vida, como en los matrimonios homosexuales, y donde es anulable tres meses después de la boda”

Benigno Blanco, presidente del Foro de la Familia, en una entrevista en el periódico La Razón.


viernes, 20 de julio de 2007

Relaciones de vecindad

UN HORRIBLE VACÍO

No puedo explicarle ahora mi vida, ni lo que soy. No, eso no se puede hacer. Necesitaría tres mil páginas y posiblemente se me olvidarían aún las cosas importantes, que se me ocurrirían luego. Para eso haría falta otro volumen complementario. Lo esencial se me olvidaría en esas tres mil páginas, y en mi lecho de muerte diría: ¡Santo Cielo!, ahora veo lo más importante de todo, ahora, al mirar desde un lecho de muerte, eso lo explicaría todo de otra manera, no tiene ningún sentido.

Hay que llegar a todo por sí mismo. Uno no tiene ninguna tarea ni nada parecido. Tareas sólo tienen los colegiales y los que obedecen a sus maestros.

Y entonces pierdo de algún modo las ganas, porque no tengo ya nada que hacer, eso es lo idiota. Por eso he tenido que tener siempre una compensación y hacer algo, aunque fuera absurdo. Pero da igual. Como las mujeres, que tienen que sacudir incansablemente alfombras para tranquilizarse y poder freír sus tortillas. Todo ser humano se busca algo parecido. De algún modo siento un —¿cómo se llama ese famoso vacío?—, un horrible vacío, desde hace un año. ¿Qué puedo hacer ahora? No me interesa ya nada. Pero bueno, siempre ocurre algo, aunque sea una desesperación pura, algo llega siempre. Y entonces lo explotaré otra vez. Porque la vida es una explotación. Y uno se precipita sobre lo que sea, otra persona o uno mismo, no sé. Todo eso no conduce a nada.

Eso me recuerda dónde estuve ayer, en casa de un campesino, que me contó que un tabernero, al que yo también conocía, había muerto de pronto, aunque podía preverse desde hacía un año, pero sin embargo, de pronto, tenía un pie totalmente podrido, y desde luego hubo mucha gente en su entierro, y uno de ellos, ex carnicero y posadero, que había sido anteriormente oficial de carnicero pero tenía ya más de sesenta años, tuvo que llevar una cruz, de dos metros, enormemente pesada... siempre tienen, cuando llevan algo así, una especie de soporte de cuero, donde va metida la cruz. Y sólo hace falta sujetarla, pero no cargarla. Sin embargo, no encontraron el soporte y el hombre tuvo que llevar la cruz durante dos horas, y le pusieron encima además una corona, y entonces él se derrumbó y ahora estaba en cama, también listo. Ahora me acuerdo.

Thomas Bernhard

miércoles, 18 de julio de 2007

A la busca de un final lírico (41)

Si hubiera sospechado lo que se oye después de muerto, no me suicido.

Apenas se desvanece la musiquita que nos echó a perder los últimos momentos y cerramos los ojos para dormir la eternidad, empiezan las discusiones y las escenas de familia.

¡Qué desconocimiento de las formas! ¡Qué carencia absoluta de compostura! ¡Qué ignorancia de lo que es bien morir!

Ni un conventillo de calabreses malcasados, en plena catástrofe conyugal, daría una noción aproximada de las bataholas que se producen a cada instante.

Mientras algún vecino patalea dentro de su cajón, los de al lado se insultan como carreros, y al mismo tiempo que resuena un estruendo a mudanza, se oyen las carcajadas de los que habitan en la tumba de enfrente.

Cualquier cadáver se considera con el derecho de manifestar a gritos los deseos que había logrado reprimir durante toda su existencia de ciudadano, y no contento con enterarnos de sus mezquindades, de sus infamias, a los cinco minutos de hallarnos instalados en nuestro nicho, nos interioriza de lo que opinan sobre nosotros todos los habitantes del cementerio.

De nada sirve que nos tapemos las orejas. Los comentarios, las risitas irónicas, los cascotes que caen de no se sabe dónde, nos atormentan en tal forma los minutos del día y del insomnio, que nos dan ganas de suicidarnos nuevamente.

Aunque parezca mentira —esas humillaciones— ese continuo estruendo resulta mil veces preferible a los momentos de calma y de silencio.

Por lo común, éstos sobrevienen con una brusquedad de síncope. De pronto, sin el menor indicio, caemos en el vacío. Imposible asirse a alguna cosa, encontrar una asperosidad a que aferrarse. La caída no tiene término. El silencio hace sonar su diapasón. La atmósfera se rarifica cada vez más, y el menor ruidito: una uña, un cartílago que se cae, la falange de un dedo que se desprende, retumba, se amplifica, choca y rebota en los obstáculos que encuentra, se amalgama con todos los ecos que persisten; y cuando parece que ya se va a extinguir, y cerramos los ojos despacito para que no se oiga ni el roce de nuestros párpados, resuena un nuevo ruido que nos espanta el sueño para siempre.

¡Ah, si yo hubiera sabido que la muerte es un país donde no se puede vivir!

Espantapájaros (Oliverio Girondo)

martes, 17 de julio de 2007

Ser padre es una aventura fascinante

¿Quién no ha querido tener un padre aventurero:
que sepa sonreir cuando corre feliz?


Sin el régimen de visitas por correr los Sanfermines con su hijo de 10 años Un juez retira el régimen de visitas al padre que participó con su hijo en el encierro del pasado 10 de julio
ELPAIS.com - Madrid - 17/07/2007

Luis Miguel Gómez ha puesto en peligro la vida de su hijo de 10 años. Esta es la conclusión a la que ha llegado un juez de Fuenlabrada después de que la ex mujer de Luis le denunciara al ver en varios medios la foto de su hijo corriendo el cuarto encierro de los Sanfermines. Al parecer, ya lo habían hecho otras veces. La consecuencia: el juez ha retirado cautelarmente el régimen de visitas al padre.

La madre denunció el caso en las dependencias de la Guardia Civil de Arroyomolinos (Madrid), el pasado domingo 11 de julio, al ver la foto de su hijo publicada en varios periódicos. Una semana después, el titular del Juzgado de Instrucción número 1 de Fuenlabrada, Adolfo Carretero, ha firmado una orden de carácter urgente para que la Guardia Civil localice al padre del niño y éste entregue al menor a la madre. Todo con el objetivo de evitar que se "siga poniendo en peligro la vida del pequeño".

El suceso ocurrió el pasado día 10 de julio poco antes de concluir el cuarto encierro de los Sanfermines, cuando padre e hijo, con tan sólo 10 años, corrieron juntos un tramo de la cuesta de Santo Domingo. El Ayuntamiento de Pamplona impuso una multa de 150 euros al padre. Aún así, éste declaró su intención de continuar llevando a su hijo a encierros por toda España.

Fuentes del Ayuntamiento de Pamplona confirmaron entonces que el niño llevaba dos días corriendo en ese tramo y que el día 10, al ver que TVE entrevistaba al menor en el set televisivo que posee en el callejón de la plaza de toros, desplazó hasta él mismo a varios agentes para identificar al padre y sancionarlo.

domingo, 15 de julio de 2007

sábado, 14 de julio de 2007

Se cumplen hoy cuatro años de la muerte de Roberto Bolaño. Por lo visto, no llegó a tiempo un hígado que necesitaba.
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Como se sabe, en su novela Los detectives salvajes, Bolaño recrea las andanzas, aventuras y desventuras de los poetas del Movimiento Infrarrealista, que en la ficción se transmuta en Movimiento Real Visceralista. En la foto se pueden ver las caras de estos melenudos salvajes.

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Los protagonistas del libro, los famosísimos Ulises Lima y Arturo Belano (este último, trasunto de Roberto Bolaño: Belano, Nobela, Arturo Nobela), buscan afanosamente pistas sobre la escritora vanguardista mexicana Cesárea Tinajero. Parece ser que era un gran talento, pero nadie guarda ninguna prueba del mismo: ningún poema, ninguna prosa. De ahí la investigación salvaje.
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POSTPOST: Cesárea Tinajero fue amiga de Manuel Maples Arce, miembro fundador del estridentismo mexicano, movimiento de vanguardia que era una mezcla de futurismo y dadaísmo/(surrealismo).

Un texto pegado en los muros de Puebla, de Maples Arce robora, perhaps, esta afirmación.
"Cuánta mayor y más honda emoción he logrado vivir en un recorte de periódico arbitrario y sugerente, que en todos esos organillerismos pseudo-líricos y bombones melódicos, para recitales de changarro gratis a las señoritas, declamatoriamente inferidos ante el auditorio disyuntivo de niñas foxtroteantes y espasmódicas y burgueses temerosos por sus concubinas y sus cajas de caudales, ..."
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En fin, aunque figura en el "texto pegado", copio el Directorio de vanguardia elaborado de Maples Arce, me hace ilusión poner aquí todos estos nombres de nuestro pasado:

DIRECTORIO DE VANGUARDIA

Rafael Cansinos-Asséns. Ramón Gómez de la Serna. Rafael Lasso de la Vega. Guillermo de Torre. Jorge Luis Borges. Cleotilde Luisi. Vicente Ruiz Huidobro. Gerardo Diego. Eugenio Montes. Pedro Garfias. Lucía Sánchez Saornil. J. Rivas Panedas. Ernesto López Parra. Juan Larrea. Joaquín de la Escosura. José de Ciria y Escalante. César A. Comer. Isac del Vando Villar. Adriano del Valle. Juan Las. Mauricio Bacarisse. Rogelio Buendía. Vicente Risco. Pedro Raida. Antonio Espina. Adolfo Salazar. Miguel Romero Martínez. Ciriquiain Caitarro. Antonio M. Cubero. Joaquín Edwards. Pedro Iglesias. Joaquín de Aroca. León Felipe. Eliodoro Puche. Prieto Romero. Correa Calderón. Francisco Vighi. Hugo Mayo. Bartolomé Galíndez. Juan Ramón Jiménez. Ramón del Valle-Inclán. José Ortega y Gasset. Alfonso Reyes. José Juan Tablada. Diego M. Rivera D. Alfaro Siqueiros. Mario de Zayas. José D. Frías. Fermín Revueltas. Silvestre Revueltas. P. Echeverría. Atl. J. Torres-García. Rafael P. Barradas. J. Salvat Papasseit. José María Yenoy. Jean Epstein. Jean Richard Bloch. Pierre Brune. Marie Blanchard. Corneau. Farrey. Fournier. Riou. Mme. Ghy Lohem. Marie Laurencin. Dunozer de Segonzac. Honneger. Georges Auric. Ozenfant. Alberto Gleizes. Pierie Reverdy. Juan Gris. Nicolás Beauduin. William Speth. Jean Paulhan. Guillaume Apollinaire. Cypien. Max Jacob. Jorge Braque. Survage. Coris. Tristán Tzara. Francisco Picabia. Jorge Ribemont-Dessaigne. Renée Dunan. Archipenko. Soupault. Bretón. Paul Elouard. Marcel Duchamp. Frankel. Sernen. Erik Satie. Elie Faure. Pablo Picasso. Walter Bonrad Arensberg. Celine Arnauld. Walter Pach. Bruce. Morgan Russel. Marc Chagall. Herr Baader. Max Ernst. Christian Schaad. Lipchitz. Ortiz de Zárate. Correia d'Araujo. Jacobsen. Schkold. Adam Fischer. Mme. Fischer. Peer Kroogh. Alf Rolfsen. Jeauneiet. Piet Mondrian. Torstenson. Mme. Alika. Ostrom. Geline. Salto. Weber. Wuster. Kokodika. Kandinsky. Steremberg (Com. de B. A. de Moscou). Mme. Lunacharsky. Erhenbourg. Taline. Konchalowsky. Machkoff. Mme. Ekster. Wlle Monate. Marewna. Larionow. Gondiarowa. Belova. Sontine. Daiiblet. Doesburg. Raynal. Zahn. Derain. Walterowua Zur = Mueklen. Jean Cocteau. Pierre AIbert Birot. Metsinger. Jean Charlot. Maurice Reynal. Pieux. F. T. Marinetti. G. P. Lucinni. Paolo Buzzi. A. Palazzeschi. Enrique Cavacchioli. Libero Altomare. Luciano Folgore. E. Cardile. G. Carrieri. F. Mansella Fontini. Auro d'Alba. Mario Betuda. Armando Mazza. M. Boccioni. C. D. Carrá. G. Severini. Balilla Pratella: Cangiullo. Corra. Mariano. Boccioni. Fessy. Setimelli. Carli. Ochsé. Linati. Tita Rosa. Saint-Point. Divoire. Martini. Moretti. Pirandello. Tozzi. Evola. Ardengo. Sarcinio. Tovolato. Daubler. Doesburg. Broglio. Utrillo. Fabri. Vatrignat. Liege. Norah Borges. Savory. Gimmi. Van Gogh. Grunewald. Derain. Cauconnet. Boussingautl. Marquet. Gernez. Fobeen. Delaunay. Kurk. Schwitters. Heyniche. Klem. Zirner. Gino. Galli. Bottai. Cioccatto. George Bellows. Giorgio de Chirico. Modigliani. Cantarelli. Soficci. Carena. etcétera.



RETROPOST:

viernes, 13 de julio de 2007

A la busca de un final lírico y verde (40)

Un final acariciado por una mano blanquísima y sofisticada, con las uñas larguísimas y encendidas de verde, que mueve en un vaivén de adiós sus dedos definitivos y luminosos, en la intemperie de la entrada de una estación de tren.



Postpost: Recordemos también esta otra obra maestra: Mein Herr:

jueves, 12 de julio de 2007

"...el infinito es cierto, tan cierto como infinitos son los ruidos de los vecinos."

Enrique Vila-Matas
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P/P:

miércoles, 11 de julio de 2007

Ejercicios de estilo (Raymond de Queneau)

Relato

Una mañana a mediodía, junto al parque Monceau, en la plataforma trasera de un autobús casi completo de la línea S (en la actualidad el 84), observé a un personaje con el cuello bastante largo que llevaba un sombrero de fieltro rodeado de un cordón trenzado en lugar de cinta. Este individuo interpeló, de golpe y porrazo, a su vecino, pretendiendo que le pisoteaba adrede cada vez que subían o bajaban viajeros. Pero abandonó rápidamente la discusión para lanzarse sobre un sitio que había quedado libre.
Dos horas más tarde, volví a verlo delante de la estación de Saint-Lazare, conversando con un amigo que le aconsejaba disminuir el escote del abrigo haciéndose subir el botón superior por algún sastre competente.

Alguna explicación, con ejemplos.

El índice.

lunes, 9 de julio de 2007

A la busca de un final lírico (39)

En la muerte del Papa León

FUE EL PRIMER PONTÍFICE CAPTADO EN UN FILM E ILUMINADO POR PRIMERA VEZ CON LUZ ELÉCTRICA

(De nuestro enviado especial)
ABC, 25 de julio 1903

Al caer la noche del jueves, las calles adyacentes a San Pedro se convierten en un albergue a la intemperie. El cansancio empieza a hacer mella en los peregrinos; muchos de ellos han hecho colas de diez, quince y hasta veinte horas para alcanzar a vislumbrar, apenas durante unos segundos, al Papa yacente, después de un viaje de otras tantas diez, quince y hasta veinte horas. O de días. La noche que ya se echa encima se ha tornado desapacible; un viento todavía tímido culebrea a ras de suelo. En el Ponte Sant’Angelo, las divisiones del Papa vivaquean y extienden sus sacos para dormir; sobre los pretiles, cientos, acaso miles de lámparas votivas prenden su luz diminuta y apenas bisbiseada para conjurar el reino de las sombras. Diríase que las aguas del Tíber jamás hubiesen leído a Heráclito; tal vez sea la llama de las velas la que actúa sobre ellas como un conjuro, deteniendo su curso. El Castel Sant’Angelo se recorta sobre los estertores del ocaso, como un mamut que durmiese panza arriba, mostrando su boca desdentada; a sus pies, acampan los scouts polacos: su uniforme verde oliva, sobre el fondo almenado del castillo, otorga a la estampa un aura levemente marcial. En los corros de jóvenes ha empezado a brotar un murmullo unánime: rezan el rosario en un babel de lenguas, como en una celebración renovada de Pentecostés. Otros oran con canciones que traen en sus estrofas esa jubilosa abnegación de las razas nómadas.

El padre Andrzej, párroco en la Wadowice polaca, se pasea entre los grupos, repartiendo botellas de agua y también mantas que ayudarán a sus feligreses a combatir el frío; aunque, como él mismo me asegura, el alma polaca no requiere de abrigos para irradiar calidez. El padre Andrzej, además de cura es pintor; él mismo se ha encargado de decorar las paredes de su templo, allá a orillas del río Skawa; encarna el modelo del Wawro, una especie de híbrido entre filósofo, artista y campesino cuyas obras primitivas —me enseña algunos de sus dibujos: afligidas figuras de Cristo, Vírgenes de belleza despeinada y apenas núbil— aspiran a interpretar el espíritu popular. El padre Andrzej es jocundo y rechoncho, con una sotabarba rubiasca que se extiende sobre su papada como un bosque calcinado; mientras paseamos por la ribera del Tíber, introduce en su conversación risotadas que desvelan a las estatuas del Palazzo di Giustizia y las hacen tambalearse sobre sus pedestales. «León también era un Wawro —afirma—: él supo mejor que nadie fundir la piedad del pueblo llano con una cultura elevada». Quizá en esta frase se resuma mejor que en un mamotreto de mil páginas la personalidad contagiosa del titán que mañana será enterrado.

Aunque los italianos imponen su mayoría apabullante, tampoco faltan españoles entre la multitud desvelada. Como Mario e Iñaqui, un par de chavales de Murcia, un poco franciscanos, que decidieron poner a prueba su paciencia y a salvo su bolsillo, coronando una hazaña que concluyó apenas unas horas antes: cuando supieron que había muerto el Papa, decidieron que llegarían a Roma andando y viviendo de la caridad, para demostrarse que aún quedaban hombres de buena voluntad por los caminos de Europa; han tenido que pelar frío en las cunetas y compartir el condumio con cocheros: pero el frío les ha aquilatado la fe y las noches al raso les han permitido contar la descendencia de Abraham y, por si fuera poco, consiguieron que un cochero abriera un hueco entre su abrumador collage sicalíptico para colocar una estampa del Papa.

Cuando los dejó en la frontera francesa, el cochero, que hasta entonces les había parecido un hombre hosco, o al menos lacónico, les pidió que rezaran juntos un padrenuestro. «Nos confesó que hacía quince años que no rezaba, que había perdido la fe el día que un hermano suyo murió de sífilis—recuerda Mario—, pero que oyéndonos hablar había sentido como si una compuerta que permanecía cerrada dentro de él se hubiese por fin abierto». En lugar de despedirse con el consabido apretón de manos se fundieron los tres en un abrazo; el cochero les pidió que rezaran con él, para que recuperase la fe y también para que algún día volviese a encontrarse con su hermano en el cielo.

Mario e Iñaqui comparten conmigo una rebanada untada en una pringue no demasiado católica; ambos desprenden un olor como de tigre somnoliento, pero hasta los efluvios de ese hedor tienen un no sé qué honrado y fraterno en esta hora en la que el frío se empieza a inmiscuir en la carne.
Navego la noche con estos peregrinos que, de haber acompañado al Galileo a Getsemaní, no se hubiesen mostrado tan remolones como los Apóstoles. Cuando regreso al hotel, en las estribaciones del amanecer, tengo que hacerlo salvando sus cuerpos tendidos. Los soldados ya se han apostado en las calles que conducen al Vaticano, para encauzar el deambular de los peregrinos; las legañas les brillan en los párpados como migajas de ámbar, y la barba les crece insomne, como soliviantada por la alteración de los horarios.

Unas horas más tarde, cuando la misa de exequias fúnebres dé comienzo, tendrán que espantarse las últimas hilachas del sueño y vociferar hasta desgañitarse para que sus órdenes no queden apabulladas por ese río humano que pugna por romper las esclusas y desembocar en la inaccesible Plaza de San Pedro. La multitud atisba la llegada de los gerifaltes que ostentan, en régimen de minifundio, el poder terrenal; todos ellos tienen un no sé de chisgarabises o chiquilicuatros, comparados con el hombre cuya muerte han venido honrar, siquiera de boquilla. “¡Santo!” es el grito más repetido en las dos horas largas que dura la ceremonia: al principio restalla como un disparo seco, proferido por francotiradores dispersos que aprovechan las pausas que el cardenal Giuseppe Melchiorre introduce en su homilía; pero antes de la bendición final, el grito se hace salmodia, se hace letanía, se hace marea insistente: «¡Santo! ¡Santo! ¡Santo!». Las columnatas que flanquean en semicírculo la Plaza de San Pedro actúan como frontón de ese grito que junta en un mismo haz cientos de miles de gargantas; sobre el ataúd que encierra el cadáver del Papa, el viento remueve las hojas del Evangelio, buscando alguna cita que legitime esta petición unánime. El viento es un teólogo urgente que agiliza las causas de canonización, un hábil relator que traspapela trámites engorrosos y superfluos. «¡Santo! ¡Santo! ¡Santo!», corea la multitud; el eco de esa palabra rebota sobre la fachada de la basílica, hace ondear el cortinón de terciopelo grana que desciende desde el dintel de la Puerta Filarete, parece incluso que impulsa el tañido de las campanas. «¡Santo! ¡Santo! ¡Santo!».

Cuando la misa concluye, algunos peregrinos se derrumban sobre los adoquines de la Plaza, exhaustos o quizá tan sólo traspasados por el rayo de la Historia, que en estos días en que se detuvieron los relojes y el curso de la sangre en las venas los ha elegido como protagonistas. A medida que se desaloja la plaza, Roma adquiere un aspecto expoliado, como de salón de baile del que hubiesen desertado los invitados, dejando al anfitrión la tarea menos gratificante de la limpieza. Los basureros empiezan a cumplir su función, puntuales e impávidos. Uno de esas brigadas echa cubos de agua sobre las aceras, lava la mugre que se ha ido sedimentando sobre los adoquines en estos días de trasiego; a su paso, la gente se retira despavorida, salvo una muchacha que permanece de rodillas, enarbolando una bandera. Cuando ya parece que nada pueda librarla del remojón, el basurero avanza unos pocos metros y la perdona del agua. Un aplauso recompensa su gesto. El viento despechado remueve y desencuaderna las hojas de los periódicos atrasados, que ascienden al cielo como pájaros ateridos. Por la ventanilla del coche, las veo bailar en el aire, zarandeadas por el golpe de una y otra ráfaga: en todas ellas, vislumbro la efigie de León rumbo al cielo de las mitologías.

domingo, 8 de julio de 2007

ocho nihilidades que empochecían al señor nichodades

Me invita mi amiga Sweet Rain a participar en un juego. Como soy un tramposo, sólo voy a jugar en la parte que dice que hable del señor N. (que es fascinante, perdón, quería decir abracadabrante). Ocho cosas (perdón otra vez, la autocita es síntoma consuetudinario de mala educación, de un yo insatisfecho, pero ambiciosillo, vamos, es una práctica digamos que asquerosilla. Pero, entonces, el hipervínculo sólo sería bien visto en su versión de heterovínculo, nunca en la de onanovínculo. No sé, a veces me gusta hipervincularme incluso, debe de ser que estoy muy malamente educado. Lo consuetudinario no caló en mí) debo decir cerca del señor N.

Pero este hombre me dejó hecho este post, sólo tuve/tube/you que entrebuscar en sus papeles.

Pues con la lacónica sinceridad propia de un consuetudinario padre de familia, el citado señor dejó escrito a lápiz en una libreta fatigada por el tiempo lo siguiente, que transcribo:

1. Me gusta la fiesta de los toros. De ahí, quizá, mi atracción por la carne de vaca, mi comida preferida, sin duda (después de las navaleiras). Los toros de Veragua me fascinan.
También me gustan los tigres ("la peligrosa simetría del tigre"), los gusanos de seda y las águilas.
Y las arañas.
El caballo y la rana (si alguien chupa la piel de un sapo vivo, vivirá alucinaciones: la piel del sapo produce alucinógenos).
2. Me gusta el fútbol. Y el baloncesto. Y el atletismo, la natación, el alpinismo (nunca he hecho alpinismo), la gimnasia artística, el balonmano y el voleibol.
Y el ping pong.
3. Estoy sumergido la mayor parte del tiempo en un estado de alucinante vagancia. No obstante, me suceden repentinos ataques de alucinante hiperactividad.
4. En política me defino como republicano, opción que quizá tenga la pega de ser un poco elitista. (Espero no confundir elitista con minoritario. De todas formas, es minoritario).
5. No soy abstemio, ni vegetariano (ya se dijo), ni abstencionista, ni tradicionalista. Pero soy un vago admirador de ciertas tradiciones.
6. Adoro las esfericidades femeninas en todas sus manifestaciones.
7. Prefiero la literatura a todas las demás artes: es algo que no puedo evitar. Una catedral, una cantata o un cuadro pueden dejarme anonadado, pero luego me pongo a leer a Valle-Inclán y todo eso como que me parece insuficiente.
8. O sea, que soy miope.


jueves, 5 de julio de 2007

A la busca de un final lírico (38)

La recopilación que sigue la copié hace años, pero no recuerdo exactamente el lugar, ni quién es el autor. Lo siento, porque es un gran trabajo.

Poetas suicidas

Citaremos al personaje y las características de su suicidio, y lo ilustraremos con un texto suyo en el que lo hubiera anticipado o previsto. Lo haremos de modo cronológico, y referido sólo a la época moderna, pues aunque ha habido suicidios de poetas famosos en todas las épocas, los datos de los más antiguos son difícilmente contrastables. Nos ayudaremos de las obras de L.F. Comendador, E. González, E. Tijeras y de los textos de los propios poetas suicidas).

Los protagonistas:

Se cree que la primera poeta, Safo, se suicidó arrojándose al mar, pero no lo sabemos con seguridad. Muchos otros habrán cometido suicidio, pero no son conocidos o no dejaron obra publicada, o simplemente no hemos podido acceder a sus historias personales, por lo que no han sido incluidos en este estudio.

1. Thomas Chartterton se envenenó con arsénico en una buhardilla de Londres el 25 de agosto de 1770: Existir es no estar / pero que alguien te nombre...

2. Karoline Günderode se clava un cuchillo en el corazón y se lanza al Rhin el 26 de julio de 1806: Derrota a tu naufragio y olvida ya esta nave que ni pecio será con unos años.

3. Heinrich von Kleist se dispara un tiro en la boca después de disparar sobre su compañera Henriette el 21 de noviembre de 1811, junto al lago Wannsee: Sonríe mientras el arma apunta / tus últimas ideas en su pólvora...Y espérame un minuto antes de irte.

4. Charlotte Stieglitz (1834), joven sensible cultivadora de las bellas artes, se clavó un puñal en el pecho, el 18 de diciembre, para no estorbar la creatividad de su esposo, el poeta melancólico Heinrich Stieglitz: Juntos padecimos una pena… Te irá mejor ahora… Nos volveremos a encontrar, más libres… Saluda a todos los que amé… Hasta siempre jamás, tu Charlotte.

5. Thomas Lowel Beddoes, después de haber perdido una pierna en un intento de suicidio previo, muere por ingestión de veneno el 26 de enero de 1849 en Basilea: Y si el tiempo final se demorase / Liba este amargo arsénico que te pongo en el vaso.

6. Gérard de Nerval aparece muerto en la nieve de París el 26 de enero de 1855: Ahorcarse con el sombrero puesto / es burlar a la muerte de dos formas... / lo mismo un día de estos / le hago un quiebro.

7. Antero de Quental muere de dos disparos. Su mano apretó el gatillo en Punta Delgada el 11 de septiembre de 1891: ¿Cómo querrá la muerte mi alma / si está muerta?/ ¿No es el alma el botín?.../ ¡si yo no tengo!.

8. José Asunción Silva se dispara un tiro en el pecho sobre el que hizo dibujar un corazón a su médico el 14 de mayo de 1896 en Bogotá: No soy buen tirador / usted me entiende.

9. Ángel Ganivet se lanza dos veces al río Duina; la primera lo sacan del agua. En Riga el 29 de noviembre de 1898: No la horca, el arsénico ni el tiro / jamás la bala... nunca el aparejo / prefiero un trago amargo e infinito.

10. Wolf von Kalckreuth se dispara una bala en la sien junto a su cama. En Cannstadt, el 9 de octubre de 1906: A cambio de la herida de tu sien / recibe esta elegía / que me pondrá el laurel de tu epitafio.

11. Periclís Yanópulos monta un caballo a galope hacia el mar, y cuando ya no puede avanzar más se dispara un tiro con su revolver. En las cercanías de Eleusis el 10 de abril de 1910: Es Itaca / y no duele.

12. Peiu Yavórov ingiere veneno y se pega un tiro en la cabeza. En Sofía, el 16 de octubre de 1914: Ya no puedo arder más en esta llama / Nada puede volver /¿Qué hacer entonces?.

13. Georg Trakl se administra una dosis de cocaína que le produce la muerte. En Grdek, el 3 de noviembre de 1914: No he vivido, y lo sé.../ Tan sólo he muerto.

14. Mario de Sá Carneiro toma estricnina en París, el 26 de abril de 1916: Pero el cuerpo que posa, el que me mira / El que envejece al lado de mis cosas... / Ese tipo no es yo, no le conozco.

15. Arthur Cravan desaparece una noche en la Bahía de México, el año 1919: ...Y un barco con el que hundirte / en la bahía de Méjico / mientras el mar se pierde en el mar.

16. Sergei Esenin se ahorca en el hotel Angleterre después de escribir unos versos con su sangre. En Leningrado, el 28 de diciembre de 1925: Otra vez el espejo... / ¿Para qué quiero conciencia?.

17. Paco López Merino se dispara un tiro en la sien en el retrete de un café de la ciudad de La Plata, el 22 de mayo de 1928: Esta hora es perfecta / para el último hálito.

18. Costas Cariotakis intenta ahogarse en el Mediterráneo, y, al no conseguirlo, se ducha y se arregla para dispararse un tiro en el corazón bajo un eucaliptus. En Prévesa el 21 de julio de 1928: ¿Cómo será la nada del abismo? / ¿Cómo será la muerte?.

19. Jacques Rigaut funda la “Agencia General del Suicidio”, y se dispara un tiro en el corazón, en París, el 5 de noviembre de 1929: La autodestrucción como acto de fe... / Como negocio, en fin, seguro y cierto./ Se admiten asociados... / O accionistas solventes sin escrúpulos.

20. Vladimir Maiakovski se dispara un tiro en Moscú el 14 de abril de 1930: Muero de libertad / mientras el mundo es un incendio.

21. Ramos Sucre muere tras cuarto días de agonía por haber ingerido barbitúricos el día que cumple cuarenta años. En Ginebra el 13 de junio de 1930: ...y esta soledad única, indescifrable y nítida de segundos eternos / que reclama descanso, aunque sea final.

22. Florbela Espanca muere por una sobredosis de veronal en Matozinhos, el 8 de diciembre de 1930: Morir no es fácil, no / pero es lo más correcto.

23. Vachel Lindsay ingiere un desinfectante doméstico en Soringfield el 5 de diciembre de 1931: ¿No hay ni siquiera un veneno accesible que llevarme a la boca?.

24. Hart Crane se arroja al Atlántico desde la cubierta del buque Orizaba en el Golfo de Mexico, el 27 de abril de 1932: En la borda, el sabor a salitre / me llama a ser océano. / Valoro la distancia / y alzo el vuelo.

25. Sara Teasdale ingiere una sobredosis de barbitúricos y muere en Nueva York el 29 de enero de 1932: Mis piernas no responden, / y no he amado aún... / Tan sólo fuí palabras en un mundo de gestos.

26. Raymond Roussel es encontrado muerto en un hotel de Palermo el 14 de julio de 1933: Cerciórese sin miedo de que ya no respiro... / Y, luego, entréguele esta carta a mi albacea./ Le nombro mi heredero, como ve. / Y olvídeme después / igual que lo ha hecho el mundo.

27. René Crevel abre la espita del gas y se deja morir en París el 18 de junio de 1935: ...y esta llave de gas que contiene la muerte / en sólo un giro…

28. Attila József se tira al tren en las cercanías de Balatonszárszó el 3 de diciembre de 1937: Y no lloréis por mi./ Sólo pago mi deuda.

29. Leopoldo Lugones quema sus libros y muere por ingestión de cicuta en la Isla del Tigre el 18 de febrero de 1938: Purifícate en la llama naranja / y hazte ceniza en el rito de Stromboli. / ¡Que bien ardes!, amigo.

30. Alfonsina Storni se interna despacio en las aguas del Atlántico en Mar del Plata el 25 de octubre de 1938: ...mirándome sin vista, / recordando desnuda / el hecho doloroso que nos muerde.

31. Antonia Pozzi ingiere una sobredosis de fármacos en su casa de Milán el 3 de diciembre de 1938: Una mujer en prosa soy ya... / Se acabó el rito.

32. Marina Tsvetaeva se ahorca en Elábuga el 31 de agosto de 1941: En el Este también la soledad lo es todo.

33. Cesare Pavese ingiere dieciséis envases de somnífero y muere en Turín el 27 de agosto de 1950: Sólo pide la muerte / urgente y necesaria / para dejar de ser / la peste de si mismo.

34. Tor Jonsson se ahorca en Oslo el 14 de enero de 1951: ¿Para qué escribir más / de todo lo que existe / si los ojos conforman / siempre un mejor poema?.

35. Jean Pierre Duprey fue hallado sin vida en su taller de París el 2 de octubre de 1959: Así quise ser yo, así./ Y orinarme en los símbolos del mundo.

36. Carlos Obregón ingiere una sobredosis de barbitúricos en Madrid, el 1 de enero de 1963: ...se averigua un sonido de sirenas / que ya no señalan la herida, / no la cantan, / porque la muerte es todo.

37. Sylvia Plath abre la llave del gas y mete la cabeza en el horno. En Londrés el 11 de febrero de 1963: Hoy quiero hablar contigo / hasta que llegue el alba / y se hagan memoria mis palabras.

38. Tomás González, el día de su vigesimosexto cumpleaños (Diciembre de 1966), tras regalarle a su madre flores y un poema, abrió la ventana y se arrojo al vacío: Madre, también yo quisiera ser mujer. / …para sentir en mi interior / la necedad terrible de haber traído al mundo a esta bestia maldita, / y perdonarte, madre.

39. Violeta Parra, cantora, compositora, pintora, poeta, hija y hermana de poetas… muere el 5 de febrero de 1967, en Carpa de la Reina, a los cincuenta años: Gracias a la vida / que me ha dado tanto…

40. José Mª Arguedas se dispara un tiro en Lima el 2 de diciembre de 1969: No convienen los versos / que nos muestran las vísceras azuleando al sol.

41. Paul Celan se arroja a las aguas del Sena a su paso por París el 30 de abril de 1970: No sirve de nada ya que no sea / morir ahogado en la clepsidra./ Quizás el Sena.

42. John Berryman salta desde un puente a las aguas del Misissippi en Mineapolis el 7 de enero de 1972: Yo he visto a los hombres / caminar fuera de sí / no siendo hombres,/ pero sombras tampoco.

43. Gabriel Ferrater toma barbitúricos y se ata una bolsa de plástico en la cabeza, en Sant Cugat, el 27 de abril de 1972: Te vas a trompicones / amputándome. / Te me ajas sin más.../ y yo mirando.

44. Alejandra Pizarnik muere por una sobredosis de barbitúricos en Buenos Aires el 25 de septiembre de 1972: Podad mi cuerpo cada primavera, / y que crezcan con fuerzas renovadas, / en su tumba, mis esquejes.

45. Jon Mirande, la noche de Navidad de 1972, ingiere una sobredosis de barbitúricos en París: Morir matando / no puede ser suicidio.

46. Alfonso Costafreda es hallado sin vida en el pasillo de su casa en Ginebra, el 4 de abril de 1974: Los latidos contados / de mi corazón se desbocan / buscando el cero.

47. Jaime Torres Bodet asolado por el cáncer, pone fin a su vida con un disparo. En México, el 13 de mayo de 1974: Un algo celular me crece adentro / que me hace pensar / más en mi mismo.

48. Anne Sexton enciende el motor del coche en el garaje y muere por inhalación de anhídrido carbónico. En Weston, el 4 de octubre de 1974: ...y un poco de este anhídrido carbónico / que bien dosificado te hace dormir tranquila para no despertar de nuevo / al tedio de los días.

49. Héctor Murena muere rodeado de cajas de vino en el cuarto de baño de su casa de Buenos Aires, el 5 de mayo de 1975: Déjate al aspaviento de sus órbitas / abandona tu piel a su mandato.

50. Jens Bjorneboe anuncia su suicidio en un programa de televisión y muere luego ahorcado en Veierland el 9 de mayo de 1976: Suspenderse un instante y dormir. / Dejar de ser el cadáver diario / y ser el muerto.

51. Luis Hernández se deja atropellar por el metro de Buenos Aires, el 3 de octubre de 1977: Matar a Dios / quizás sea el mejor de los suicidios.

52. Justo Alejo se suscribe a la revista Clarín y se arroja al vacío desde el edificio del Ministerio del Aire en Madrid, el 11 de enero de 1979: Sólo una cosa quiero / antes de ver el fín:/ y es recibir Clarín / en mi tumba espartana...

53. Alexis Traianós conecta una manguera desde el tubo de escape al interior de su automóvil y fallece por asfixia. En Capandriti, el 7 de mayo de 1980: Todos los muertos soy yo./ Todos.

54. Enrico Freire, murió en Granada, el 14 de octubre de 1980. Dejó abierto el gas y encendió la vela que siempre usaba para “inspirarse” y escribir su último poema, titulado “explosión”: Antes del grito, tardo 44 años, 3 meses y un día en encontrar la salida.

55. Severino Tormes, estrelló su coche contra un árbol camino de Tordesillas, el 15 de noviembre de 1980: 15 de noviembre: Tengo la sensación de haber vivido absolutamente en vano. ¿De qué me han servido los libros, la música, el amor, la poesía?. Una amarga carcajada contra un árbol y otra eterna en el infierno.

56. Paula Sinos (Baracaldo 1950-Portugalete 1981): El maquinista del trén dijo: “Vi un bulto a lo lejos… creí que era un perro… Frené pero era tarde… jamás olvidaré su rostro…”: Siempre puedes pensar que fue el trén / el que se arrojó a ti.

57. Fabrice Graveraux se corta las venas delante de sus amigos en Viareggio, el 8 de enero de 1982: En la lente el disparo, / en la vena el cuchillo. / Es la fiebre. / Es París.

58. León Artigas, el 14 de febrero de 1984, se introdujo el cañón de una pistola entre los diente y disparó. Sucedió en Badajoz: Imploraré tan sólo un destello / cegador de lucidez / para devolverle a Dios / un cadáver de lujo.

59. Beppe Salvia se lanza al vacío desde su casa de Roma, en marzo de 1985: ¿De que sirve perdurar con parámetros / de supervivencia, intentando pasar cada día sin saltar al vacío,...? / Mira los ojos de tu hija / y despídete con un beso.

60. José A. Acillona, murió desangrado en el psiquiátrico de Oña, en mayo de 1990, tras rebanarse el cuello con una lata de conservas: Hace mucho tiempo que te espero. Tú eres mi salvador. Tú eres el justiciero que me volará la nuca. ¡Dispara ya, cabrón!.

61. Alina Reyes se embarcó para siempre en la nave-bañera de un hotel con las venas cortadas, el 14 de noviembre de 1991, en Madrid: “Qué extraño… La luz está aparada y sin embargo juraría que la acabo de encender. Por lo menos, mañana la doncella no tendrá que hacer la cama”.

62. José Ignacio Fuentes, murió colgado de su cinturón en la cárcel de Basauri, el 14 de octubre de 1991, dos años después de degollar a su esposa: No tengo más que hacer que fumar hasta la muerte. / Yo fumo y sueño. / Quién sabe si algún día veré un río / o la garra piadosa de una soga.

63. Nicolás Arnero (Segovia, 1950) se ahorcó el 20 de enero de 1991 dejando subrayada una frase en un libro de Pavese: “Basta de palabras. Un gesto. No escribiré más.”: Intuyo la cobarde humillación / de substraerme al suicidio.

64. Víctor Ramos, falleció desangrado por autocastración en la cárcel de Nanclares de Oca, el 10 de octubre de 1995: De queroseno puro, / antes de que florezca la rareza, / rociar la realidad.

65. Wenceslao Rodriguez, Madrid 1970, Sevilla 1997, colgado de una viga de la pensión El Guaraní: …a la luz de un flexo en el desván, / introdujo entre sus labios el cañón de una pistola / e imaginó el fragor de una sonrisa / ante los pies descalzos de la soledad.

66. Marithelma Nostra, Brasil, murió por una sobredosis barbitúricos en un hotel de Madrid (1999.): ¿Sabes?... He observado que hay personas que recurren a un segundo lenguaje para expresar lo que verdaderamente sienten. (…) Estas personas casi nunca saben lo que quieren, casi nunca saben lo que esperan y casi siempre se suicidan.

67. José Agustín Goytisolo se suicidó el 19 de marzo de 1999 arrojándose al vacío desde el balcón de su casa: …una tristísima ceniza / que caía y caía sobre la tierra, / y sigue cayendo en mi memoria, / en mi pecho, / en las hojas del papel en que escribo.

miércoles, 4 de julio de 2007

AGUJERO DE GUSANO

¿Existen otros universos y una manera de pasar de este a ellos?

G. G.: Existe, dentro de la Teoría de la Relatividad, algo que permite pasar de un mundo a otro. Hay algo que se llama “Agujero de gusano”, que es básicamente la extrapolación del concepto de “túnel”, pero en el espacio-tiempo. Es el único concepto que yo recuerdo, homologado entre los físicos teóricos, que tiene que ver con un viaje en el tiempo a través del pasaje de un mundo a otro. En realidad no es pasar de un mundo a otro, sino pasar entre regiones desconectadas dentro de un mismo mundo. En este sentido, en física hay que discriminar entre lo que es muy especulativo y lo que es sorprendente. Los agujeros negros son sorprendentes, pero a 600 años luz de acá hay uno, mientras que a los agujeros de gusano la física los permite, pero para que ocurran tienen que pasar cosas muy sorprendentes. Por ejemplo, tendría que haber densidad de energía negativa. Es algo muy especulativo.

Más.

lunes, 2 de julio de 2007

A la busca de un final lírico (37)

Una noche de hace muchos años, un guerrero retirado se imaginó que, cuando al día siguiente le diera un infarto mientras estuviera haciéndose el muerto en el mar -estaría mirando el brillo hiriente del mediodía sobre la totalidad del azul-, recordaría que una vez había leído esta frase:

"Sin ojos, quizás ya sin ojos, pero seguiremos viendo en la muerte como vemos en los sueños."