domingo, 30 de septiembre de 2007

tarde de domingo en septiembre

iluminada
de arañas de tedio,
desharrapada,
(desangelada)

ala de urgencia,
amarillecida luz,
bana melena,

por los traspatios
de la hora sucede
la tarde roja,

tarde ya blanca,
esqueletura gótica,
tras/luz del infierno

viernes, 28 de septiembre de 2007

jueves, 27 de septiembre de 2007

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Rayo láser o motosierra ¿qué prefiere?

video

David Corpperfield también sabe hacerlo: aquí.

martes, 25 de septiembre de 2007

9 de agosto de 2067

El polvo. El polvo cae sobre las cosas con una paciencia similar a la de la nieve en los países donde nieva todo el rato, que no sé si existen. El polvo cae sobre las cosas con una paciencia similar a la de la lluvia en los países en los que llueve con una paciencia infinita. El polvo cae sobre las cosas con una paciencia similar a la del calor/frío en los países en los que ni llueve ni nieva, pero en los que el calor/frío caen con una paciencia infinita. No lo vemos, pero quizá estamos cubiertos por un océano de invisible intranscendencia. Nos cubre una finísima capa de polvo por las mañanas, cuando nos despertamos. Una esquiva, pero pegajosa, y levísima nieve de tedio y plateresco, insonora, se deposita con su veterana lentitud sobre nuestros hombros, durante el día. Nieva tiempo sobre nosotros también mientras dormimos, ya se dijo. Desde que me di cuenta de este fenómeno obvio (soy muy lento, siempre llego tarde, cuando ya se ha ido todo el mundo, siempre voy el último), cada mañana, maniáticamente, me paso el dedo por algún lado, un brazo, la cara, el barrigón. Luego me miro el dedo para comprobar si tiene restos, restos de tiempo, restos de nieve.

domingo, 23 de septiembre de 2007

He leído bastante a don Julián y a Javier, Marías, respectivamente, y para mí el principal manantial del que bebe el segundo brota de los terrenos del primero (es una posible encarnación de aquella frase célebre de Paul Valéry: "La sintaxis es una facultad del alma"), en la prosa, la argumentación, el fraseo, el esfuerzo por ir un poco más allá. Espero ansioso -me gusta estar ansioso- la última parte de "Tu rostro mañana", que aparecerá el día 24 (también me gusta la serie "24", coño), lunes. ¿Cómo será tu/mi rostro mañana? Aura, en su post "Je Suis Désolé", hablando de otra/(la misma) cosa, parece que nos sintetiza en un párrafo la idea de por dónde va el asunto:

"No lo sé. Sé que la persona en quien confías cada día al despertar de repente puede ser hostil, puede ser un extraño, puede desaparecer. Y eso me aterroriza. La volubilidad. La facilidad con que los grandes sentimientos se volatilizan en aras de la conveniencia."

Primer manifiesto del movimiento infrarrealista, por Roberto Bolaño

Aquí.

"Pepito Tequila besa los pezones fosforescentes de Lisa Underground y la ve alejarse por una playa en donde brotan pirámides negras."

"Convulsivamente."

" Prueben a dejarlo todo diariamente."

"El riesgo siempre está en otra parte. El verdadero poeta es el que siempre está abandonándose. Nunca demasiado tiempo en un mismo lugar, como los guerrilleros, como los ovnis, como los ojos blancos de los prisioneros a cadena perpetua. "

Pre/post.

sábado, 22 de septiembre de 2007

A la busca de un final lírico (49)

Todo esto tiene una consecuencia final. He insistido varias veces en que la teoría de la vida humana, así entendida, no es una propedéutica de la metafísica, no es su preparación, sino que es la metafísica. Como la filo­sofía tiene estructura sistemática y por tanto circular, no será inoportuno renovar y reforzar la evidencia que esta tesis debió tener páginas antes con la que vierte sobre ella la visión desde otro círculo concéntrico. La teoría de la vida humana, en efecto, estudia la estructura del vivir, más inmediatamente de mi vivir, y por necesidad intrínseca, pero secundaria, de la vida humana "en ge­neral". Empieza, pues, en cierto sentido, conmigo; ha­bla de cosas que me pasan, del yo, la circunstancia, el hacer, la inseguridad y la certeza, el naufragio, el tiempo y la historia, la autenticidad, los temples vitales, el en­simismamiento o la alteración, las creencias y las ideas, tal vez de la angustia y hasta, si se quiere, de la náusea y el asco, o acaso también de la felicidad. Pero si la teoría de la vida humana se toma en serio a sí misma, es decir, si se compromete a ser teoría —no mera des­cripción—, esto es, a dar razón de su tema, y si éste es la vida humana en su mismidad, no simples vivencias o contenidos parciales suyos, entonces se ve obligada a afrontar el problema decisivo de su estructura, de la di­námica polaridad entre un yo o quién y una circunstan­cia que con ese yo abstracto constituye el yo real y con­creto que soy yo como efectiva realidad viviente. Y con ello tiene que hacerse cuestión de los diversos planos de la perspectiva, de la articulación efectiva de ellos al vi­vir, de la corporeidad que me constituye, del mundo en que estoy viviendo, del horizonte de ese mundo y de la orla de ultimidades que da unidad y figura a mi vida. Y con esto llegamos al punto decisivo: la teoría de la vida encuentra ese carácter suyo de complicación de toda realidad; y el dar razón de la vida requiere por tanto dar razón de esa dimensión suya en virtud de la cual "complica" todo lo que aparece como realidad. La investigación de esa estructura esencial del vivir que es la complicación exige, pues, el hacerse cuestión de toda realidad. Pero entiéndase bien: de toda realidad en cuanto complicada en mi vida. El estudio de las di­versas realidades corresponde a las ciencias que de ellas tratan; su consideración en tanto en cuanto aparecen complicadas en mi vida pertenece a la teoría de ésta, es decir, a la metafísica. Algo de esto entrevió la fenome­nología al decir que los objetos intencionales reaparecen salvados en la conciencia reducida, como términos de las vivencias o actos intencionales de la conciencia pura; pero la diferencia entre esta posición y la nuestra es esencial: aquí no se trata de intencionalidad ni de conciencia, sino de la vida efectiva y las relaciones de real complicación con otras realidades. Es decir, por ser la teoría de la vi­da humana ciencia de la realidad radical, es también ciencia de la radicación; y, por tanto, de las realidades radicadas, si bien sólo en tanto que radicadas. Lo cual significa que la metafísica —y con ello se cierra un ciclo abierto en Kant— se ve inexorablemente remitida a la trascendencia, no por ninguna decisión o conveniencia caprichosa, sino porque la trascendencia es la condición misma de la vida.

FINAL DEL LIBRO DE JULIÁN MARÍAS, "IDEA DE LA METAFÍSICA"

viernes, 21 de septiembre de 2007

8 de agosto de 2067

NO SÉ QUÉ HACER CONMIGO (¿qué fue antes: el beso o la piel de gallina?)

no sé si debo ir a Peñaranda de Bracamonte
sé que es una experiencia
que nunca jamás podría olvidar
no sé si debo mientras tanto
besarte en el cuello lánguido
y ponerte la piel de gallina soplo
quiero soplar electricidades
mojadas no sé si no debo ir a Peñaranda
de Bracamonte no sé
cuándo debo llevarte la contraria
ni cuándo debo cacarear el
kikirikí no me acuerdo cuánto debo
no sé qué debo hacer después de besarte
en el cuello porque si te digo que tu cuello
me supo a carne de gallina no sé
si me oirás aunque quizás entonces
entiendas por qué no sé qué hacer
conmigo pero no harás caso
no sé si debo seguir llevándote
la contraria a estas horas
de la madrugada ya no quiero ir
a Peñaranda ni quiero escribir
kikirikí mientras soplo globos
llenos de besos que nunca más lograrán
poner tu cuello de piel de gallina

jueves, 20 de septiembre de 2007

7 de agosto de 2067

Bebo cerveza con una gran perseverancia lírica. Es mediodía, el sol está en todo lo alto (estoy a la sombra), el azul brilla con el esplendor del oro recién lavado. La conversación es salada y tiene sonido de murmuración. La espuma de las olas es tan blanca como el vestido soñado de la bella. Llevo el viejo pelo canoso semihúmedo y semirrizado. Un silencio cenital lo envuelve todo.

(Sí, no oigo más que ruidos y sonidos, pero todo está en silencio.
Y todavía, creo, no me he muerto).

miércoles, 19 de septiembre de 2007

A la busca de un final lírico (48)

"Alguien, cuando pase el tiempo, / y encuentre mi calavera / el tiro que no me he dado / buscará en la sien entera. // Y en las cuencas de mis ojos / querrá adivinar tal vez / lo que vi... cuando veía / y que yo nunca miré. // A ese piadoso erudito / que busque el paso borrado / -¡un débil paso terreno!- / de la vida de un cansado / de sí mismo, quiero dar / esta confesión tardía / resuelta en un epitafio, / pues que puedo todavía. // Vino, venció. Fue vencido / en lo que quiso vencer. / Escribió, y en el tintero / dejó lo que quiso hacer / por hacer lo que quisieron. / Y se fue.."

(CÉSAR GONZÁLEZ RUANO)

martes, 18 de septiembre de 2007

Estábamos ya bastante borrachos. Entonces mi amigo me reveló su secreto, su gran amor por su aguacate.
- Mi vida, mi amor, es mi aguacate. Llevo seis años sin separarme de él. Es mi vida, es mi amor. Lo riego todos los días. Lo tengo puesto en el balcón. Los fines de semana, a eso de las seis de la mañana, cuando vuelvo a casa, orino copiosamente sobre mi aguacate. Me aguanto el pis mucho rato, sólo quiero complacer a mi aguacate. Lo sembré a lo tonto hace años, ya te digo, puse el hueso en un tiesto, y empezó a crecer. Ahora medirá un metro y medio por lo menos. Se me muere todos los años en invierno. Tienes que tener en cuenta que es una planta tropical. La primera vez me entristecí mucho. Pero resucita todas las primaveras. Una noche apareció la policía. Yo acababa de mear sobre mi aguacate, me había lavado los dientes y estaba con mi pijama de rallas. Me pusieron una multa de 300 euros. Tú crees que hay derecho. Se la pagué, eh, pero no me digas que no es una injusticia del copón. Fíjate que me he cambiado de casa seis o siete veces, y mi única compañía ha sido mi aguacate. Bueno, y mis libros. Ni muebles, ni novia, ni recuerdos, ni colchón, ni almohada, nada de nada.
Eran las seis de la mañana. Nos despedimos. Me imaginé a mi amigo regando su aguacate.

lunes, 17 de septiembre de 2007

6 de agosto de 2067

Sólo tengo uñas en los dedos pulgares. Los demás dedos de mis manos exhiben unos muñones intestinados. Siempre he tenido las manos así. Me dijeron que fueron guillotinados cuando era muy niño, todos de golpe. Unos enemigos de mi padre me utilizaron para presionarlo en no sé qué asunto. A partir de ahora, tendrás el tacto herido (de ausencia: mutilado, huido), me dijeron para consolarme. Cuando me hice mayor, no obstante, ligué mucho. A las mujeres que me sedujeron les gustaba el roce cicatrizado de mis dedos.

domingo, 16 de septiembre de 2007

El maestro clavador

Cuando llego
mis amigos lo dejan todo
y se precipitan
para verme clavar.
Mi martillo y yo
somos uno.
Sólo sé clavar clavos
en la miga de pan.
Pero cuando clavo clavos
en la miga de pan
clavo tan bien
que mis amigos lo olvidan todo
y se sienten literalmente transportados
transfigurados en azur puro.
Sólo lenta lentamente
reaparecen
para volver a ser
azul corriente
luego carne y hueso
cuando dejo de clavar mis clavos
en la miga de pan.

DE JEAN ARP

sábado, 15 de septiembre de 2007

richardestesmanía

Reuters

"Yo no sé si es culpable o inocente, pero no me gustaría que fuera mi madre".
Gonçalo Amaral, policía encargado de la investigación.

O aquí.

...............

viernes, 14 de septiembre de 2007

5 de agosto de 2067

El despojo. La fosa. La atmósfera irritada. Todo ha quedado salpicado de lluvia de barro. Un anuncio de metal mal sujetado estará por toda la eternidad balanceándose al ritmo del viento y golpeando una barra de hierro que tiene cerca, a su espalda. Una silla blanca de plástico se ha caído a la piscina, parece un iceberg, por decir algo. (Si lo hubiera sabido, lo de este temporal brutal, habría traído mi muñeca hinchable descolorida y la habría suicidado en esta piscina apocalíptica. Ya no la uso nada, me tengo que comprar una nueva, una a la que no se le caigan los colores). El abandono se ha señoreado del viento: ruge en su interior un olvido, una fatiga, una rabia, una desesperación, una caricia. El despojo se ha caído en su fosa. Una palabra silba su irritación contra una esquina. Hojas de árboles y una sombrilla se balancean en la piscina. El metal golpea al mental a golpe de irritación del aire. Una mujer sale al balcón a mirar las hojas de su mirada que se le han suicidado en la piscina. Dos bolsas blancas de plástico pasan volando como dos fantoches y la mujer las mira con su mirada barrida de hojas. Un señor graba con su cámara de vídeo el espectáculo: las hojas de la piscina, la fosa ocupada por el despojo, la silla naufragada, las bolsas a la deriva por el aire irritado. Por fin, cae la noche sobre la fosa, sobre la piscina, sobre la mirada sin hojas de la mujer del balcón. El ruido del metal contra el metal sigue, pero ya no lo oye nadie. Las gotas de barro en algún momento empezarán a secarse sobre la losa de aire oscuro que lo está ocupando todo.

jueves, 13 de septiembre de 2007

Graciosa, gentil, serena, humilde, dulce, suave, milagrosa, maravillosa

TAN GRACIOSA...

Tan graciosa y gentil se manifiesta
la amada mía si serena pasa
que las lenguas temblando quedan mudas
y que los ojos ni a mirar se atreven.

Ella se aleja, oyéndose alabada,
benignamente de humildad vestida,
y da la sensación de haber venido
desde el cielo, a manera de un milagro.

Muéstrase tan gracisosa a quien la mira
que, al verla, nos produce una dulzura
que no puede entender quien no la prueba.

Y parece que exhale de sus labios
un espíritu suave, de amor lleno,
que al alma va diciéndole: Suspira.

Alabanza de Beatriz

Lleva en sus ojos al amor sin duda
la que embellece todo lo que mira;
y tal respeto su presencia inspira,
que el corazón le tiembla al que saluda.

Dobla él la faz que de color se muda
y sus defectos al sentir suspira;
huyen ante ella la soberbia e ira;
¡oh bellas, dadme en su loor ayuda!

Toda dulzura, toda venturanza
nace el alma del que hablar la siente;
mas, si en sus labios la sonrisa brilla,

se muestran tal, que ni la lengua alcanza
nunca a decir, ni a comprender la mente
tan nueva e increíble maravilla.

por Dante Alighieri

miércoles, 12 de septiembre de 2007

martes, 11 de septiembre de 2007

A la busca de un final lírico (47)

AGONÍA


¿Por qué no se pueden redimir los pecadores con la propia agonía?

William Faulkner


Estaba en las últimas y como buen católico pensaba embolicar a Dios arrepintiéndose in extremis. Su infiel memoria le traicionaba y le ocultaba una buena acción que había hecho, cuando todavía era joven. Un tejido de maldades y vilezas le impedía recordar aquella acción lejana, de la que pensaba que dependía su salvación eterna y de la que sólo sabía que había una víctima y un perdón. Pero el resto se le perdía entre fantasmas acusadores y las premuras del tiempo que se echaba encima. Cerró los ojos para reavivar la precisión de los recuedos y todos creyeron que había muerto; pero él seguía luchando desesperadamente contra la amenaza del infierno, que ya había empezado.


Tomado de "Cuentos del lejano oeste" de Luciano G. Egido.

lunes, 10 de septiembre de 2007

4 de agosto de 2067

Me he levantado sin nada de resaca. Como un jabato. He desayunado fruta. He hecho gimnasia. He ido a la compra. He nadado. No he discutido con nadie. He puesto la mesa. He bebido vino de la Ribera del Duero como un descosido durante la comida. Luego, en vez de echarme la siesta, y levantarme una hora después con un humor de perros, me he puesto a leer como un descosido. He leído con una singular fluidez vitivinícola. Era la primera vez que experimentaba esta especie de fluidez. Las palabras que iba leyendo pasaron a una velocidad increíble por mi mirada mientras, es un suponer, la realidad flotaba y flotaba a su ritmo, a su bolerique. Después, como un auténtico jabato, ya digo, me fui a nadar otra vez, mogollón de largos que me hice en todos los estilos. Volví a mi casa y me afeité, la espuma del afeitado estaba toda llena de sangre, pero a mí me daba igual, y me duché. Cuando salí de la ducha ya casi no sangraba. (Las cortaduras fueron mínimas, me di alcohol 96 para desinfectarlo todo, aspiro a ser un tío epidérmicamente desinfectado). Me sequé y me vestí. Durante la noche tomé lo siguiente: un plato de sopa de cocido, una dorada a la parrilla, un chuletón de más de medio kilo de carne de vaca de la zona, patatas fritas y ensalada mixta de acompañamiento, media barra de pan, un litro y medio de cerveza, dos rajas de melón, una ración de tarta de whisky, un puro cohíba, cuatro cubatas de ron con cocacola (que no me gustan nada), media cajetilla de tabaco, dos tercios de cerveza, dos copas de aguardiente, un chocolate con una docena de churros, un vaso de leche con una aspirina, un vaso de agua, un litro de agua, una aspirina efervescente, un bocadillo de chorizo, otra aspirina. Finalmente, me fui a la cama y dormí como un lirón.

viernes, 7 de septiembre de 2007

A la busca de un final lírico (46)

─ Uno no lo desea, pero prefiere siempre que muera el que está a su lado, en una misión o en una batalla, en una escuadrilla aérea o bajo un bombardeo o en la trinchera cuando las había, en un asalto callejero o en el atraco a una tienda o en un secuestro de turistas, en un terremoto, una explosión, un atentado, un incendio, da lo mismo: el compañero, el hermano, el padre o incluso el hijo, aunque sea niño. Y también la amada, también la amada, antes que uno mismo. Todas esas ocasiones en las que alguien cubre con su cuerpo a otro, o se interpone en la trayectoria de una bala o de una puñalada, son excepciones extraordinarias y por eso se destacan, y la mayoría son ficticias, están en las novelas y en las películas. Las pocas que se dan en la vida son impulsos irreflexivos o dictados por un sentido del decoro aún muy fuerte y cada vez más raro, hay quienes no podrían soportar que su hijo o su amada se fueran al otro mundo con la idea última de que uno no impidió su muerte, no se sacrificó, no dio su vida por salvar la de ellos, como si se tuviera interiorizada una jerarquía de vivos que ya va quedándose anticuada y pálida, los niños merecen más vivir que las mujeres y las mujeres más que los hombres y éstos más que los ancianos, algo así, así era antes, y esa vieja caballerosidad pervive en algunas personas, cada vez en menos, en los de ese decoro tan absurdo si bien se mira, porque, ¿qué debería importar el pensamiento último, el despecho o la decepción fugaces de quien un instante después ya estará muerto, sin más capacidad de decepción ni despecho ni de pensamiento? Es verdad que aún hay unos pocos que tienen esa preocupación arraigada y a los que eso importa, y que por lo tanto actúan para el testigo a quien salvan, para quedar bien ante él o ella, y ser recordados con admiración y agradecimiento eternos; sin acordarse de veras en el decisivo momento, sin plena conciencia entonces, de que nunca disfrutarán esa admiración ni ese agradecimiento, porque serán ellos quienes un instante después ya se habrán muerto.

Principio de Tu rostro mañana 3. Veneno y sombra y adiós, de Javier Marías (a la venta el próximo 24 de septiembre)

jueves, 6 de septiembre de 2007

Qué bello era ser un mod



La arriesgada vida de un pene

Estamos a finales de septiembre, principios de octubre, por la época de la vendimia. Nos podemos fijar en unos niños de la antigua EGB (Educación General Básica, plan del 73 ó por ahí), que viven en un pueblo castellano de unos mil habitantes, con su iglesia antigua y panzona presidiéndolo todo. A veces tocan a muerto, otras repican para ir al rosario o a misa, en la plaza sestea algún jubilado, mujeres ajetreadas pasan cargadas con bolsas de la compra. Los niños van a la escuela con horario partido, de diez a una de la mañana y de tres a cinco de la tarde. Los libros, los lápices, los cuadernos, los llevan en una cartera flaca, de plástico malo, descolorida. De vez en cuando se ve a perros fornicando en las calles. Conviven, supongámoslo, niños de distintas edades, entre ocho y diez años. Algunos ya han tomado la primera comunión, otros son monaguillos, de los que tocan a muerto de vez en cuando con la campana de tocar a muerto,
ponggggg.............................pongggg...............................pongggg.

Llegan las cinco de la tarde y un grupo de esos niños, tres, cuatro, cinco, salen corriendo con gran urgencia, con su cartera cogida de la mano, todavía llevan pantalones cortos y alpargatas, corren dándose con los talones en el culo en dirección a las eras. En esas eras hay montañas de alpacas amarillas -brillan de amarillo porque les está dando de lleno el espléndido sol de la tarde- apiladas como si fueran cajas. Su altura es considerable, diez o quince metros. Los muchachos escalan una de esas montañas hasta que encuentran un lugar donde sentarse. Les está dando el sol. Se desabrochan la bragueta, sacan sus pichas infantiles y se hacen una pera, gallola o gayola, paja o gallarda. Cierran los ojos mientras tanto y cada uno piensa en lo que más le ponga ese día: en las piernas de la maestra nueva, en las bragas de la Conchi, o en la hermana mayor del que está al lado. Siempre hay alguno que no se concentra, a veces se oye a lo lejos el sonido de la campana tocando a muerto o avisando de que se acerca la hora del rosario. Rápidamente se vuelven a subir la cremallera del pantalón, bajan de la montaña de alpacas, uno de los niños saca un balón de no se sabe dónde, y se ponen a jugar al fútbol. Después se irán a sus casas a merendar un bocadillo de nocilla.

Postpost/traumático: quizá alguno de aquellos niños acabó haciendo esto.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

3 de agosto de 2067

Anoche, mientras orinaba antes de irme a dormir, me puse a mirar la luna.
(Poner una foto de la luna por la noche vista desde el ventanuco de mi cuarto de baño).

martes, 4 de septiembre de 2007

Mis 25 películas favoritas

Me invita Aura a que elabore una lista con mis 25 películas favoritas. Leo la suya y otras y me doy cuenta, como siempre, de todo lo que me queda por ver. Invito a los cinéfilos contrastados llamados Rain , Pez (y a Nacho, que anda por ahí), OjO, Ana y Juan Carlos (siempre que sea una dulce y ligera carga, que sea un juego, y además así puedo seguir comprobando que el número de películas buenas que no he visto es inmenso). Una posible lista caótica puede ser ésta:
1. Historia de un detective (Murder, My Sweet), de Edward Dmytryk ("Yo no veía nada, pero lo sentía en el estómago. Era como un sapo en una roca mojada. Sentía que alguna serpiente tenía la vista puesta en mí".)
2. The Killers (Forajidos, de Robert Siodmak, oh, Ava Gadner, y Código del Hampa, de Don Siegel, ésta con una Angie Dikinson inolvidable enfundada en un vestido amarillo)
3. Horizontes lejanos, de Anthony Mann
4. La doble vida de Verónica, de Krzysztof Kieslowski
5. Los sobornados, de Fritz Lang
6. Cabaret, de Bob Fosse
7. El Padrino, de Coppola (Ahora voy a empezar a ver Los Soprano, a ver que tal, tengo para todo el otoño. De todas formas, y en esto también coincido en el Pez, las series americanas de ahora, estilo 24 ó Prision Break, me gustan mucho)
8. Sed de mal, de Orson Wells
9. Perdición, de Billy Wilder
10. Ratatouille, de Brad Bird
11. Encadenados, de Alfred Hitchcock (¡qué besos!)
12. Barry Lyndon, de Stanley Kubrick
13. Fort Apache, de John Ford
14. El Expreso de Shangai, de Josef Von Sternberg (coincido con Aura)
15. Sólo los ángeles tienen alas, de Howard Hawks (también Río Bravo)
16. El guateque, de Blake Edwards
17. Atraco a las 3, de José María Forqué
18. Retorno al pasado, de Jacques Tournier
19. Media noche en el jardín del bien y del mal, de Clint Eastwood
20. Fuego en el cuerpo, de Lawrence Kasdan (oh, Kathleen Turner con 26 años)
21. El Gatopardo, de Luchino Visconti
22. La tentación vive arriba, de Billy Wilder, de nuevo (bueno, me gusta todo lo de este señor: Un, dos, tres, con la deliciosa señorita subida a la mesa de un bar de Berlín Oriental, bailando descalza con un maravilloso vestido de lunares)
23. Los timadores, de Stephen Frears
24. El tercer hombre, de Carol Reed
25. Fanny y Alexander, de Ingman Bergman

lunes, 3 de septiembre de 2007

Así es, si así nos parece. El mundo es una ilusión, un escenario en el que todos tenemos frases que decir y un papel que representar. Cierta clase de actores, al reconocer que están en una obra, seguirán actuando a pesar de todo; otra clase de actores, escandalizados de descubrir que están participando en una mascarada, tratarán de irse del escenario y de la obra. Los segundos se equivocan. Se equivocan porque fuera del teatro no hay nada, ninguna vida alternativa a la que uno pueda incorporarse. El espectáculo, al igual que el teatro kafkiano de Oklahoma, es, por así decirlo, el único que hay en la cartelera. Y lo único que uno puede hacer es seguir representando su papel, aunque tal vez con una nueva conciencia, una conciencia cómica.

Enrique Vila-Matas, en un artículo publicado en El País el pasado 5 de agosto