jueves, 29 de noviembre de 2007

Arena y niebla

Post al estilo del OjO, pero en vertical.


Fuente: Aura.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

99 de agosto de 2067

(Foto de Ana Bratz)

me
he
desorientado
cuando
iba
vestido
con
mi
despojo

martes, 27 de noviembre de 2007

33 de agosto de 2067

La siesta es una idea general que, como todas… bueno, como muchas…, bueno, como algunas generalizaciones, puede suceder –concretarse- en cualquier momento: por la mañana –se habla mucho de la siesta del burro-, la sobremesa -la siesta tradicional celiana con pijama, padrenuestro y orinal-, la tarde madura –caer rendido durante la tardotarde por el sopor sobre los pechos pegajosos de la amante insaciable-, en los preludios del amor –deberá de ser para coger fuerzas-, en pleno plenilunio, después del después, antes del antes, o en todo el centro del día, o de la hora, o del momento; pero, ocurra cuando ocurra, la siesta es un acontecimiento de la tarde.
Eran las cinco de la tarde.
La siesta es un cálido aire atardecido.

Es un fenómeno en permanente disposición a la aparición y a la desaparición. Porque hay que saber dejarse buscar, y atrapar, por la siesta. Cuando a uno le aborda la siesta debe estar desprevenido, con la guardia bajada. Si no, no hay nada que hacer. La siesta es una liebre anaranjada que se le cruza a uno cuando se pone vespertino. Y uno puede estar vespertino, ya digo, en las madrugadas desoladas o en los mediodías desolados o en las tardes anaranjadas de vespertinidad.
Puede que tenga algo de peligro la sedosa araña de la siesta (“A veces, en las tardes de tormenta, una araña rojiza se posa en los cristales y por sus ojos miran los bosques embrujados” –Gimferrer-). En el circo los acróbatas vuelan por el aire amaestrado de la carpa. Se lanzan, se agarran, se sueltan, se enganchan, se salvan. Una muy tupida tela de araña los protege, los vela durante su vuelo.
Echar una cabezada en el metro, en la playa, en el cine, durante la lectura de una historia perdida, dormirse un poquito, levemente, antes del morir.

lunes, 26 de noviembre de 2007

sábado, 24 de noviembre de 2007

... y cuando crecieron siguieron mironando.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Bright side of the road


Este vídeo salió todo negro, a pesar de que la canción es maravillosamente luminosa.

martes, 20 de noviembre de 2007

lunes, 19 de noviembre de 2007

domingo, 18 de noviembre de 2007

32 de agosto de 2067

Mis manos, que consisten en el rojo, que se expresan en rojo, que explotan a destiempo como un sol herido de sangre, reventonas de memoria, fugitivas de tocar y de no tocar, ausentes a veces, violentas como un alambre otras, solas y arrugadas y astutas, convalecientes de la mercromina, místicas del rojo, líricas de sí mismas, mis manos que dudan dentro del rojo, que las llena de caducidad, mis manos se sienten inmanentes de rojo, están transcendentes de instantes, arde de rojo mi tacto, como que quieren acariciar la tarde roja de tu piel, y entonces ven, miopes, la borrosidad ("perdón") de la delicia, aunque saben que el rojo siempre acaba derritiéndose en amarillo.

sábado, 17 de noviembre de 2007

31 de agosto de 2067

La depilación. Que quede claro que creo que no tengo ningún pelo en la espalda. Espero ser un hombre a la antigua usanza en todos los sentidos, o sea, con pelos en los sitios donde hay que tenerlos: pecho, manos, piernas, sobacos, genitales, narices. Es decir, por todo el cuerpo, menos en la espalda. Sólo me he depilado una vez en la vida, una pierna, con motivo de una operación. Llegó un enfermero poblado de pelos por todos los lados -¡y luego hay gente por ahí que habla de mi suerte!-, que me ordenó que me desnudara completamente, yo le obedecí sin rechistar. Se hizo un silencio más o menos largo. Cerré lo ojos, no quería ver nada. Los abrí cuando sentí un frescor del caribe. El peludo estaba extendiendo la espuma de afeitar por toda la zona y, finalmente, me afeitó, con una cuchilla de esas que se usaban antes, la afilaba de vez en cuando frotándola con algo. Por tanto, durante el postoperatorio y la convalecencia y la rehabilitación fui con una pierna lisa y suave y femenina, y con la otra agreste, ruda, machota. Me las miraba por la noche, y no sabía cuál me gustaba menos. El tacto amelocotonado de una o el cosquilleo varonil y salvaje de la otra. Pronto empezó a brotar de nuevo el pelo en la pierna operada. Recuerdo que estuve todo el rato rascándome. Qué picores, qué pruritos. El tacto de la pierna convaleciente durante el durante era picudo, puntiagudo, pinchón, nichón.

depilación total
es la moda de actualidad,
lisa la cabellera,
al descubierto la sesera,
no me digas que no te gusta,
pero un poco, pillín, te asusta,
con tus dientes sueñas arañar
mi piel después de bañar,
peligroso esto de los afeites,
todo para que tú te deleites,
mi boca anónima se alisa
para que tú la beses con tu brisa

viernes, 16 de noviembre de 2007

30 de agosto de 2067

Gaviotas. (Poner las fotos).



jueves, 15 de noviembre de 2007

29 de agosto de 2067

Creo que el primer libro que leí de Francisco Umbral, muerto hace un mogollón de años, y digo creo porque siempre he estado leyendo libros suyos –artículos o columnas menos, opino que sus artículos son muy inferiores a sus libros-, fue "La noche que llegué al Café Gijón". ¿Cómo empezaba? “La primera noche que entré en el Café Gijón puede que fuese una noche de sábado. Había humo, tertulias, un nudo de gente en pie, entre la barra y las mesas, que no podía moverse en ninguna dirección, y algunas caras vagamente conocidas, famosas, populares, a las que en aquel momento no supe poner nombre. Podían ser viejas actrices, podían ser prestigiosos homosexuales, podían se cualquier cosa. Yo había llegado a Madrid para dar una lectura de cuentos en el aula pequeña del Ateneo, traído por José Hierro, y encontré, no sé cómo, un hueco en uno de los sofás del café”. Se polemizó entonces mucho sobre el título: Lázaro Carreter defendía que lo correcto era decir “La noche en que…”. Umbral (o sea, Francisco Pérez), que sonaba mejor –eufonía, razones de oído- “La noche que llegué…”. Seguí leyendo los libros de este señor publicados por ediciones Destino, las del premio Nadal: “Memorias de un niño de derechas”, “Mortal y rosa”, “Memorias de un joven malvado”, “Los males sagrados”, y luego “Trilogía de Madrid”, “Madrid 650”, “Ramón y las vanguardias”, “La bestia rosa”, “Leyenda del César Visionario”, yo qué sé. Algunos opinan que escribe una prosa sonajero (Juan Marsé, le secundaría también Roberto Bolaño, y muchísimos más). A mí, niño perpetuo, o eso quiero, me encanta el sonido de sonajero de la prosa de Umbral.

He leído que a su entierro, las cuatro de la tarde en Madrid, con un calor de perros, sólo asistieron unas diez personas. No consiguió, y mira que lo intentó, dejar de ser un huérfano, un desarrapado, un apestado. Algunos han comparado esta asistencia con la que recibió Cervantes (¿siete?), o Larra. No estoy de acuerdo. ¿Quién iría al entierro de un pirata, de Jerónimo, el felino que vivía en un vagón de tren descarrilado por los estes de Madrid, rodeado de ortigas, de una cabra llamada Gilda, de algún gato huidizo y con una faca oxidada de vestigios en su faltriquera, o sea, cómo ir a ver cómo depositan en su nicho a un asaltador de tumbas y virginidades líricas?

miércoles, 14 de noviembre de 2007

28 de agosto de 2067

Este día el señor Nichodades puso esto en su diario irritado, entre comillas:

“Estornudó dos veces y su tos le supo al agua del mar, al sabor de las manos de su amada utópica, a un cuello imposible apenas vislumbrado cuando entonces, a humo amargo y a telarañas de medusas.”

martes, 13 de noviembre de 2007

27 de agosto de 2067

piedras en el aire

piedras en mi boca

como naranjas derribadas

en el techo todo de roca

desparramadas naranjas

que me esperan

tengo los sueños inflados

por el aire que me toca

piedras

el abismo me provoca

me barroca

me desenfoca

me trastoca

zanja

franja

descascarillada

y

enlosada

lunes, 12 de noviembre de 2007

26 de agosto de 2067

Me gusta subirme a mi coche demodé (leo que esta palabra es un barbarismo que denota la enorme pedantería del que la utiliza), coche de clase media baja “desafortunada y decente”, que decía Roberto Bolaño. Lo hago todos los días para ir a trabajar, unos cuarenta kilómetros, veinte de ida, veinte de vuelta. En verano, en cambio, paso muchas horas seguidas subido en el coche. Entonces, como todo buen trabajador desafortunado y acumulador, abandono mi vivienda habitual por un lapso de quince o veinte días. A fundirme implacablemente las raquíticas acumulaciones conseguidas. Sé, me lo dicen mis recuerdos, que cuando vuelva encontraré mi casa distinta, extrañamente cambiada, hasta que pasen dos días y todo vuelva a ser (siga siendo) cotidiano y desafortunado y decente. Me subo al coche, ya digo, y pongo la radio (elijo emisoras socialdemócratas, que hagan juego con el coche, hay que mantener un mínimo de coherencia) o música rockera o country, la música vaquera yanki me parece muy adecuada para viajar, en esto soy quizás un poco incoherente. Cuando pongo esta música, no sé porqué, pero ipso facto, asumo el papel del hombre desahogado que va en un cochazo por esas carreteras del viejo oeste que sacan en los anuncios, decidido, envuelto en un aura de seguridad, autosuficiente, todo lo que me rodea está ahí para mirarme, para admirarme. Atrapado en un arrebato de música y velocidad, con la ventanilla bajada, acabo hasta creyendo en mí mismo. Por esta última sensación también me gusta viajar.

domingo, 11 de noviembre de 2007

25 de agosto de 2067

Al final, se me escurre todo entre los dedos como el agua fresca con la que me lavo la cara cada mañana. Con ella –con el agua- me despejo el despojo –el rastro, la huella, el polvo, la nieve, el velo- que ha dejado en mi rostro una noche de sueño.

sábado, 10 de noviembre de 2007

24 de agosto de 2067

Cortarse las uñas, menudo coñazo, menudo alivio. Me gusta llevar siempre las uñas bien cortadas. Las de las manos no las dejo crecer, me molesta tenerlas largas. Las llevo muy recortadas. Nunca fui capaz de morderme las uñas, no se me daba bien, me hacía sangre todo el rato. Con las de los pies soy más descuidado, pero sin pasarse. Me las corto también muy a menudo, una vez a la semana. Someto así a una evaluación continua la flexibilidad de mi columna vertebral. Hay que llegar con soltura al dedo gordo del pie. Uno debe saber manejarse sin esfuerzo por las partes bajas de su cuerpo. Saber moverse sin dolor por las cercanías del suelo/subsuelo/intrasuelo. En fin, que soy un obsesionado de las uñas cortas, y vivo muy unido a mis tijerinas oxidadas.

viernes, 9 de noviembre de 2007

23 de agosto de 2067

Apocalipsis now

Hoy me levanté con muchas ideas fijas. No obstan-
te, bastantes menos que la mayoría de los otros días.
Para saciar una de ellas,
me puse a cocer patatas.
Cogí unas cuantas –cuatro o cinco- y las lavé
con el alegre y chisporroteante y salpicón
chorro de un grifo. Un grifo que producía
agua saltarina. Las pelé
con una navajina afilada, a ras de piel.
La patata pelada tiene una
piel amelocotonada.

Y me brotó un haiku cacofónico:

hierve el agua
su transcendencia, feroz
incandescencia

jueves, 8 de noviembre de 2007

22 de agosto de 2067

A veces hay que salir a comer o a cenar con gente, con los amigos, con la familia. Últimamente, pido rodaballo a la plancha (o a la parrilla). La familia, los amigos, los conocidos, los demás, forman una especie de parrilla que le va haciendo a uno poco a poco, tostándolo, ensangrentándolo, ennegreciéndolo, churruscándolo, desjugándolo, encrudeciéndolo.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

21 de agosto de 2067

Hoy me desperté solo.
Llovía locamente.
Estaba todo obscuro y arañoso.
No me dolía nada.
Parecía que el día amanecía
en la burbuja de la mirada de alguien.
Presentí el fervor de los ángeles.

domingo, 4 de noviembre de 2007

20 de agosto de 2067

estaba exhausto de viento
boqueaba
burbujas
palabras de aire

estaba exhausto de aliento
inhalaba
burbujas,
maquinaba círculos

sábado, 3 de noviembre de 2007

A la busca de un final lírico (60)

Esta Vírgen se encuentra en la Iglesia de Santa María, de Elche, donde se escenifica el Misterio de Elche, Patrimonio de la Humanidad.

viernes, 2 de noviembre de 2007

EL DESIERTO

No sabemos cuándo y en qué circunstancias, pero, en un determinado momento, Jesús deja su trabajo de artesano, abandona a su familia y se aleja de Nazaret. No busca una nueva ocupación. No se acerca a ningún maestro acreditado para estudira La Torá o conocer mejor las tradiciones judías. No marcha hasta las orillas del mar Muerto para ser admitido en la comunidad de Qumrán. Tampoco se dirige a Jerusalén para conocer de cerca el lugar santo donde se ofrecen los sacrificios al Dios de Israel. Se aleja de toda tierra habitada y se adentra en el desierto. (1)
Como a todos los judíos, el desierto le evoca a Jesús el lugar en el que ha nacido el pueblo y al que hay que volver en épocas de crisis para comenzar de nuevo la historia rota por la infidelidad a Dios. No llegan hasta allí las órdenes de Roma ni el bullicio del templo; no se oyen los discursos de los maestros de la ley. En cambio se puede escuchar a Dios en el silencio y la soledad. Según el profeta Isaías, es el mejor lugar para "abrir camino" a Dios y dejarle entrar en el corazón del pueblo. Al desierto se habían retirado hacia el año 150 a.C. los "monjes" disidentes de Qumrán; hacia allí conducían a sus seguidores los profetas populares; allí gritaba el Bautista su mensaje. También Jesús marcha al desierto. Ansía escuchar a ese Dios que en el desierto "habla al corazón".
Sin embargo, no tenemos datos para pensar que busque una experiencia más intensa de Dios que llene su sed interior o pacifique su corazón. Jesús no es un místico en busca de armonía personal. Todo lleva a pensar que busca a Dios como "fuerza de salvación " para su pueblo. Es el sufrimiento de la gente lo que le hace sufrir: la brutalidad de los romanos, la opresión que ahoga a los campesinos, la crisis religiosa de su pueblo, la adulteración de la Alianza. ¿Dónde está Dios? ¿No es el "amigo de la vida"? ¿No va a intervenir?

(1)La hondura y madurez de su talante religioso hace pensar a algunos que Jesús vivió un período de búsqueda antes de encontrarse con el Bautista. Flavio Josefo habla de la búsqueda que inició él mismo cuando tenía alrededor de dieciséis años y que le llevó también hasta el desierto donde convivió durante tres años con "un hombre del desierto" llamado Banus (Autobiografía, 2,10-12).

Tomado del libro JESÚS. Aproximación histórica, de José Antonio Pagola.

jueves, 1 de noviembre de 2007

A la busca de un final lírico (59)

Los españoles prefieren acabar en cenizas

En 1974, sólo se solicitaron 44 cremaciones y en 2007, ya van 90.000

DIEGO BARCALA / MADRID - 30/10/2007 22:04

El puerto de Barcelona reflotó 600 urnas funerarias a la superficie. Los españoles somos los europeos que más lanzamos las cenizas de nuestros muertos a espacios públicos. El problema es que las lanzamos con la urna incluida provocando una inevitable suciedad. Esta práctica ya ha sido prohibida en países como Francia y Holanda. "Nosotros ofrecemos urnas biodegradables", responde Emilio Berriatua, director general de Mémora, empresa funeraria que controla el 11% del sector en España.

El aumento de incineraciones en nuestro país se explica por el fenómeno de la inmigración. Pero no de la del tercer mundo. Si no de la de jubilados centroeuropeos que eligen España para pasar su retiro. "Ellos son los que más lo practican, y los españoles hemos seguido su ejemplo", explica Berriatua.

Los servicios funerarios en España mueven 1.000 millones de euros anuales y ocupan a 12.000 trabajadores. Las empresas tratan estos días, con la cercanía del día de Todos los santos, de explicar cuáles son las claves de su negocio. El presidente de Mémora, Ricardo Molina, exigió ayer al Gobierno una ley que regule su marco de negocio, liberalizado desde 1996. "Parece que los muertos no le importan a nadie, y sobre todo no votan", afirmó. Una de las conclusiones de la falta de preocupación de la Administración es el cobro ilegal de comisiones entre centros de salud y empresas funerarias. "Es que no hay inspecciones para esos sinvergüenzas", advierte Molina.

La falta de una ley de servicios funerarios deja escenas "demenciales" para las empresas. "Nos han llegado a multar en Cataluña por incumplir las normas de traslados de féretros, porque es diferente a la de Madrid ", ejemplifican.