domingo, 27 de enero de 2008

A la busca de un final lírico (70)

En medio de la fama internacional, que le dieron muy pronto sus libros, tuvo que vivir luchando de nuevo contra las deudas propias y las de su hijo Borys, contra la enfermedad de su mujer, contra los celos de enamorado viejo de una ninfa, contra la ruina de su cuerpo apalancado en un sillón de su residencia de Oswalds, cerca de Canterbury, acogido al amparo de su agente literario Pinker como quien se abraza al palo mayor en medio de una larga tempestad en tierra. Murió de un ataque al corazón el 3 de agosto de 1924, a los 67 años. Sobre su tumba fueron grabados estos versos de Spenser: "El sueño tras el esfuerzo, tras la tormenta el puerto, el reposo tras la guerra, tras la vida harto complace la muerte". - Manuel Vicent.

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