jueves, 28 de febrero de 2008

Las niñas en la Grecia clásica

"Las niñas, independientemente de que fueran hijas legítimas o no, no eran presentadas en las fratrías: nunca iban a ser ciudadanas de pleno derecho. Algunas, sin embargo, podían aspirar a convertirse en servidoras de los dioses. En este sentido, las más prestigiosas eran las arrhephoroi, cuatro hijas de ciudadanos con edades comprendidas entre los siete y los once años que vivían en la Acrópolis al servicio de la diosa de la ciudad, Atenea, y que probablemente ayudaran a tejer su gran peplo ceremonial. Estas niñas jugaban ritualmente a la pelota, y luego iban y venían, portando unas misteriosas cestas en la cabeza, a una capilla de Afrodita situada en el jardín de abajo, a la que se llegaba a través de un pasadizo. Este rito estaba reservado a unas pocas elegidas, mientras que todas las niñas nacidas en el seno de una familia de ciudadanos (probablemente) participaban durante un tiempo en un espléndido rito de transición llamado arkteia. Entre los cinco y los diez años, las niñas jugaban a ser "osas", posiblemente para simbolizar su naturaleza salvaje e inmadura, que a su debido tiempo sería amansada por su marido tras contraer matrimonio...
Después de pasar cuatro o cinco años jugando a las "osas", las niñas atenienses solían contraer matrimonio. No recibían una educación formal en la escuela (al menos durante el período clásico), y lo poco que pudieran aprender a leer, lo aprenderían en su casa, de sus madres (tal vez) o, en las familias ricas, de esclavos cultos: las niñas quizá se visitaran unas a otras por esa razón. Los niños, en cambio, recibían una instrucción, que empezaba normalmente a los siete años y que solía prolongarse hasta los catorce al menos; su educación incluía aprender a escribir, a leer (incluida la lectura de los poetas), música y atletismo. La ciudad-estado no proporcionaba maestros, pero las pequeñas escuelas de pago probablemente fueran un elemento habitual en toda el Ática. Las familias más adineradas contaban también con esclavos-tutores. A su debido tiempo los muchachos se casaban, aunque solía recomendarse que el varón contrajera matrimonio bastante tarde, entre los veinticinco y los treinta años. Hasta alcanzar esta edad, los jóvenes podían dar rienda suelta a sus hormonas sirviéndose de prostitutas de condición servil, que cobraban todo tipo de precios por sus prestaciones (en una escena cómica se da a entender que la postura más barata es con la mujer inclinada, y la más cara con la mujer encima)..."

Tomado del libro El mundo clásico, de Robin Lane Fox.

En cambio, a las niñas carpetovetónicas de ahora, Ana Bratz quizás, y como todo el mundo sabe (y no me puedo resistir a poner), les espera un futuro de lo más prometedor.

3 comentarios:

Aura dijo...

Fíjese que el rito 'arkteia' se me ha ido alargando hasta ahora.
:)

el brujo don carlos dijo...

Aura, creí que usted sería de las elegidas arrhephoroi...

Aura dijo...

:)