domingo, 10 de febrero de 2008

SMOKING STONES (desasosiego entre el humo)





El doble (aparte el doble de cerveza) me produce un desasosiego neblinoso, un malestar imperfecto (que quizá sea mucho peor que el perfecto), una especie de resaca metafísica sin nada de metafísica, un choque de personalidades indefinidas en mi interior. Pienso, luego existo, pero de una forma oscuramente diversificada, cada capa de mi conciencia (oiga, me da igual que se lo crea o no, pero yo tengo por lo menos una conciencia) esconde un conejito, una avispa, un gato o un viento.

Y el otro, no digamos.

Borges y yo

Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.

No sé cuál de los dos escribe esta página.

Jorge Luis Borges

1 comentario:

angel dijo...

El gran Borges siempre sorprende, siempre se le lee como si fuera la primera vez. Gracias por esta página en tu espacio.


Saludos...