jueves, 6 de marzo de 2008

Los enormes cortinajes,
su restregar continuo toda la noche.
Habían dejado algunas puertas, algunas ventanas,
abiertas, para que se ventilara la sala de nichos.
Lo hicieron sin avisar, habían oído que la noche iba a ser
cálida. El corredor de nichos dormía agitado.
Una corriente huracanada nos invadió, de pronto.

Un pájaro atravesó la sala, estoy seguro. Malestar
generalizado. El corredor de nichos empezó a rebullir.
Oí pies descalzos deambulando, susurrando de aquí para
allá. El corredor de nichos parecía que dormía
murmurando. Yo disfrutaba. A mí me gusta el viento fuerte,
marceado, ese aire libre que te desmelena el melenón
mientras paseas cruzando un puente y
las alamedas cimbrean unánimes sus amarillentos bustos,
cuando el cielo se muestra anubarrado y veloz,
y el río baja revuelto de caudal,
oleajeando perdidas hojas voladoras, plásticos turbios,
turbadores papeles, inéditas bragas rotas, viejas botellas
verdes, suele haber un gato muerto atascado en la orilla.

El corredor de nichos parecía que dormía apesadumbrado,
aventado,
digo.

4 comentarios:

Aura dijo...

Me fascina ese viento...

MadHatter dijo...

Sobrecogedor.

SHEMHAMFORASH

ana dijo...

me gusta

filminas rasgadas dijo...

Imagen del nicho, de los nichos, y ese gato, qué triste y sin embargo hay un vigor...