domingo, 27 de abril de 2008

A la busca de un final lírico (93)

Soy un tipo introvertido en todos los sentidos intuidos de la palabra. Pero mi vida interior, decantada durante mucho tiempo, acabó concentrándose en el estudio del régimen jurídico de las mutuas de seguros a prima fija que, pienso sinceramente, sueñan con poder transformarse, algún día, en mutuas a prima variable. Por todas estas cosas (en realidad apenas una), a ver si lo digo, casi nunca, desde hace mucho, miro hacia mi interior. Dejé de preocuparme de mi introvertismo. Era tan transparente, el pobre, que cuando me fijaba en él (¡qué podría hacer si no, estaba atrapado!), solía acabar viendo el suelo, la acera cenicienta ("sentado en la acera dormida, dulce, atolondrado y mojado de ti"), o una pared encalada de gotelé, o ese cielo ensimismado de nada, sobre todo cuando se le sube a la cara el color panza de burro (con lo que me gustan las nubes algodonosas, que me recuerdan la sonrosada excelsitud de tu hombro).

" Definir es cenizar", he leído hace poco.

Ahora, cuando me he decidido a entrar, te veo a ti tan extravertida que no tengo más remedio intuitivo que meterme todos los dedos de una mano en la boca. Burbuja espléndida de carmín encalada, húmeda exhibición de transparencias sonrosadas, frescor de cueva en lírica copa, alejado sabor a ti, imposible pesadilla de la felicidad (recordemos la frase de Tertuliano: es cierto porque es imposible).

Oh, mi Penélope de la noche.

4 comentarios:

ana dijo...

Me encanta señor nicho.Gracias siempre a usted.

Neander dijo...

Lo de los seguros es cierto... lo he comprobado, sueñan pero sin esperanza. Y Tertuliano es el mejor.

El pez dijo...

nivelón

Peggy dijo...

muy bien escrito :)