miércoles, 14 de mayo de 2008

A la busca de un final lírico (97)

TELEOLÓGICA (PRUEBA)

Una de las "cinco vías" (quinque viae) propuestas por Santo Tomás de Aquino [véase TOMÁS DE AQUINO (SANTO)] para demostrar, o probar, la existencia de Dios es la que se basa en la noción de finalidad. Esta prueba (la que figura como la "quinta vía") consiste fundamentalmente en la idea de que todo ser tiende a un fin -a una finalidad-. Este fin no puede residir inmanentemente en el mismo ser, ya que entonces no podría ni siquiera hablarse de fin o finalidad. El cosmos entero tiene una finalidad que no reside en él, sino en una inteligencia superior, esto es, Dios. Dios como finalidad de todo lo creado regula las operaciones de los entes creados.
La prueba de la existencia de Dios por razón de finalidad última fue llamada, desde el siglo XVIII, "prueba teleológica" (o "argumento teleológico") (VÉASE) como término técnico acuñado por Wolff. Se ha identificado a veces con la prueba cosmológica (véase COMOLÓGICA [PRUEBA]), pero como esta última tiene generalmente un carácter más amplio, se ha estimado asimismo la prueba teleológica como una parte de la prueba cosmológica. En todo caso, no toda prueba teleológica apela a las nociones de que se vale la prueba cosmológica, pero esta última tiende a incluir la primera. No hay apenas diferencia entre la prueba teleológica y la llamada "prueba físico-teológica", esto es, la fundada en nociones procedentes de la titulada "Físico-teología" (VÉASE). En el siglo XVIII la mayor parte de los argumentos aducidos en favor de una prueba teleológica eran argumentos de carácter "físico-teológico".
A menudo se distinguió en la prueba teleológica entre un aspecto físico y uno metafísico. Físicamente (o "cosmológicamente"), la prueba se apoya en el orden y armonía del mundo, el cual, además, se estima difícil, o imposible, de explicar a menos de recurrir a una noción de finalidad. Metafísicamente, la prueba insiste en el paso necesario de lo contingente (que no parece tener en sí mismo ninguna finalidad) a lo necesario. Sin embargo, aunque el aspecto metafísico de la prueba parezca ser el predominante, no ocurre así la mayoría de las veces, ya que las demostraciones dadas en el orden metafísico no implican necesariamente la introducción de la noción de finalidad. Por ello, muchos autores han examinado la prueba teleológica en el sentido ya indicado antes de una físico-teología. Un ejemplo destacado es el de Kant. Al criticar en la Dialéctica trascendental de la Crítica de la razón pura la demostración de la finalidad de la Naturaleza, Kant ser refiere a los argumentos dados por los partidarios de la físico-teología y quiere demostrar que tales argumentos fracasan por la imposibilidad de pasar del mundo fenoménico al mundo nouménico. El Dios en que desembocarían tales argumentos, señala Kant, sería a lo sumo una especie de demiurgo, no el Dios creador omnipotente a que se refieren los que han usado la prueba. Kant, sin embargo, reconoce que dicha prueba tiene mucha fuerza de convicción. No es sorprendente que haya sido usada con tanta frecuencia. Una de las bases de ella es la idea de que el mundo visible es un signo o cifra del mundo invisible y, en último término, del Creador del mundo visible.

Del Diccionario de Filosofía, de J. Ferrater Mora

1 comentario:

Neander dijo...

Que se lo pregunten al niño que se está ahora mismo muriendo de hambre en Mali