viernes, 13 de junio de 2008

La jarra de Heidegger (o sea, el pánico metafísico de la jarra de Heidegger)

Una cosa es la jarra. ¿Qué es la jarra? Decimos: un recipiente; algo que acoge en sí algo distinto de él. En la jarra lo que acoge son el fondo y las paredes. Esto que acoge se puede a su vez coger por el asa. Como recipiente, la jarra es algo que está en sí. El estar en sí caracteriza a la jarra como algo autónomo...

... El alfarero fabrica la jarra de tierra a partir de la tierra escogida y preparada ex profeso para ello. De ella está hecha la jarra. En virtud de aquello de lo que está hecha, la jarra puede estar de pie sobre la tierra, ya sea de un modo inmediato, ya sea de un modo mediato, por medio de una mesa o un banco...

... La jarra es una cosa en cuanto recipiente...

... Nos daremos cuenta de lo que es lo que acoge del recipiente si llenamos la jarra. Está claro que las paredes y el fondo de la jarra son los que se hacen cargo de acoger. ¡Pero despacio! Cuando llenamos de vino la jarra, ¿vertemos el vino en las paredes y en el fondo? Todo lo más, lo que hacemos es verter el vino entre las paredes y sobre el fondo. Paredes y fondo son evidentemente lo impermeable de la jarra. Ahora bien, lo impermeable no es todavía lo que acoge. Cuando llenamos del todo la jarra, el líquido, fluye en la jarra vacía. El vacío es lo que acoge del recipiente. El vacío, esta nada de la jarra, es lo que la jarra es como recipiente que acoge.

Ahora bien, la jarra consta de paredes y fondo. Aquello de lo que consta es lo que hace que la jarra esté en pie. ¿Qué sería de una jarra que no estuviera en pie? Cuando menos sería una jarra mal hecha; seguiría siendo una jarra, pero una jarra que, si bien acogería, como jarra que se tumba continuamente dejaría salir aquello que ha acogido. Pero dejar salir lo acogido es algo que sólo puede hacerlo un recipiente.

La pared y el fondo de los que consta la jarra y gracias a los cuales la jarra se mantiene en pie no son propiamente lo que acoge. Pero si esto último descansa en el vacío de la jarra, entonces el alfarero, que con el torno da forma a la pared y al fondo, lo que hace no es propiamente la jarra. Lo único que hace es moldear la arcilla. No... moldea el vacío. Para él, hacia él y a partir de él moldea la arcilla dándole una forma. El alfarero lo primero que hace, y lo que está haciendo siempre, es aprehender lo inasible del vacío y producirlo en la figura del recipiente como lo que acoge. El vacío de la jarra determina cada uno de los gestos de la actividad de producirla...

... Pero ¿está realmente vacía la jarra?

La ciencia física nos asegura que la jarra está llena de aire y de todo lo que constituye la mezcla aire. Nos hemos dejado engañar por un modo semipoético de observar las cosas al referirnos al vacío de la jarra para determinar aquello que en ella acoge.

Sin embargo, así que nos ponemos a investigar la jarra real de un modo científico en vistas a su realidad, se pone de manifiesto un estado de cosas distinto. Cuando vertemos vino en la jarra, lo único que ocurre es que sacamos el aire que llena la jarra y lo sustituimos por un líquido. Llenar la jarra, desde un punto de vista científico, significa cambiar un contenido por otro...

... ¿En qué se basa el carácter de jarra de la jarra? Es algo que de repente hemos perdido de vista, y esto ha ocurrido en el momento en que se impuso la apariencia de que la ciencia podía darnos razón sobre la realidad de la verdadera jarra. Representábamos lo operante del continente, lo que acoge, el vacío, como una concavidad llena de aire. Éste es el vacío real, pensado desde el punto de vista físico: pero no es el vacío de la jarra. No dejamos al vacío de la jarra ser su vacío. No prestamos atención a aquello que en el recipiente es lo que acoge. No consideramos de qué modo el acoger mismo esencia. De ahí que, necesariamente, se nos escapara también aquello que la jarra acoge. El vino, para el modo de representar de la ciencia, se convirtió en mero líquido; éste se convirtió en un agregado de materias, algo general y posible en todas partes. Omitimos reflexionar sobre lo que la jarra acoge y sobre el modo como acoge.

¿Cómo acoge el vacío de la jarra? Acoge tomando aquello que se le vierte dentro. Acoge reteniendo lo que ha recibido. El vacío acoge de un modo doble: tomando y reteniendo. De ahí que la palabra «acoger» tenga un doble sentido. Pero el tomar lo que se le vierte dentro y el retener lo vertido se copertenecen. Pero esta unidad está determinada por el verter hacia afuera, que es aquello a lo que la jarra como jarra está destinada. El doble acoger del vacío descansa en el verter hacia afuera. En cuanto tal, el acoger es propiamente como es. El verter hacia afuera de la jarra es escanciar. En el escanciar lo vertido dentro esencia el acoger del recipiente. El acoger necesita del vacío como de aquello que acoge. La esencia del vacío que acoge está coligada en el escanciar (obsequiar). Pero el escanciar es algo más rico que el mero verter hacia afuera. El escanciar, en el que la jarra es jarra, se coliga en el doble acoger, a saber, en el derramar hacia afuera... El carácter de jarra de la jarra esencia en el obsequio de lo vertido. También la jarra vacía retiene su esencia a partir del obsequio, aunque la jarra vacía no permite un verter hacia afuera. Pero este no permitir es propio de la jarra y sólo de la jarra. Una guadaña o un martillo, por el contrario, no son capaces de este no permitir este escanciar.

El obsequio de lo vertido de la jarra puede ser una bebida. Se puede beber agua, se puede beber vino.

En el agua del obsequio demora el manantial. En el manantial demora el roquedo: en él, el oscuro sopor de la tierra que recibe las lluvias y el rocío del cielo. En el agua del manantial demoran las nupcias de cielo y tierra. Demoran en el vino que da el fruto de la cepa, un fruto en el que el elemento nutricio de la tierra y el sol del cielo están confiados el uno al otro. En el obsequio del agua, en el obsequio del vino demoran siempre cielo y tierra. Pero el obsequio de lo vertido es el carácter de jarra de la jarra. En la esencia de la jarra demoran tierra y cielo...

1 comentario:

Lo. dijo...

me encanta este texto, me encanta esta jarra, me llena de vida =)

por cierto, bellísima la imagen-cabecera de tu blog!!!