miércoles, 30 de enero de 2008

A la busca de un final lírico (72) (Ageing)



"Ayer se fue; mañana no ha llegado; / hoy se está yendo sin parar un punto".

lunes, 28 de enero de 2008

A la busca de un final lírico (71)

A las ocho de la mañana del lunes, cuando todavía era noche cerrada, un coche fúnebre salió sigilosamente de las calles nevadas de Reikiavik, seguido por otro vehículo. En el coche fúnebre iba el ataúd con el cuerpo de Bobby Fischer, el genio estadounidense del ajedrez que murió el 18 de enero, a los 64 años; en el otro iba una pareja de islandeses que habían sido sus vecinos y un sacerdote católico francés al que Fischer, que nació y se educó como judío, no había conocido jamás.
Recorrieron 45 kilómetros hacia el este de Reikiavik y se detuvieron en una pequeña iglesia luterana, cerca del pueblo de Selfoss. Allí les recibió una mujer japonesa, budista, que había volado desde Tokio la noche anterior y que dijo ser la esposa de Fischer. El granjero, dueño de las tierras en las que se alzaba la iglesia, había cavado una tumba en el antiguo cementerio del lugar. El pequeño grupo se apiñó en torno a ella, sin lápida ni cruz, y el sacerdote dijo una oración. Hacía un frío terrible y la negrura del cielo contrastaba con el blanco de la tierra helada. A las diez, cuando la tenue luz de la mañana empezaba a vislumbrarse por el este, concluyó la ceremonia. El ataúd estaba ya bajo tierra, y la mujer de Fischer, los vecinos, el granjero y el sacerdote se alejaron en silencio.- John Carlin.

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domingo, 27 de enero de 2008

A la busca de un final lírico (70)

En medio de la fama internacional, que le dieron muy pronto sus libros, tuvo que vivir luchando de nuevo contra las deudas propias y las de su hijo Borys, contra la enfermedad de su mujer, contra los celos de enamorado viejo de una ninfa, contra la ruina de su cuerpo apalancado en un sillón de su residencia de Oswalds, cerca de Canterbury, acogido al amparo de su agente literario Pinker como quien se abraza al palo mayor en medio de una larga tempestad en tierra. Murió de un ataque al corazón el 3 de agosto de 1924, a los 67 años. Sobre su tumba fueron grabados estos versos de Spenser: "El sueño tras el esfuerzo, tras la tormenta el puerto, el reposo tras la guerra, tras la vida harto complace la muerte". - Manuel Vicent.

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sábado, 26 de enero de 2008

A la busca de un final lírico (69 entrelazado)

El niño agreste y polvoriento, investido por la mano de la matriarca con los poderes de la conturbación, se despide. La mano de la ancestra le endosa el alma adivinatoria de la tribu que se extingue. "Quizás nos lleve el viento al infinito", como dijo el otro.
Pero yo no voy a llorar más nada.

viernes, 25 de enero de 2008

Fetichado


Elmer Batters: From the Tip of the Toes to the Top of the Hose

Elmer Batters (1919-1997) was a fetish photographer who specialized in capturing images of women with an emphasis on stockings, legs, and feet.

jueves, 24 de enero de 2008

miércoles, 23 de enero de 2008

Bochorno en enero: será la calefacción o lo otro.

Conviví mucho con mis abuelos maternos (iba a decir: ... “por circunstancias que no vienen al caso”). El abuelo murió hace ya unos años, bastantes. Hablaba mucho con él. Le recuerdo con frecuencia, durante mi vigilia, o sea, se quiere decir que lo recuerdo sobre todo mientras estoy despierto. No me acuerdo de ningún sueño en el que apareciese él, ni siquiera para asustarme. Con mi abuela también he hablado mucho, más incluso desde la muerte del abuelo. Ella murió hace unos años, pocos. Su muerte fue plácida o, al menos, eso me dijeron. Murió dormida/sedada/cansada/consumida. Anoche hizo humedad y bochorno, "habitual por estas fechas”. Y yo estaba sudando copiosamente y soñando tranquilamente, bueno, lo tranquilamente que se puede soñar cuando se está sudando copiosamente, cuando llamaron a la puerta, un timbrazo contundente. Me levanté y fui a abrir, “¿quién será a esas horas?”. Apareció mi abuela, mucho más grande, más corpulenta, más alta, con un vestido de verano que dejó en su armario, era bastante elegante incluso en su ancianidad, sencilla y elegante, me saludó con una sonrisa acogedora. Estaba transfigurada, por su blanquísima piel se transparentaba la luz de la luna. Nos dimos un fuerte abrazo. En ese momento no pude aguantar más y me desperté. Eran las cuatro y media de la mañana.

Me levanté (me volví a levantar), me sequé y bebí un litro de agua fría.

domingo, 20 de enero de 2008

A la busca de un final lírico (69) (Historia de un trombo)

Veo con extrañaza que he pasado de los mil y pico posts (o como quiera que se llame esto). Y debo confesar y confieso que cada vez que acabo uno, me refiero a un post, me entra una angustia declinante, quiero decir, un estrés decreciente, sobre si me saldrá otro, o no. Leí de joven que el hombre es un ser proyectivo, un ente atiborrado de iniciativas variopintas, embrionarias o maduras, meticulosas o intuitivas. Temo sobre todo a las embrionarias, pues que suelen ser las más meticulosamente intuitivas de todas. Como todo el mundo voy de aquí para allá, me enfado a veces, y frunzo el ceño, otras me río a carcajada limpia, enseño mi dentadura brillante y vieja, como barnizada de luz que agoniza, hablo conmigo mismo en voz alta cuando nadie me oye, acaricio el teclado del ordenador como si fuera el tablero del ajedrez, bebo cerveza, me ducho con agua fría, soy antipático, muy antipático, subo las escaleras de madera crujiente del edificio donde vivo poseído de una especie de sadismo del crujir (cinco plantas, no me pregunte el número de peldaños -steps, recuerde: soy antipático-nunca consigo contarlas, se me va la olla cuando voy por el cuarenta y dos, o por el sesenta y cuatro: when I get older). En algunas ocasiones estoy hasta relajado, y éste es uno de mis peores momentos. Me apremia un runrún, un no sé qué, una incertidumbre carpetovetónica.

Vivo instalado en la pendiente declinante que define la insatisfacción del consumidor.
- Pero no joda usted, usted en este supuesto marcadamente teórico no es ningún consumidor.
- No/sí, amor, me ratifico, yo aquí como que me autoconsumo, me esfumo.
- Pues eso era lo que le decía yo.
- Pues eso.

Estoy atrapado en el círculo vicioso del número sesenta y nueve. Chupo mientras me chupas para que yo te siga chupando. Una especie de "do ut des", de hermafroditismo chuPÓPtero.

sábado, 19 de enero de 2008

jueves, 17 de enero de 2008

A la busca de un final lírico (67)

El 1 de junio de 1873 se abrió la primera sesión de las Cortes Constituyentes y comenzó la presentación de propuestas. El 7 de junio se debatió la primera de ellas, suscrita por siete diputados, que decía:

Artículo único. La forma de gobierno de la Nación española es la República democrática federal.

El Presidente, haciendo cumplir lo que ordenaba el Reglamento de las Cortes para la aprobación definitiva de las propuestas de ley, dispuso celebrar una votación nominal al día siguiente. El 8 de junio se aprobó la propuesta con el voto favorable de 219 diputados y solamente 2 en contra, proclamándose ese día la República federal. Al tiempo, los federalistas apostaban por un modelo confederal de tipo helvético, constituyéndose directamente en cantones independientes.

Así narraba Benito Pérez Galdós el clima parlamentario de la Primera República:

Las sesiones de las Constituyentes me atraían, y las más de las tardes las pasaba en la tribuna de la prensa, entretenido con el espectáculo de indescriptible confusión que daban los padres de la Patria. El individualismo sin freno, el flujo y reflujo de opiniones, desde las más sesudas a las más extravagantes, y la funesta espontaneidad de tantos oradores, enloquecían al espectador e imposibilitaban las funciones históricas. Días y noches transcurrieron sin que las Cortes dilucidaran en qué forma se había de nombrar Ministerio: si los ministros debían ser elegidos separadamente por el voto de cada diputado, o si era más conveniente autorizar a Figueras o a Pi para presentar la lista del nuevo Gobierno. Acordados y desechados fueron todos los sistemas. Era un juego pueril, que causaría risa si no nos moviese a grandísima pena.

Presidiendo un Consejo de Ministros, harto de debates estériles, llegó Estanislao Figueras a gritar en catalán: «Señores, ya no aguanto más. Voy a serles franco: ¡estoy hasta los cojones de todos nosotros!» [1] Tan harto que el 10 de junio dejó disimuladamente su dimisión en su despacho en la Presidencia, se fue a dar un paseo por el parque del Retiro y, sin decir una palabra a nadie, tomó el primer tren que salió de la estación de Atocha. No se bajó hasta llegar a París.

[1]«Senyors, ja no aguanto més. Vaig a ser-los franc: estic fins als collons de tots nosaltres!».

miércoles, 16 de enero de 2008

martes, 15 de enero de 2008

Uno de los últimos (pero quién sabe) sonetos que escribió Ángel González, fechado en Albuquerque, en 2004 o por ahí:

Harto de tanto whisky en vaso corto,
de tanto trasnochar igual de harto,
vuelvo a Albuquerque huyendo del infarto
que me daría si no me comporto.

Aquí encuentro la paz apetecida
por mi cuerpo cansado y resacoso,
orilla del río Grande aquí reposo,
leo, escribo, y va mi vida

igual que el río que su marcha aquieta
al cruzar por la árida Meseta,
quizás para llegar más tarde al mar.

Y si de tanta paz me llego a hartar,
la cosa es fácil, hago la maleta,
vuelo a Madrid, te llamo, entro en un bar.

lunes, 14 de enero de 2008

A la busca de un final lírico (66)

La viva imagen del desconsuelo

domingo, 13 de enero de 2008

A la busca de un final lírico (65)

Inesperadamente, por la espalda, a traición, así me atacó mi monja siniestra la otra noche. Dormía plácidamente, estaba soñando con cosas bonitas, placenteras, relajantes. Hasta que me interrumpió bruscamente, abruptamente diría yo. Quería hacerme un análisis de orina. Por eso durante la cena me empancinó de agua sosa, bendita, aburrida. Me cogió, directamente, mi polla -"quizá pequeña, pero durita, muy durita"- y me ordenó miccionar mientras me leía las siguientes instrucciones: (yo me empalmé levemente)

"SISTEMA DE RECOGIDA DE MUESTRAS DE ORINA"
"INSTRUCCIONES DE USO

1. Usar el vaso para recoger la orina de la parte central de la micción, desechando la orina de las partes primera y final del chorro. Deberá tomarse la muestra de la primera orina de la mañana.

2. Con la orina recogida llene inmediatamente el tubo o los tubos hasta la raya. Tire el resto de la orina y el vaso.

3. Inserte el tapón en cada tubo apretando fuertemente para asegurarse de que ha quedado bien cerrado y no se produce derrame de la orina al invertirlo.

4. Si el equipo dispone de etiquetas adhesivas, rellénelas con los datos del paciente y a continuación péguelas a lo largo de cada tubo.

5. Entregue el tubo o los tubos en el laboratorio de análisis a la mayor brevedad posible."

Cuando finalizó mi chorro, mi dulce amor me sacudió las últimas gotitas de orín, me subió el pijama, y se largó a toda velocidad, supongo que a entregar las muestras al oscuro analista. Y yo me quedé algo desasosegado. Que le hagan a usted algo parecido, a ver cómo le sienta.

sábado, 12 de enero de 2008

A la busca de un final lírico (64 BIS)

Nos dice JOSÉ LUIS PARDO en su libro "Esto no es música":
"Los personajes representados en la foto son, en buena parte, "meninas", es decir, pertenecen al género chico o "menor" de los cómicos y bufones; y así como Velázquez se pintó a sí mismo en Las Meninas, también los Beatles se fotografiaron a sí mismos en esa portada, no tanto por estar presentes ellos en la foto -pues no están en cuanto "Los Beatles", sino representando el papel de músicos de la banda de los corazones solitarios- como porque están los muñecos del museo de cera de Madame Tussaud que, ellos sí, representan a los Beatles (es decir, son la prueba viva de que los Beatles habían ingresado en el universo de la representación, del mismo modo que los enanos, los bufones, los cómicos y los tontos de Palacio también ingresaron en ese mundo de la mano de Velázquez)".

Sangre alegre
Volcán oceánico
Mortal y rosa

Enrojecido
Mi recuerdo es araña
Lluvia y cristal

Número solo
Insistencia húmeda
Despojo y brillo

Apeadero
De todos los mis rastros
Patio de luces

Fulgor de piel
Cicatriz de la hora
Carencia y rojo

jueves, 10 de enero de 2008

A la busca de un final lírico (64)

¿Se podrá hablar por móvil también desde el más allá?

miércoles, 9 de enero de 2008

SOMBRA HUÉRFANA

De pequeño me fijaba muchísimo en mi sombra y en la de los demás. Jugaba a no tener sombra, al mediodía. Y a ser altísimo, al atardecer.

Con ella, con mi propietaria, con la dulce sádica que macera mis sueños con sus caricias hombrunas, me soñé sudorosamente anoche. Durante el extrañamiento de la pesadilla no sentí ningún miedo, ningún desasosiego, la recuerdo completa. Mi ama había abandonado a su suerte a su esclavizada sombra. Sombra agotada de tanto deambular sin fin, poseída por el tedio de los largos corredores, de la mecánica compasión, de la rigidez poética de su mirada. Pero no alcanzaba a entender la razón de su solitaria supervivencia. Apesadumbrada, vagabundeó sin cesar por la ciudad, ocultándose, de noche, intentando no ser vista por nadie. Ser una nada oscura, silente, disuelta, eso era lo que deseaba. No quería seguir siendo un fantasma informe. Su reflejo perpetuo en el mojado asfalto la desasosegaba. Pensó en el suicidio blanco: tirarse desde el puente al río o a la carretera. Los rechazó: sólo conseguiría mojarse o volar un rato. Ni eso.

Con la lenta rapidez con que transcurre el dolor, la fuerza empezó a regresar a ella. Recobró el ánimo, la confianza. Deseaba que la vieran. Quería dejar de errar sin fin, reposar en alguna persona, cosa, objeto... Abrazarse a un dueño/sueño. Quería huir de su reciente pasado, tener un acompañante de carne y hueso. Quería estar pegada a una corporeidad.

Preguntó a los árboles, a los edificios, a los perros, a los coches, a las farolas. Todos le respondían lo mismo: "Yo ya tengo mi sombra, cómo quieres que tenga dos". Sólo pedía que alguien o algo le tendiese su cuerpo. Pero siguió por extraviados y céntricos lugares, por pavorosas esquinas, por nostálgicas praderas. Hasta le pidió a la espesa niebla ser su sombra, a los chupiteles de hielo abandonados por la madrugada, al mismísimo silencio eterno se lo pidió.

Me desperté cuando oí la sinfonía monótona con que nos dan los buenos días, y esperé hasta que ella apareció. Parecía cambiada. A mi monja le faltaba algo, pensé, la resuelta autoridad, el orgullo brillante de la mirada, la rígida compostura, la desafiante seguridad. Parecía que le faltaba el alma.

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Notita: Me he acordado de esta prosita cuando vi esto.

martes, 8 de enero de 2008

El puño fantasma

El 25 de mayo de 1965, ante 1.245 espectadores, tuvo lugar el segundo combate entre Classius Clay y Sonny Liston por el campeonato mundial de los pesos pesados en un modesto gimnasio de un instituto de secundaria de Lewiston (Maine). En el primer minuto del primer asalto, sin sangre, sin violencia apenas, de forma alada, Alí venció por K.O. a Sonny Liston. Creo que es imposible ver el gancho de izquierda que, se dice, le dió Alí a Liston, yo por lo menos no consigo verlo. Pero existió, claro que existió.

lunes, 7 de enero de 2008

La noche antes de volver de la ciudad de provincias a la capital (¿provinciana?) nos dimos un paseo nocturno bajo la lluvia. Había muy poca gente. Toda su belleza para nosotros solos.