

"No había aire. Tuve que sorber el mismo aire que salía de mi boca, deteniéndolo con las manos antes de que se fuera. Lo sentía ir y venir, cada vez menos; hasta que se hizo tan delgado que se filtró entre mis dedos para siempre. Digo para siempre." (PEDRO PÁRAMO)
Conviví mucho con mis abuelos maternos (iba a decir: ... “por circunstancias que no vienen al caso”). El abuelo murió hace ya unos años, bastantes. Hablaba mucho con él. Le recuerdo con frecuencia, durante mi vigilia, o sea, se quiere decir que lo recuerdo sobre todo mientras estoy despierto. No me acuerdo de ningún sueño en el que apareciese él, ni siquiera para asustarme. Con mi abuela también he hablado mucho, más incluso desde la muerte del abuelo. Ella murió hace unos años, pocos. Su muerte fue plácida o, al menos, eso me dijeron. Murió dormida/sedada/cansada/consumida. Anoche hizo humedad y bochorno, "habitual por estas fechas”. Y yo estaba sudando copiosamente y soñando tranquilamente, bueno, lo tranquilamente que se puede soñar cuando se está sudando copiosamente, cuando llamaron a la puerta, un timbrazo contundente. Me levanté y fui a abrir, “¿quién será a esas horas?”. Apareció mi abuela, mucho más grande, más corpulenta, más alta, con un vestido de verano que dejó en su armario, era bastante elegante incluso en su ancianidad, sencilla y elegante, me saludó con una sonrisa acogedora. Estaba transfigurada, por su blanquísima piel se transparentaba la luz de la luna. Nos dimos un fuerte abrazo. En ese momento no pude aguantar más y me desperté. Eran las cuatro y media de la mañana.
Me levanté (me volví a levantar), me sequé y bebí un litro de agua fría.
El 1 de junio de 1873 se abrió la primera sesión de las Cortes Constituyentes y comenzó la presentación de propuestas. El 7 de junio se debatió la primera de ellas, suscrita por siete diputados, que decía:
Artículo único. La forma de gobierno de la Nación española es la República democrática federal.
El Presidente, haciendo cumplir lo que ordenaba el Reglamento de las Cortes para la aprobación definitiva de las propuestas de ley, dispuso celebrar una votación nominal al día siguiente. El 8 de junio se aprobó la propuesta con el voto favorable de 219 diputados y solamente 2 en contra, proclamándose ese día la República federal. Al tiempo, los federalistas apostaban por un modelo confederal de tipo helvético, constituyéndose directamente en cantones independientes.
Así narraba Benito Pérez Galdós el clima parlamentario de la Primera República:
Las sesiones de las Constituyentes me atraían, y las más de las tardes las pasaba en la tribuna de la prensa, entretenido con el espectáculo de indescriptible confusión que daban los padres de la Patria. El individualismo sin freno, el flujo y reflujo de opiniones, desde las más sesudas a las más extravagantes, y la funesta espontaneidad de tantos oradores, enloquecían al espectador e imposibilitaban las funciones históricas. Días y noches transcurrieron sin que las Cortes dilucidaran en qué forma se había de nombrar Ministerio: si los ministros debían ser elegidos separadamente por el voto de cada diputado, o si era más conveniente autorizar a Figueras o a Pi para presentar la lista del nuevo Gobierno. Acordados y desechados fueron todos los sistemas. Era un juego pueril, que causaría risa si no nos moviese a grandísima pena.
Presidiendo un Consejo de Ministros, harto de debates estériles, llegó Estanislao Figueras a gritar en catalán: «Señores, ya no aguanto más. Voy a serles franco: ¡estoy hasta los cojones de todos nosotros!» [1] Tan harto que el 10 de junio dejó disimuladamente su dimisión en su despacho en la Presidencia, se fue a dar un paseo por el parque del Retiro y, sin decir una palabra a nadie, tomó el primer tren que salió de la estación de Atocha. No se bajó hasta llegar a París.
[1]«Senyors, ja no aguanto més. Vaig a ser-los franc: estic fins als collons de tots nosaltres!».
Nos dice JOSÉ LUIS PARDO en su libro "Esto no es música":Sangre alegre
Volcán oceánico
Mortal y rosa
Enrojecido
Mi recuerdo es araña
Lluvia y cristal
Número solo
Insistencia húmeda
Despojo y brillo
Apeadero
De todos los mis rastros
Patio de luces
Fulgor de piel
Cicatriz de la hora
Carencia y rojo