domingo, 27 de abril de 2008

A la busca de un final lírico (93)

Soy un tipo introvertido en todos los sentidos intuidos de la palabra. Pero mi vida interior, decantada durante mucho tiempo, acabó concentrándose en el estudio del régimen jurídico de las mutuas de seguros a prima fija que, pienso sinceramente, sueñan con poder transformarse, algún día, en mutuas a prima variable. Por todas estas cosas (en realidad apenas una), a ver si lo digo, casi nunca, desde hace mucho, miro hacia mi interior. Dejé de preocuparme de mi introvertismo. Era tan transparente, el pobre, que cuando me fijaba en él (¡qué podría hacer si no, estaba atrapado!), solía acabar viendo el suelo, la acera cenicienta ("sentado en la acera dormida, dulce, atolondrado y mojado de ti"), o una pared encalada de gotelé, o ese cielo ensimismado de nada, sobre todo cuando se le sube a la cara el color panza de burro (con lo que me gustan las nubes algodonosas, que me recuerdan la sonrosada excelsitud de tu hombro).

" Definir es cenizar", he leído hace poco.

Ahora, cuando me he decidido a entrar, te veo a ti tan extravertida que no tengo más remedio intuitivo que meterme todos los dedos de una mano en la boca. Burbuja espléndida de carmín encalada, húmeda exhibición de transparencias sonrosadas, frescor de cueva en lírica copa, alejado sabor a ti, imposible pesadilla de la felicidad (recordemos la frase de Tertuliano: es cierto porque es imposible).

Oh, mi Penélope de la noche.

viernes, 25 de abril de 2008

A la busca de un final lírico (92)

¿Y el asma?

El médico me ha dicho que se debe a un hongus focus, un hongo que vive en el aire. Yo, en cambio vivo como los suicidas, me sumerjo en la muerte y al despertar me entrego a los placeres de la resurrección. Mi asma llega hasta mí en dos ondas: primero, desaparece por debajo del mar, y luego arriba al gran acuario donde todos los peces saborean el mundo.

Yo también soy como un pez: a falta de bronquios respiro con mis branquias. Me consuela pensar en la infinita cofradía de grandes asmáticos que me ha precedido. Séneca fue el primero. Proust, que es de los últimos, moría tres veces cada noche para entregarse en las mañanas al disfrute de la vida. Yo mismo soy el asma, porque a la disnea de la enfermedad he sumado también la disnea de la inmovilidad. Aquí estoy, en mi sillón, condenado a la quietud, ya peregrino inmóvil para siempre. Mi único carruaje es la imaginación pero no a secas: la mía tiene ojos de lince. Son ya pocos los años que me quedan para sentir el terrible encontronazo del más allá. Pero a todo sobreviví, y he de sobrevivir también a la muerte. Heidegger sostiene que el hombre es un ser para la muerte; todo poeta, sin embargo, crea la resurrección, entona ante la muerte un hurra victorioso. Y si alguno piensa que exagero, quedará preso de los desastres del demonio y de los círculos infernales.

Pero, la inmovilidad y los viajes

Es que hay viajes más espléndidos: los que un hombre puede intentar por los corredores de su casa, yéndose del dormitorio al baño, desfilando entre parques y librerías. ¿Para qué tomar en cuenta los medios de transporte? Pienso en los aviones, donde los viajeros caminan sólo de proa a popa: eso no es viajar. El viaje es apenas un movimiento de la imaginación. El viaje es reconocer, reconocerse, es la pérdida de la niñez y la admisión de la madurez. Goethe y Proust, esos hombres de inmensa inmensidad, no viajaron casi nunca. La imago era su navío. Yo también: casi nunca he salido de La Habana. Admito dos razones: a cada salida empeoraban mis bronquios; y además, en el centro de todo viaje ha flotado siempre el recuerdo de la muerte de mi padre. Gide ha dicho que toda travesía es un pregusto de la muerte, una anticipación del fin.

Yo no viajo: por eso resucito.

Más.

miércoles, 23 de abril de 2008

A la busca de un final lírico (91)

Llueve mansamente y sin parar, llueve sin ganas pero con una infinita paciencia, como toda la vida, llueve sobre la tierra que es del mismo color que el cielo, entre blando verde y blando gris ceniciento, y la raya del monte lleva ya mucho tiempo borrada.
- ¿Muchas horas?
- No; muchos años. La raya del monte se borró cuando la muerte de Lázaro Codesal, se conoce que Nuestro Señor no quiso que nadie volviera a verla.
Lázaro Codesal murió en Marruecos, en la posición de Tizzi-Azza; lo mató un moro de la cabila de Tafersit, según lo más probable. Lázaro Codesal se daba muy buena maña en preñar mozas, también tenía afición, y gastaba el pelo colorado y el mirar azul. A Lázaro Codesal, que murió joven, no llegaría a los veintidós años, ¿para qué hubo de valerle manejar el palo como nadie, en cinco leguas a la redonda o más? A Lázaro Codesal lo mató un moro a traición, lo mató mientras se la meneaba debajo de una higuera, todo el mundo sabe que la sombra de la higuera es muy propicia para el pecado en sosiego; a Lázaro Codesal, yéndole de frente, no lo hubiera matado nadie, ni un moro, ni un asturiano, ni un portugués, ni un leonés, ni nadie. La raya del monte se borró cuando mataron a Lázaro Codesal y ya no se volvió a ver nunca más.
Llueve con tanta monotonía como aplicación desde el día de San Ramón Nonato, a lo mejor desde antes aun, y hoy es San Macario, que trae suerte a los naipes y a las papeletas de rifa. Orvalla despacio y sin parar desde hace más de nueve meses sobre la yerba del campo y los cristales de mi ventana, orvalla pero no hace frío, quiero decir mucho frío; si supiera tocar el violín me pasaría las tardes tocando el violín, pero no sé; si supiera tocar la armónica me pasaría las tardes tocando la armónica, pero no sé. Lo que yo sé tocar es la gaita, no es propio tocar la gaita dentro de las casas. Como no sé tocar ni el violín ni la armónica, y como la gaita no debe soplarse bajo techo, me paso las tardes en la cama haciendo las porquerías con Benicia (después diré quién es Benicia, la mujer que tiene los pezones como castañas), en la capital se puede ir al cine a ver a Lily Pons, la joven y distinguida soprano, en la intervención del principal papel femenino de la cinta Sueño demasiado, eso dice el periódico, pero aquí no hay cine.

Mazurca para dos muertos, de 1983. Camilo José Cela.

domingo, 20 de abril de 2008

sábado, 19 de abril de 2008

viernes, 18 de abril de 2008



Me consuela Duffy

jueves, 17 de abril de 2008

A la busca de un final lírico (90)

A las tres y cuarto de la mañana, el domingo 12 de febrero de 1804, Kant se estiró como si adoptara una posición para el último de sus actos y ya no cambió de postura hasta el momento de morir. Le toqué en las partes donde late el pulso: había dejado de ser perceptible en las manos, los pies y el cuello y sólo golpeaba con fuerza, aunque interrumpiéndose, en la cadera izquierda.
A eso de las diez de la mañana sobrevino un cambio notable; la mirada se volvió rígida, la cara y los labios descoloridos y de una palidez cadavérica. A pesar de ello, tan intensos eran los hábitos de su naturaleza que no hubo ni asomo del sudor frío que suele acompañar la última agonía mortal.
Eran casi las once de la mañana cuando se acercó el momento de la disolución. Su hermana estaba al pie del lecho, el hijo de su hermana a la cabecera. Yo me había puesto de rodillas con objeto de seguir comprobando las fluctuaciones del pulso, y llamé al criado para que asistiese a la muerte de su buen señor. La agonía de Kant tocaba ahora a su fin, si acaso puede hablarse de agonía cuando no hay lucha de ninguna clase. Precisamente en este momento entró en la habitación su distinguido amigo R. R. V., que yo había hecho llamar con un mensajero. La respiración comenzó por hacerse más débil, luego se volvió irregular y cesó por completo; el labio superior parecía ligeramente convulso; siguió una breve exhalación o suspiro, y luego nada más, pero el pulso latió aún unos segundos, más despacio y más débil, más despacio y más débil, hasta interrumpirse; el mecanismo se detuvo; el último movimiento había terminado y en ese momento preciso el reloj dio las once.
Poco después de la muerte de Kant se le afeitó la cabeza y, bajo la dirección del profesor Knorr, se tomó un molde de yeso -no sólo una mascarilla sino un molde de toda la cabeza- destinado (creo) a enriquecer la colección craneológica del doctor Gall.
Una vez amortajado y dispuesto en el féretro el cadáver, acudió a verlo un número inmenso de gente de toda condición, de la más noble a la más humilde. Todos querían aprovechar la última oportunidad que tendrían para decir: "Yo también vi a Kant". Durante varios días el público llenó la casa de la mañana a la noche. Grande fue el asombro de todos al advertir la extrema delgadez de Kant, y hubo acuerdo general en que nunca se vio un cadáver tan magro y consumido. La cabeza descansaba sobre el almohadón en que una vez los caballeros de la universidad le presentaron un homenaje; creí que no podía darle destino más honorable que poniéndolo en el ataúd para que sirviera de última almohada a esa cabeza inmortal.
Años antes, en un memorándum especial, Kant había expresado sus deseos sobre el estilo y la forma de su entierro. En él indicaba que se le enterrase por la mañana temprano, con el menor ruido y agitación que fuese posible y tan sólo en presencia de unos cuantos de sus amigos más íntimos. Habiendo encontrado el memorándum mientras, a petición suya, ordenaba sus papeles, le expresé con entera franqueza mi opinión de que tales disposiciones me traerían grandes dificultades en mi calidad de albacea suyo, ya que probablemente se presentarían circunstancias en las que sería casi imposible aplicarlas. Ante tales razones, Kant rompió el papel y lo dejó todo a mi criterio. Preveía yo que les alumnos de la universidad no permitirían que se les privara de la oportunidad de manifestar su veneración en exequias públicas. Los hechos demostraron que no me había equivocado, pues la ciudad de Könisberg no asistió nunca, ni antes ni después, a un funeral tan solemne y magnífico. Los diarios públicos y los relatos aparecidos en folletos, etc., contienen una descripción tan detallada que me limitaré a recordar aquí sólo los aspectos principales de la ceremonia.
El 28 de febrero, a las dos de la tarde, todos los dignatarios de la Iglesia y el Estado, no sólo residentes en Könisberg, sino también venidos de los más apartados rincones de Prusia, se reunieron en la capilla del castillo. A partir de este lugar fueron escoltados por los miembros de la universidad, vestidos espléndidamente para el funeral, y con muchos oficiales militares de alta graduación -que siempre sintieron gran afecto por Kant-, hasta la casa del profesor desaparecido; los restos salieron a la luz de las antorchas, mientras tañían las campanas de todas las iglesias de Könisberg, y se llevaron a la catedral, que estaba iluminada para la ceremonia con innumerables cirios. Los seguía una multitud enorme. En la catedral, después de los ritos funerarios usuales, que estuvieron acompañados por todas las expresiones posibles de veneración nacional por el extinto, se llevó a cabo un solemne servicio musical, admirablemente interpretado, al terminar el cual los despojos mortales de Kant se depositaron en la bóveda académica, donde ahora descansa entre los patriarcas de la universalidad. PAZ A SUS RESTOS; HONOR ETERNO A SU MEMORIA.

"Los últimos días de Emmanuel Kant", 1827. Thomas de Quincey

martes, 15 de abril de 2008

A la busca de un final lírico (89)

VIDA

A Paula Romero

Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.

Grito "¡Todo!", y el eco dice "¡Nada!".
Grito "¡Nada!", y el eco dice "¡Todo!".
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era ceniza de la nada.

No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada).

Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.

"Cuadernos de Nueva York", de 1998.

José HIERRO

Addenda:

Para nada

Trabajé el aire
se lo entregué al viento:
voló, se deshizo,
se volvió silencio.

Por el ancho mar,
por los altos cielos,
trabajé la nada,
realicé el esfuerzo,
perforé la luz
ahondé el misterio.

Para nada, ahora,
para nada, luego;
humo son mis obras,
cenizas mis hechos.

...Y mi corazón
que se queda en ellos.

ÁNGEL GONZÁLEZ


sábado, 12 de abril de 2008

miércoles, 9 de abril de 2008

ANACRONISMOS (Ana cronometra mis mecanismos)

las enumeraciones caóticas
el sentimiento trágico de la vida
los preámbulos y los prerrequisitos
lavarse los pies en una palangana después de cortarse las uñas
decir: "yo hago lo que me da la gana"
las muchachas que no son góticas
cepillarse el pelo con el abrigo puesto
el sentimiento lírico de la vida
circuncidarse en los días cercanos a los equinoccios
la ruptura generalizada de hostilidades
decir: "no me funciona el instalache"
enviar flores de desamor por las mañanas
indagarse en los mismísimos
el sentimiento cómico de la vida
los recuerdos muertos en los charcos
mirar al espejo buscando el vocabulario de los poetas
masticar el hielo abandonado en el vaso de la bella
buscar los olores deshilachados de los orgasmos
el insomnio lujurioso de la memoria
ser cursi en los funerales
respirar tu blanca piel perfumada de moscas
en fin las carreras en las medias de cristal de la mujeres
que dejaban vislumbrar su carne de gallina

lunes, 7 de abril de 2008

A la busca de un final lírico (88)

Algunas arañas se hacen las muertas para conseguir sexo

Una araña ‘Pisaura Mirabilis’ con su huevo. - PÚBLICO
DANIEL MEDIAVILLA - Madrid - 03/03/2008 19:35

Aunque dar pena es una estrategia de ligue empleada por algunos machos de una especie de primates, en la búsqueda de la cópula, en el mundo animal es más habitual el pavoneo. Por eso es tan peculiar el hallazgo realizado por investigadores de la Universidad de Aarhus (Dinamarca).

En un artículo publicado en Behavioral Ecology , explican cómo los machos de las arañas Pisaura mirabilis se hacen los muertos para lograr sexo.

Los autores organizaron citas entre machos y hembras de la especie y observaron su comportamiento. Para atraer a posibles parejas, los machos se colocan en la boca un poco de comida que ofrecen como regalo. Mientras esperaban la llegada de las hembras, algunos de ellos se hicieron los muertos. Entonces, ellas se acercaron al macho y atraparon el trozo de comida. Cuando las hembras trataron de llevarse el alimento, el macho revivió de repente y se colocó en posición de cópula.

Según explicaba la semana pasada la revista New Scientist, el 89% de los machos que utilizaron el truco de hacerse los muertos lograron su objetivo. De los que jugaron limpio, sólo un 40% consiguió hacerlo. Además, los que hicieron teatro gozaron de cópulas más prolongadas y pudieron así fertilizar más huevos.

Este tipo de tácticas son habituales para engañar a los depredadores, sin embargo, según los investigadores, es la primera vez que se observa su uso con el objetivo de practicar actos sexuales.

sábado, 5 de abril de 2008

A la busca de un final lírico (87)

Puesta de sol del 21 de marzo de 2008 en Espinho (Portugal)

miércoles, 2 de abril de 2008

A la busca de un final lírico (86)

El Consolamentum era el único sacramento administrado por los cátaros, una especie de bautismo, comunión y extremaunción juntas. De modo diferente que en los sacramentos de la Iglesia, este bautismo no se necesitaba agua. Se requerían únicamente algunas palabras y el evangelio de San Juan. Esto se debe a que los cátaros eran seguidores de una Iglesia alterna, dualista, gnóstica sin jerarquía, que según ellos fue iniciada por San Juan y Santa María Magdalena. No participaban en los sacramentos católicos, ya que detestaban a la Iglesia de Roma. Según los cátaros, el consolamentum era el bautismo del Espíritu Santo. Este ritual fue tomando diversas formas y proviene, en su origen, de algunos grupos sectarios cristianos que desconocían toda jerarquía eclesiástica.

Pese a que el consolamentum era un único sacramento, era administrado en dos circunstancias diferentes. La primera era sólo para los creyentes más fieles y abnegados. Se administraba a iniciados ascetas de ambos sexos que habían llegado a la edad adulta, los cuales, una vez bautizados, se convertían en "Parfait" (Perfectos). Los Parfait debían ser vegetarianos, célibes y dedicar sus vidas a viajar y enseñar las doctrinas cátaras. Los Parfait eran los líderes de la comunidad cátara.

La gran mayoría de la población no recibía el consolamentum hasta la hora de su muerte. Una vez que se administraba este sacramento a los moribundos, a estos se les asignaban idénticas tareas que a los perfectos, si bien es obvio que no se esperaba de ellos que fueran a viajar o predicar anunciando su doctrina desde su lecho de muerte.

Esto permitía a muchos creyentes ser perdonados de sus pecados y placeres mundanales durante su vida terrenal y recibir la absolución poco antes de morir.

En algunos casos, durante los últimos años de los cátaros (antes de que fueran condenados por herejía) el enfermo que estaba a punto de morir iniciaba un ayuno total tras recibir el consolamentum. Esta práctica se conocía como "endura", y era una forma ritual de suicidio para asegurarse el tránsito a la nueva vida y la reunificación con el Dios del bien. Este ayuno era una alternativa válida para ganarse el consolamentum.

Texto copiado íntegramente de aquí.