jueves, 26 de junio de 2008

miércoles, 25 de junio de 2008

A la busca de un final lírico (103)

La foto es mala, pero vale. Pelícano en el Monasterio de San Juan de Poio.

EL PELÍCANO

El Pelícano de la zoología común es un ave acuática, de dos metros de envergadura, con un pico muy largo y ancho, de cuya mandíbula inferior pende una membrana rojiza que forma una especie de bolsa para guardar pescado; el de la fábula es menor y su pico es breve y agudo. Fiel a su nombre, el plumaje del primero es de color blanco; el del segudno es amarillo y a veces verde. Aún más singular que su aspecto resaltan sus costumbres.

Con el pico y las garras, la madre acaricia a los hijos con tanta devoción que los mata. A los tres días llega el padre; éste, desesperado al hallarlos muertos, se abre a picotazos el pecho. La sangre que derraman sus heridas los resucita... Así refieren los bestiarios el hecho, salvo que San Jerónimo, en un comentario al Psalmo 102 ("Soy como un pelícano del desierto, soy como una lechuza del yermo"), atribuye la muerte de los hijos a la serpiente. Que el Pelícano se abre el pecho y alimenta con su propia sangre a los hijos es la versión común de la fábula.

Sangre que da vida a los muertos sugiere la Eucaristía y la cruz, y así un verso famoso del Paraíso (XXV, 113) llama "nuestro Pelícano" a Jesucristo. El comentario latino de Benvenuto de Imola aclara: "Se dice pelícano porque se abrió el costado para salvarnos, como el pelícano que vivifica a los hijos muertos con la sangre del pecho. El pelícano es ave egípcea".

La imagen del Pelícano es habitual en la heráldica eclesiástica y todavía lo gravan en los copones. El bestiario de Leonarado da Vinci define así al Pelícano:
"Quiere mucho a sus hijos, y hallándolos en el nido muertos por las serpientes, se desgarra el pecho y, bañándolos con su sangre, los vuelve a la vida".

EL LIBRO DE LOS SERES IMAGINARIOS, Jorge Luis Borges.

miércoles, 18 de junio de 2008

A la busca de un final lírico (102)

Rentas constantes, perpetuas y pospagables.

Su valor puede obtenerse directamente si nos basamos en su propio concepto:
"El perceptor de una renta perpetua, una vez fijado el tipo de interés anual, i, estará dispuesto a ceder su derecho siempre que perciba la cantidad necesaria para obtener la referida renta anual. Si llamamos C a esta cantidad y suponemos la renta de 1 peseta (perdón, de 1 €), tendremos:

C . i = 1 €; C= 1 €/i

Ejemplo:

El señor Nichodades tiene derecho a cobrar por razón de determinada disposición testamentaria (de su tía abuela madame de Germantes, longeva y alta, los dedos de sus manos parecían las patas de una araña, siempre llevaba las uñas pintadas y los labios pintados y unos pendientes antiquísimos colgados de sus arrugadas orejas, se fumaba una cajetilla diaria de winston, y leía continuamente con su vetusta mirada las obras completas de Valle-Inclán) 120.000 € anuales que le ha de pagar el heredero de una finca (el nieto de su tía abuela, Marcelo García de Germantes, ingeniero non nato de caminos, canales y puertos, hombre altísimo, algo destartalado de huesos, los dedos de sus manos parecen las patas de un centollo, viste siempre con algo verde y con otro algo pardo, no es miope pero lo parece, tiene bastante facilidad retórica). Como quiere liberarse de semejante carga, le propone al señor Nichodades, después de pagarle la cantidad correspondiente al presente año, el abono de la cantidad que resulte computando intereses al 6%.
Aceptada la propuesta, determinar la cantidad que deberá entregarse al señor N. para liberar la operación.

Solución:

Se trata de una renta perpetua de 120.000 € anuales, pospagable, que al 6% tendrá el siguiente valor actual (V):

V= 120.000:0,06= 2.000.000 €

Comentario: obviamente, si el tipo de interés pactado hubiese sido del 3%, el señor Nichodades hubiera estrechado las manos del señor García de Germantes con muchísimo más entusiasmo:

V= 120.000: 0,03= 4.000.000 €

(Comentario empalagoso-moralinoso: si queremos que baje el precio de los pisos, lo más seguro es que suba el euribor, y viceversa).

domingo, 15 de junio de 2008

Crepúsculo de un dedo/bolígrafo bic


Veamos..., que a veces uno ve cómo se le amorata un dedo, el dedo índice, en el momento último de la tardonoche.

O sea, que ese uno mismo contempla indiferente cómo su dedo se metamorfosea.

Pasa del rojo amarillento -un dedo pálido, apagado- al morado brillante.

Como si un bolígrafo bic azul fuera arrojado a vivir un crepúsculo que no entiende.

Su dedo es, ahora, un bolígrafo bic pletórico de querer decir cosas moradas.

O sea, que uno, de pronto, cuando se sienta a beber/no beber el vaso de leche (con galletas fontaneda) antes de irse a la cama,

se convierte en testigo de lo que le pasa a uno de sus dedos,

en el testigo de cómo uno de ellos -el índice, ya se dijo- se pone cardenalíceo,

como si fuera uno más de la especie de los rododendros. (Ver también).

Se amontona en el tacto de ese dedo todo el espeso cansancio de la hora,

pero no está cansado de nada, sino que está en ese punto inocente de querer escanciarse,

como si fuera el vino en metafísico pánico de la jarra de Heidegger.

Como que quiere desangrarse en moradas caligrafías,

deslizarse en sorda epifanía sobre la piel tentadora y confusa de un papel en blanco,

increpar su apariencia lírica, tiernamente desesperada.

A veces, algunos de nosotros -algunos de los bolígrafos bic-

queremos que broten de nosotros originales abecedarios.

Queremos ser, al menos, como un reloj cualquiera

que va creando imparable, en su destiempo mecánico,

los segundos morados del tiempo.

sábado, 14 de junio de 2008

Daguerrotipo de Fernando Pessoa (Manuel Vicent) (Pinche)


La Baixa

Algunas greguerías después de lo de la jarra

"Lo más maravilloso de la espiga es lo bien hecha que tiene la trenza"

"Lo malo del deseo es que vuelve sin avisar"

"La tienda de pianos tiene algo de funeraria de la música"

"El agua no tiene memoria: por eso es tan limpia"

"Hablando químicamente: somos un precipitado de zapatos viejos"

"Lo peor de los pobres es que no pueden dar dinero"

"En las cajas de lápices guardan sus sueños los niños"

"¿Cómo habría que saludar al sastre cuando nos ha hecho el que creemos nuestro último traje?"

"Lo más terrible de nuestro libro de direcciones es que sacarán de él las señas de nuestros amigos para enviarles nuestra propia esquela de defunción"

Ramón Gómez de la Serna

viernes, 13 de junio de 2008

La jarra de Heidegger (o sea, el pánico metafísico de la jarra de Heidegger)

Una cosa es la jarra. ¿Qué es la jarra? Decimos: un recipiente; algo que acoge en sí algo distinto de él. En la jarra lo que acoge son el fondo y las paredes. Esto que acoge se puede a su vez coger por el asa. Como recipiente, la jarra es algo que está en sí. El estar en sí caracteriza a la jarra como algo autónomo...

... El alfarero fabrica la jarra de tierra a partir de la tierra escogida y preparada ex profeso para ello. De ella está hecha la jarra. En virtud de aquello de lo que está hecha, la jarra puede estar de pie sobre la tierra, ya sea de un modo inmediato, ya sea de un modo mediato, por medio de una mesa o un banco...

... La jarra es una cosa en cuanto recipiente...

... Nos daremos cuenta de lo que es lo que acoge del recipiente si llenamos la jarra. Está claro que las paredes y el fondo de la jarra son los que se hacen cargo de acoger. ¡Pero despacio! Cuando llenamos de vino la jarra, ¿vertemos el vino en las paredes y en el fondo? Todo lo más, lo que hacemos es verter el vino entre las paredes y sobre el fondo. Paredes y fondo son evidentemente lo impermeable de la jarra. Ahora bien, lo impermeable no es todavía lo que acoge. Cuando llenamos del todo la jarra, el líquido, fluye en la jarra vacía. El vacío es lo que acoge del recipiente. El vacío, esta nada de la jarra, es lo que la jarra es como recipiente que acoge.

Ahora bien, la jarra consta de paredes y fondo. Aquello de lo que consta es lo que hace que la jarra esté en pie. ¿Qué sería de una jarra que no estuviera en pie? Cuando menos sería una jarra mal hecha; seguiría siendo una jarra, pero una jarra que, si bien acogería, como jarra que se tumba continuamente dejaría salir aquello que ha acogido. Pero dejar salir lo acogido es algo que sólo puede hacerlo un recipiente.

La pared y el fondo de los que consta la jarra y gracias a los cuales la jarra se mantiene en pie no son propiamente lo que acoge. Pero si esto último descansa en el vacío de la jarra, entonces el alfarero, que con el torno da forma a la pared y al fondo, lo que hace no es propiamente la jarra. Lo único que hace es moldear la arcilla. No... moldea el vacío. Para él, hacia él y a partir de él moldea la arcilla dándole una forma. El alfarero lo primero que hace, y lo que está haciendo siempre, es aprehender lo inasible del vacío y producirlo en la figura del recipiente como lo que acoge. El vacío de la jarra determina cada uno de los gestos de la actividad de producirla...

... Pero ¿está realmente vacía la jarra?

La ciencia física nos asegura que la jarra está llena de aire y de todo lo que constituye la mezcla aire. Nos hemos dejado engañar por un modo semipoético de observar las cosas al referirnos al vacío de la jarra para determinar aquello que en ella acoge.

Sin embargo, así que nos ponemos a investigar la jarra real de un modo científico en vistas a su realidad, se pone de manifiesto un estado de cosas distinto. Cuando vertemos vino en la jarra, lo único que ocurre es que sacamos el aire que llena la jarra y lo sustituimos por un líquido. Llenar la jarra, desde un punto de vista científico, significa cambiar un contenido por otro...

... ¿En qué se basa el carácter de jarra de la jarra? Es algo que de repente hemos perdido de vista, y esto ha ocurrido en el momento en que se impuso la apariencia de que la ciencia podía darnos razón sobre la realidad de la verdadera jarra. Representábamos lo operante del continente, lo que acoge, el vacío, como una concavidad llena de aire. Éste es el vacío real, pensado desde el punto de vista físico: pero no es el vacío de la jarra. No dejamos al vacío de la jarra ser su vacío. No prestamos atención a aquello que en el recipiente es lo que acoge. No consideramos de qué modo el acoger mismo esencia. De ahí que, necesariamente, se nos escapara también aquello que la jarra acoge. El vino, para el modo de representar de la ciencia, se convirtió en mero líquido; éste se convirtió en un agregado de materias, algo general y posible en todas partes. Omitimos reflexionar sobre lo que la jarra acoge y sobre el modo como acoge.

¿Cómo acoge el vacío de la jarra? Acoge tomando aquello que se le vierte dentro. Acoge reteniendo lo que ha recibido. El vacío acoge de un modo doble: tomando y reteniendo. De ahí que la palabra «acoger» tenga un doble sentido. Pero el tomar lo que se le vierte dentro y el retener lo vertido se copertenecen. Pero esta unidad está determinada por el verter hacia afuera, que es aquello a lo que la jarra como jarra está destinada. El doble acoger del vacío descansa en el verter hacia afuera. En cuanto tal, el acoger es propiamente como es. El verter hacia afuera de la jarra es escanciar. En el escanciar lo vertido dentro esencia el acoger del recipiente. El acoger necesita del vacío como de aquello que acoge. La esencia del vacío que acoge está coligada en el escanciar (obsequiar). Pero el escanciar es algo más rico que el mero verter hacia afuera. El escanciar, en el que la jarra es jarra, se coliga en el doble acoger, a saber, en el derramar hacia afuera... El carácter de jarra de la jarra esencia en el obsequio de lo vertido. También la jarra vacía retiene su esencia a partir del obsequio, aunque la jarra vacía no permite un verter hacia afuera. Pero este no permitir es propio de la jarra y sólo de la jarra. Una guadaña o un martillo, por el contrario, no son capaces de este no permitir este escanciar.

El obsequio de lo vertido de la jarra puede ser una bebida. Se puede beber agua, se puede beber vino.

En el agua del obsequio demora el manantial. En el manantial demora el roquedo: en él, el oscuro sopor de la tierra que recibe las lluvias y el rocío del cielo. En el agua del manantial demoran las nupcias de cielo y tierra. Demoran en el vino que da el fruto de la cepa, un fruto en el que el elemento nutricio de la tierra y el sol del cielo están confiados el uno al otro. En el obsequio del agua, en el obsequio del vino demoran siempre cielo y tierra. Pero el obsequio de lo vertido es el carácter de jarra de la jarra. En la esencia de la jarra demoran tierra y cielo...

jueves, 5 de junio de 2008

28 de octubre (de 1935)

La poesía comienza cuando un necio dice del mar: "Parece aceite". No se trata, en absoluto, de una más exacta descripción de la bonanza, sino del placer de haber descubierto la semejanza, del cosquilleo de una misteriosa relación, de la necesidad de gritar a los cuatro vientos que se ha notado.
Pero resulta igualmente necio detenerse aquí. Iniciada así la poesía, es preciso acabarla y componer un rico relato de relaciones que equivalga hábilmente a un juicio de valor.
Esta sería la poesía típica, la idea. Pero normalmente las obras están hechas de sentimiento -la exacta descripción de la bonanza- que a ratos espumea en descubrimientos de relaciones. Puede ocurrir que la poesía típica sea irreal y -al igual que vivimos también de microbios- lo que se ha hecho hasta ahora conste de meros trozos miméticos (sentimiento), de pensamientos (lógica) y de relaciones a la buena de Dios (poesía). Una combinación más absoluta quizá sería irrespirable y necia.

2 de junio (de 1938)

En las cosas sexuales me parece que el hombre, al satisfacerse, se tranquiliza y aleja, la mujer se enciende aún más y se vuelve libidinosa.
Razón ésta del hecho natural de que la mujer huye, e intenta perennemente dejar al hombre con el antojo, para ligarlo a sí. Mientras que al hombre de nada le sirve negarse a la mujer para ligarla a sí.
Además la mujer, que hace al hijo, encuentra en éste su paz; el hombre, si no encontrase la paz en el simple coito, no la encontraría nunca.

19 de setiembre (de 1938)

Los hombres que tienen una tormentosa vida interior y que no buscan desahogo en sus palabras o en sus escritos, son simplemente hombres que no tienen una tormentosa vida interior.
Dadle una compañía al solitario y hablará más que nadie.

5 de julio (de 1941)

Con las mujeres de los otros no sé qué hacer.

2 de agosto (de 1942)

El aburrimiento indecible que te provocan en los diarios las páginas de viajes. Los ambientes nuevos, exóticos, que han sorprendido al autor. Nace sin duda de la carencia de raíces que estas impresiones tenían, al haber surgido como de la nada, del mundo exterior, y no estar cargadas de un pasado. Al autor le agradaron como estupor, pero el verdadero estupor es asunto de memoria, no de novedad.

12 de septiembre (de 1942)

Un hombre solo, en una barraca, comiendo la carne y la salsa de una olla. Algunos días la rasca con un viejo cuchillo, otros con las uñas; hace mucho tiempo, la olla estaba llena y era buena, ahora está agriada y para sentirle el gusto el hombre se come las uñas rotas. y proseguirá mañana, y luego.
Se asemeja a mí, que me busco el trabajo en el corazón.


El oficio de vivir
por Cesare Pavese
Traducción de Esther Benítez