viernes, 31 de octubre de 2008

Crisálida

Foto de la colección privada de doña Consuelo

miércoles, 29 de octubre de 2008

miércoles, 22 de octubre de 2008

A la busca de un final lírico (116)

EL ADIÓS

Recogí esta brizna en la nieve
Recuerda aquel otoño
----------------------------En breve
No nos veremos más
----------------------------Yo muero
Olor del tiempo brizna leve
Recuerda siempre que te espero

Guillaume Apollinaire

Versión de Andrés Holguín

martes, 21 de octubre de 2008

A la busca de un final lírico (115)

Algún recuerdo limitado y menguante de Herbert Ashe, ingeniero de los ferrocarriles del Sur, persiste en el hotel de Adrogué, entre las efusivas madreselvas y en el fondo ilusorio de los espejos. En vida padeció de irrealidad, como tantos ingleses; muerto, no es siquiera el fantasma que ya era entonces. Era alto y desganado y su cansada barba rectangular había sido roja. Entiendo que era viudo, sin hijos. Cada tantos años iba a Inglaterra: a visitar (juzgo por unas fotografías que nos mostró) un reloj de sol y unos robles. Mi padre había estrechado con él (el verbo es excesivo) una de esas amistades inglesas que empiezan por excluir la confidencia y que muy pronto omiten el diálogo. Solían ejercer un intercambio de libros y de periódicos; solían batirse al ajedrez, taciturnamente... Lo recuerdo en el corredor del hotel, con un libro de matemáticas en la mano, mirando a veces los colores irrecuperables del cielo. Una tarde, hablamos del sistema duodecimal de numeración (en el que doce se escribe 10). Ashe dijo que precisamente estaba trasladando no sé qué tablas duodecimales a sexagesimales (en las que sesenta se escribe 10). Agregó que ese trabajo le había sido encargado por un noruego: en Rio Grande do Sul. Ocho años que lo conocíamos y no había mencionado nunca su estadía en esa región... Hablamos de vida pastoril, de capangas, de la etimología brasilera de la palabra gaucho (que algunos viejos orientales todavía pronuncian gaúcho) y nada más se dijo -Dios me perdone- de funciones duodecimales. En setiembre de 1937 (no estábamos nosotros en el hotel) Herbert Ashe murió de la rotura de un aneurisma.
Uqbar, Tlön, Orbis Tertius

Jorge Luis Borges

jueves, 16 de octubre de 2008

martes, 14 de octubre de 2008

sábado, 4 de octubre de 2008

alzhéimer lírico

María del Rosario Cayetana Alfonsa Victoria Eugenia Francisca Fitz-James Stuart y de Silva, la XVIII duquesa de Alba. Según los registros, Cayetana (de Alba) posee más títulos que ningún otro noble. Es cinco veces duquesa, 18 marquesa, 20 condesa, también es condesa-duquesa; a lo que hay que añadir 14 veces grande de España.

La duquesa, hija única de Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, XVII duque de Alba, y María del Rosario de Silva y Gurtubay, XV duquesa de Aliaga y marquesa de San Vicente del Barco, tuvo una infancia algo triste, como ella ha confesado, ya que su madre murió cuando la niña tenía ocho años. Pero su vida dio un gran giro al marcharse a Londres, donde pasó la Segunda Guerra Mundial. Su padre era allí el embajador de España.

La duquesa de Alba no se rinde en su particular batalla para demostrar a todos, incluidos sus seis hijos, que con su vida va a hacer lo que quiera. Y para demostrarlo, anoche se presentó sin avisar en la iglesia del Cristo de los Gitanos, hermandad sevillana a la que pertenece, acompañada por su novio, Alfonso Díez. De esta manera escenificaba su primera aparición pública tras conocerse hace algo más de un mes que mantienen una relación sentimental.

Cayetana hizo planes de boda con Alfonso a espaldas de sus hijos, y éstos, al enterarse, desplegaron una serie de movimientos para convencer a su madre de que un matrimonio a los 82 años no era la mejor idea. La duquesa cedió inicialmente a las pretensiones de sus hijos. "Se han enfadado mucho conmigo y yo con ellos", dijo. Y añadió: "Pero si son ellos los que más cambian de pareja".

viernes, 3 de octubre de 2008

A la busca de un final lírico (111)

Capítulo primero

Extensión y fuerza militar del Imperio en tiempo de los Antoninos.

En el segundo siglo de la era cristiana, abarcaba el Imperio de Roma la parte más florida de la tierra la porción más civilizada del linaje humano. Resguardados los confines de tan dilatada monarquía con la fama antigua y el valor disciplinado, el influjo apacible y eficaz de leyes y costumbres había ido gradualmente hermanando las provincias. Disfrutaban y abusaban sus pacíficos moradores de las ventajas del caudad y el lujo, y consevábase todavía con decoroso acatamiento la imagen de una constitución libre. Poseía al parecer el senado romano la autoridad soberana, y trasladaba a los emperadores la potestad ejecutiva del gobierno. Por el espacio venturoso de más de ochenta años, manejó la administración pública el pundonoroso desempeño de Nerva, Trajano, Adriano y los dos Antoninos; y tanto en éste como en el siguiente capítulo, vamos a describir la prosperidad, y luego, desde la muerte de Marco Antonino, a puntualizar las circunstancias más abultadas de su decadencia y ruina: trastorno para siempre memorable y todavía perceptible entre las principales naciones del orbe.

Historia de la decadencia y ruina del Imperio Romano, de Edward Gibbon.

miércoles, 1 de octubre de 2008

A la busca de un final lírico (110)

Doña Juana la Loca, de Francisco Pradilla y Ortiz

El 23 de septiembre de 1506, estando presente el prestigioso doctor De la Parra, el estado del enfermo -Felipe el Hermoso- revestía enorme gravedad. Así se nos cuenta: "Por la noche empezó a tener gran dolor en los costados, escupiendo sangre al amanecer, mientras empezaban a salirle manchas pequeñas, entre coloradas y negras, que los doctores llaman blatas, y que se extendieron por todo su cuerpo. Una gran infección se extendió por la lengua y paladar, inflamándose la úvula, perdiendo a ratos los sentidos y sobreviniéndole al tiempo terribles calenturas y largos estados de frío... El miércoles le sobrevino un frío aún más riguroso y después un sudor caliente harto copioso en todo el cuerpo, quedando como alienado y con sueño".

Fuente: Revista Historia número 58, página 100.