miércoles, 18 de febrero de 2009

A la busca de un final lírico (133)


Para mí esta canción es mi magdalena de Proust. Nos la ponían en el internado para dormirnos, nos acostaban a las diez y media, allá por quinto de EGB. Luego, por la mañana, a eso de las siete y media, nos la volvían a poner, con la intención de despertarnos. Me aseaba con este fondo musical -un single, supongo-, o sea, me lavaba la cara, las manos, me mojaba el pelo y luego me peinaba, la raya a la izquierda un poco torcida, también me cepillaba los dientes antes de desayunar -durante todo el día no se podía subir a las habitaciones, había que esperar a la tardotarde, por eso acabamos casi todos con mogollón de muelas picadas-. Cuando acababa la canción, la ponían unas tres veces seguidas, nos reuníamos en un pequeño hall a la entrada de los dormitorios, y alguien rezaba unas cuantas avemarías.

1 comentario:

Aura dijo...

Pero, ¿a qué mente privilegiada se le ocurrió la idea de asignar cancioncilla tan calenturienta para los espacios de asueto de los pre púberes?

Oh my God...