martes, 5 de mayo de 2009

A la busca de un final lírico (148)


Artículos, artículos, artículos. Una forma de autodestrucción. He vuelto a hacer artículos, cientos, miles de artículos. Los artículos, primero, fueron mi procedimiento para irme autoestructurando. Eran una construcción piedra a piedra, paso a paso, el hacerse un nombre, un hombre y una vida, día a día, palabra a palabra.

Francisco Umbral: Mortal y rosa
Barcelona: Destino, 1975, p. 186.


A mí me suelen preguntar mucho, sobre todo los jóvenes escritores, cual es el secreto del éxito literario. Pues no hay secreto ni fórmula que valga, salvo el trabajo diario. Yo he escrito todos los días, casi desde que tengo uso de razón. Y así me planteo mi escritura, igual que otros están en una oficina o en un consultorio. Nunca he entendido a los escritores que se toman la escritura como un hoby o una afición de fin de semana.

(Majadahonda 15-3-91)

Han tenido que pasar muchos años, y ahora que escribo esta especie de memorias literarias hechas tanto mediante el recuerdo como mediante la imaginación (la imaginación es la forma lírica de la memoria), es cuando empiezo a estar bastante seguro de que la escritura sintética del lírico, la escritura metafórica, también puede servir para narrar algo, para narrar nada, para narrar la nada, que es todo. Para narrar.

Trilogía de Madrid.

La niña entre la nieve. La pequeña mendiga portuguesa entre la nieve. Gigi y yo buscamos a la niña entre la nieve. Gigi le quiere hacer fotos. ¿Gigi le quiere hacer fotos? Ni la niña aparece ni sabemos ya lo que queremos. Me lo dijo un día, Gigi, lleno de la tristeza de los grandes: ‘tendríamos que retratar a la pequeña mendiga entre la nieve’.
Hay un momento en que la nieve comienza a convertirse en silencio. Siempre hay un momento en que todas las cosas comienzan a convertirse en otras. Es el momento poético de las cosas. Uno tiene escrito, o quizá no, quizá sólo pensado, que metáfora no es equivalencia entre dos cosas: el momento metafórico es, exactamente, ese momento en que una cosa quiere ser otra y comienza a serlo. Ese es el instante delicado que pisamos, el gigante italiano y yo, cuando pisamos la nieve camino de la niña pobre, o en dirección inversa de la niña: nunca se sabe cómo reparte la nieve sus niños y sus muertos.

La belleza convulsa, página 43

1 comentario:

El pez dijo...

el gran umbral