viernes, 6 de noviembre de 2009

Marco Aurelio medita sobre Antonino Pío

Marco Aurelio expresa su admiración sin reservas por su antecesor en el trono, Antonino Pío, al dedicarle el capítulo más largo y detallado de «Mis Recuerdos» o «Meditaciones» (M.b AURELIUS, I, 16; VI, 20). Antonino Pío, casado con Annia Faustina, hermana única del padre de Marco Aurelio fue, por tanto, tío político, padre adoptivo (desde el año 138) y suegro (desde el 145) de su sucesor, y antes colaborador asiduo en el trono imperial. Ningún otro es evocado en las Meditaciones con tanta extensión ni con un afecto tan enorme como Antonino Pío: «De mi padre»; la masendumbre y la firmeza serena en las decisiones profundamente examinadas. El no vanagloriarse de los honores aparentes; el amor al trabajo y la perseverancia; el estar dispuesto a escuchar a los que podían hacer una contribución útil a la comunidad. El distribuir sin vacilaciones a cada uno según su mérito. La experiencia para distinguir cuándo es necesario un esfuerzo sin desmayos y cuándo hay que relajarse. El saber poner fin a las relaciones amorosas con los adolescentes. La sociabilidad y el consentir a los amigos que no asistieran siempre a sus comidas y que no le acompañaran necesariamente a sus desplazamientos; antes bien, quienes les habían dejado momentáneamente por alguna necesidad le encontraban siempre igual. El examen minucioso de las deliberaciones y la tenacidad sin eludir la indagación, satisfecho de las primeras impresiones. El celo por conservar a los amigos, sin mostrar nunca disgusto ni loco apasionamiento. La autosuficiencia en todo y en la serenidad. La previsión desde lejos y la regulación previa de los detalles más insignificantes sin escenas trágicas. La represión de las aclamaciones y toda adulación dirigida a su persona. El velar constantemente por las necesidades del Imperio. La administración de los recursos públicos y la tolerancia ante la crítica en cualquiera de estas materias; ningún temor supersticioso respecto a los dioses ni disposición para captar el favor de los hombres mediante lisonjas o agasajos al pueblo; por el contrario, sobriedad en todo y firmeza, ausencia total de gustos vulgares y de deseo innovador. El uso de los bienes que contribuyen a una vida fácil, y que la Fortuna se los había deparado en abundancia, sin orgullo y a la vez sin pretextos, de manera que los acogía con naturalidad, cuando los tenía, pero no sentía necesidad de ellos cuando le faltaban.
El hecho de que nadie hubiese podido tacharle de sofista, bufón o pedante; por el contrario, era tenido por hombre maduro, completo, inaccesible a la adulación, capaz de estar al frente de asuntos propios y ajenos. Además el aprecio a quienes filosofan de verdad, sin ofender a los más ni dejarse tampoco embaucar por ellos; más todavía, su trato amable y buen humor, pero no en exceso. El cuidado moderado del propio cuerpo, no como quien ama la vida ni por coquetería
»...
LVCENTVM, XI-XIII, 1992-94
JOSÉ ANTONIO GARZÓN BLANCO

No hay comentarios: