sábado 28 de marzo de 2009
viernes 27 de marzo de 2009
¡Eureka!: el eterno retorno existe.
El segundo gran hito en el desarrollo de
Las causas de
La depresión de 1929 añadió nuevas interpretaciones del papel del gobierno en la economía y la denominada “era Lochner” fue perdiendo fuelle a favor de una política más intervencionista, apoyada por el Tribunal Supremo. En efecto, Roosevelt asumió el poder en circunstancias dramáticas: bancos quebrados, catorce millones de parados y los granjeros en revolución.
Las alternativas eran la de anclarse en la clásica política económica del laissez faire con el fin de que las fuerzas del mercado corrigieran la situación y restablecieran el equilibrio, la de girar hacia el socialismo suprimiendo la propiedad privada y los medios de producción, o la de la economía dirigida o planificada, siendo esta última la que terminó triunfando. El Presidente, para restablecer el nivel de los precios, desvalorizó el dólar en un cuarenta por ciento. Una de las primeras y más urgentes necesidades era la de mitigar la desocupación. Para ello se aprobó una ley que facultaba al Presidente a emplear jóvenes en un Cuerpo de Conservación Civil (CCC) para la construcción de obras públicas vinculadas con la reforestación, el control de las inundaciones y proyectos similares. Durante el primer año de mandato de Roosevelt se alistaron más de 300.000 jóvenes, siendo éste uno de los proyectos “favoritos” del gobierno hasta que en 1942, el Congreso dejó de votarle sumas para el presupuesto del CCC. Por otra parte, se aprobó
Algunas de estas normas fueron desarrolladas en
Para aumentar los salarios, favoreció la celebración de contratos colectivos; para evitar el peligro que suponía la inversión en empresas quiméricas, aumentó la severidad del dominio de los bancos de emisión, prohibiéndoles ser al mismo tiempo banco de depósito, además de someterlos a la estrecha vigilancia de
Extracto del trabajo de Jesús Avezuela. AGENCIAS. EL EJEMPLO NORTEAMERICANO.
martes 24 de marzo de 2009
EXTIMIDAD
Hasta se merece un reportaje.
domingo 22 de marzo de 2009
jueves 19 de marzo de 2009
A la busca de un final lírico (139)
“ Todo son en él rabias y más rabias, disgustos y más disgustos, pesares y más pesares; si el que compra algunas partidas, ve que bajan, rabia de haber comprado, si suben, rabia de que no compró más; si compra, suben, vende, gana, y vuelan aún a más alto precio del que ha vendido, rabia de que vendió por menor precio; y si no compra ni vende, y van subiendo, rabia de que habiendo tenido impulsos de comprar, no llegó a lograr los impulsos...”
enfaticemos: NO LLEGÓ A LOGRAR LOS IMPULSOS.
martes 17 de marzo de 2009
viernes 13 de marzo de 2009
jueves 12 de marzo de 2009
A la busca de un final lírico (138)
En este castillo Michel de Montaigne nació, se encerró para escribir y falleció.Dice Cicerón que filosofar no es otra cosa que disponerse a la muerte. Tan verdadero es este principio que el estudio y la contemplación parece que alejan nuestra alma de nosotros y la dan trabajo independiente de la materia, tomando en cierto modo un aprendizaje y semejanza de la muerte; o en otros términos, toda la sabiduría y razonamientos del mundo se concentran en un punto: el de enseñarnos a no tener miedo de morir. En verdad, o nuestra razón nos burla, o no debe encaminarse sino a nuestro contentamiento, y todo su trabajo tender en conclusión a guiarnos al buen vivir y a nuestra íntima satisfacción, como dice la Sagrada Escritura. Todas las opiniones del mundo convienen en ello: el placer es nuestro fin, aunque las demostraciones que lo prueban vayan por distintos caminos. Si de otra manera ocurriese, se las desdeñaría desde luego, pues ¿quién pararía mientes en el que afirmara que el designio que debemos perseguir es el dolor y la malandanza? ...
Con frecuencia he considerado por qué en las guerras, el semblante de la muerte, ya la veamos en nosotros mismos ya en los demás, nos espanta mucho menos que en nuestras casas (si así no fuera compondríanse los ejércitos de médicos y de llorones); y siendo la muerte lo mismo para todos, he considerado también que la aguardan con mayor resignación las gentes del campo y las de condición humilde que los demás. En verdad creo que todo depende del aparato de horror de que la rodeamos el cual pone más miedo en nuestro ánimo que la muerte misma; los gritos de las madres, de las mujeres y de los niños; la visita de gentes pasmadas y transidas; la presencia numerosa de criados pálidos y llorosos; una habitación a oscuras; la luz de los blandones; la cabecera de nuestro lecho ocupada por médicos y sacerdotes: en suma, todo es horror y espanto en derredor nuestro: henos ya bajo la tierra. Los niños tienen miedo de sus propios camaradas cuando los ven disfrazados; a nosotros nos acontece lo propio. Preciso es retirar la máscara lo mismo de las cosas que de las personas, y una vez quitada no hallaremos bajo ella a la hora de la muerte nada que pueda horrorizarnos. Feliz el tránsito que no deja lugar a los aprestos de semejante viaje.
Y mucho más...


