sábado, 25 de abril de 2009

Visiones


Y este vídeo tan fresco, de la misma época, Rod Stewart tenía la cara de un joven con una resaca difusa.

Algunos años después.

jueves, 23 de abril de 2009

Pero es Juan Marsé, su rostro ya muestra esa edificación barroca que las personas alcanzan cuando son lo mismo por dentro que por fuera.

Juan Cruz

martes, 21 de abril de 2009

Visiones

“Utilización de un aparato para coleccionar y para transformar todas las pequeñas manifestaciones externas de energía (en exceso o desperdiciadas) del hombre, como por ejemplo: el exceso de presión sobre un interruptor eléctrico, la exhalación del humo del tabaco, el crecimiento del cabello y de las uñas, la caída de la orina y de la mierda, los movimientos impulsivos del miedo, de asombro, la risa, la caída de las lágrimas, los gestos demostrativos de las manos, las miradas duras, los brazos que cuelgan a lo largo del cuerpo, el estiramiento, la expectoración corriente o de sangre, los vómitos, la eyaculación, el estornudo, el remolino o pelo rebelde, el ruido al sonarse, el ronquido, los tics, los desmayos, ira, silbido, bostezos.”

MARCEL DUCHAMP

“Por lo demás, los que mueren
son siempre los demás…”
Epitafio (Tumba de Duchamp)

“Las creencias y los juicios son valores espantosos, lo único serio es el erotismo, subyacente o no, su presencia está siempre en mi obra”.
Marcel Duchamp

viernes, 17 de abril de 2009

miércoles, 15 de abril de 2009

A la busca de un final lírico (145)

"La única estrategia que puede más que el tiempo es conseguir perderlo impunemente"

José Manuel Caballero Bonald

lunes, 13 de abril de 2009

A la busca de un final lírico (144)


Tomadas en Córdoba


"Dejadnos solos, sin libros, y al punto estaremos perdidos y llenos de turbación. No sabremos a qué considerarnos unidos, a qué adherirnos, qué amar o qué odiar, qué es digno de respeto y qué merece nuestro desprecio. Hasta los propios semejantes nos resultarían insufribles"
Dostoievski, en "Memorias del subsuelo" (1864)

domingo, 12 de abril de 2009

Visiones

LAS ANTÍPODAS. Por antípodas se entiende lo diametralmente opuesto a otro lugar, y los habitantes de tal zona serían los antípodas, gente completamente diferente a la conocida.
Esta cuestión de las antípodas fue también muy discutida en los tiempos antiguos, encontradas nuevas tierras situadas en lugares opuestos a los conocidos, se hablará de América como lo desconocido, lo antitético, ¿eran también sus habitantes antípodas de los hombres conocidos?

Sobre este interrogante responde Acosta:
Pero ya que se sabe que hay tierra a la parte del sur o polo antártico, resta ver si hay en ella hombres que la habiten, que fue en tiempos pasados una cuestión muy reñida. Lactancio Firmiano (240-320 d.C.), y San Agustín hacen gran donaire de los que afirman haber antípodas, que quiere decir hombres que traen sus pies contrarios a los nuestros” (Loc. cit.).

Para Lactancio y Agustín esto es “cosa de burla” aunque darán razones y motivos distintos para negar las antípodas. Lactancio, expresa la opinión vulgar, que provenía de imaginar el cielo redondo, y Acosta la transcribe diciendo:
“…Lactancio vase con el vulgo, pareciéndole cosa de risa decir que el cielo está en torno por todas partes, y tierra está en medio, rodeada de él como una pelota; y así escribe en esta manera: ¿Qué camino lleva lo que algunos quieren decir, que hay antípodas, que ponen sus pisadas contrarias a las nuestras? ¿Por ventura hay hombre tan tonto que crea haber gentes que andan los pies arriba y la cabeza abajo? ¿y que las cosas que acá están asentadas, estén allá trastornadas colgando? ¿y que los árboles y los panes crecen allá abajo? ¿y que las lluvias y la nieve y el granizo suben a la tierra hacia arriba? y después de otras palabras añade Lactancio aquestas: El imaginar al cielo redondo fue causa de inventar estos hombres antípodas colgados del aire. Y así, no tengo más que decir de tales filósofos, sino que en errando una vez, porfían en sus disparates, defendiendo los unos con los otros. Hasta aquí son palabras de Lactancio” (Ibid.: 14).

Después de esta trascripción de Lactancio, Acosta va a negar toda argumentación disparatada sobre las antípodas, ya que desde su experiencia americana: “Más por más que él diga, nosotros que habitamos al presente en la parte del mundo, que responde en contrario de la Asia, y somos sus antíctonos, como los cosmógrafos hablan, ni nos vemos andar colgando, ni que andemos las cabezas abajo y los pies arriba” (Loc. cit.).

Sobre los términos que señalaron al mundo los antiguos, dice Acosta, que fue tradición generalizada “por los libros de los poetas, y de los historiadores, y de los cosmógrafos antiguos, el fin y términos de la tierra se ponen en Cádiz, la de nuestra España; allí fabrican las columnas de Hércules, allí encierran los términos del imperio romano, allí pintan los fines del mundo.” (Ibid.: 16)

Igualmente la Escritura llama: “todo el mundo a la mayor parte del mundo, que hasta entonces estaba descubierto y conocido. Ni el otro mar de la India, ni este otro de la occidental, entendieron los antiguos que se pudiese navegar, y en esto concordaron generalmente.” (Loc. cit.)

Concluye Acosta que: “Plinio, como cosa llana y cierta, escribe: Los mares que atajan la tierra nos quitan de la tierra habitable la mitad por medio, porque ni de acá se puede pasar allá,ni de allá venir acá. Esto mismo sintieron Tulio y Macrobio, y Pomponio Mela, y finalmente fue el común parecer de los escritores antiguos.” (Loc. cit.)

Acosta resumiendo lo dicho expresa: “queda que los antiguos o no creyeron haber hombres pasado el trópico de Cancro, como San Agustín y Lactancio sintieron, o que si había hombres, a lo menos no habitaban entre los trópicos, como lo afirman Aristóteles y Plinio, y antes que ellos, Parménides filósofo. Ser de otra suerte lo uno y lo otro, ya está asaz averiguado” (Ibid.: 19) –en nuestro siglo–.

Pasa Acosta a referirse a los filósofos que negaron la existencia del Nuevo Mundo y explica, los múltiples motivos por los que fueron engañados.

Fuente.

viernes, 10 de abril de 2009

Visiones

“Las ranas son verdes de todo a todo, menos en la panza. Los sapos son negros. También los ojos de mi madrina son negros. Las ranas son buenas para hacer de comer con ellas. Los sapos no se comen; pero yo me los he comido también, aunque no se coman, y saben igual que las ranas. Felipa es la que dice que es malo comer sapos. Felipa tiene los ojos verdes como los ojos de los gatos.”

Macario, de Juan Rulfo.

jueves, 9 de abril de 2009

Visiones

Estoy en el umbral de la puerta, a punto de entrar en mi cuarto, lo cual es una empresa complicada. En primer lugar tengo que luchar contra la atmósfera que pesa con una fuerza de un kilogramo sobre cada centímetro de mi cuerpo. Además debo procurar aterrizar en una tabla que gira alrededor del sol con una velocidad de 30 kilómetros por segundo; sólo un retraso de una fracción de segundo y la tabla se habrá alejado millas. Y semejante obra de arte debe ser llevada a cabo mientras estoy colgado, en un planeta en forma de bola, con la cabeza hacia fuera, hacia el espacio, a la par que por todos los poros de mi cuerpo sopla un viento etéreo a Dios sabe cuánta velocidad. Tampoco la tabla tiene una sustancia firme. Pisar sobre ella es como pisar sobre un enjambre de moscas. ¿No acabaré por caerme? No, porque si me atrevo y piso, una de las moscas me alcanzará y me dará un empujón hacia arriba; caigo otra vez y otra vez me empuja hacia arriba y así sucesivamente. Puedo por tanto esperar que el resultado total sea mi permanencia siempre aproximadamente a la misma altura. Pero si por desgracia y a pesar de todo cayese al suelo o fuese empujado con tanta fuerza que volase hasta el techo, semejante accidente no sería lesión alguna de las leyes naturales, sino una coincidencia extraordinariamente improbable de cualidades... Cierto es que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un físico traspase el umbral de una puerta. Si se tratase de la boca de un granero o de la torre de una iglesia, tal vez fuera más prudente acomodarse a ser nada más que un hombre corriente, entrando simplemente por ellas, en lugar de esperar a que se hayan resuelto todas las dificultades que van unidas a una entrada por entero libre de objeciones.

Eddington, citado por Walter Benjamin. Imaginación y sociedad.

miércoles, 8 de abril de 2009

Visiones

Viaducto (Madrid)

Desde la Catedral de Salamanca

Desde la Catedral de Salamanca

Desde la Concatedral de Cáceres

Desde la Catedral de París

Desde un hotel de Espinho

Acera del Viaducto de Madrid

martes, 7 de abril de 2009

A la busca de un final lírico (143)

DISPOSICIÓN DEROGATORIA ÚNICA. Cláusula general de derogación.

Quedan derogadas todas las normas de igual o inferior rango en lo que se opongan a la presente Ley.

lunes, 6 de abril de 2009

A la busca de un final lírico (142)

Desembocadura del río Miño, desde el monte de Santa Tecla

jueves, 2 de abril de 2009

A la busca de un final lírico (141)


Recordad una frase de Bertolt Brecht: "Desde el punto de vista moral, es lo mismo atracar un banco que fundarlo".

Nassim Nicholas Taleb, “El cisne negro”, página 91: "En el verano de 1982 los grandes bancos estadounidenses perdieron casi todas sus ganancias anteriores (acumuladas), casi todo lo que habían reunido en la historia de la banca estadounidense. Habían estado concediendo préstamos a países de América Central y del Sur, que dejaron de pagar todos al mismo tiempo, "un suceso de carácter excepcional". Así que bastó con un verano para comprender que ése era un negocio de aprovechados y que todas sus ganancias provenían de un juego muy arriesgado. Durante ese tiempo, los banqueros hicieron creer a todo el mundo, ellos los primeros, que eran "conservadores". No eran conservadores, sólo fenomenalmente diestros para el autoengaño y para ocultar bajo la alfombra la posibilidad de una pérdida grande y devastadora. De hecho, la parodia se repitió diez años después con los grandes bancos "conscientes del riesgo", que nuevamente se hallaban bajo presión económica, muchos de ellos a punto de quebrar, tras la caída del precio de las propiedades inmobiliarias a principios de la década de 1990, cuando la hoy desaparecida industria del ahorro y el préstamo necesitó un rescate a cargo del contribuyente de más de medio billón de dólares. El banco de la Reserva Federal los protegió a nuestras expensas: cuando los banqueros "conservadores" obtienen beneficios, ellos son quienes se llevan las ganancias; cuando caen enfermos, nosotros nos hacemos cargo de los costes."