viernes, 18 de septiembre de 2009

Cuidadín

Octubre, mes peligroso para la Bolsa. Bueno, se puede incluso generalizar.

No obstante, como decía Mark Twain, "los otros meses peligrosos son julio, enero, septiembre, abril, noviembre, mayo, marzo, junio, diciembre, agosto y febrero".

lunes, 14 de septiembre de 2009

APUNTES BORROROSOS

Un día cualquiera este tío, el señor Nichodades, o sea, me hizo llegar esta nota, sin pedirle yo nada. La intitulaba así, con mayúsculas y todo: MIRADADES: UNA CATARSIS DEL ESPEJO. Transcribo lo que decía, aunque me parecen interioridades especulativas que no van a ninguna parte, que sólo sirven para mantener enredada en la sombra la apariencia de una soledad.

veo mi cara en el espejo
de antigüedades llena
con sus ángulos tan angulados
sus mofletes fláccidos
sus viejas carcajadas olvidadas

veo mi rostro en el espejo
y no sé lo que me quiere
decir he ido a por un bolígrafo
para anotar que tengo el cabello
revuelto los ojos con el color
de las hojas desahuciadas
en busca de una elipsis caótica

el cutis con vestigios de besos
rojos y hay un silencio en el azogue
con sus propios ruidos dentro
implorando salir de esa cárcel
como si fuera una lluvia que no me quisiera
mojar con su amarilla inmensidad
sin huellas una mirada incapaz ya
ay de recordar sus queridas miradas

viernes, 11 de septiembre de 2009

martes, 8 de septiembre de 2009

Visiones

domingo, 6 de septiembre de 2009

Visiones

sábado, 5 de septiembre de 2009

Visiones


viernes, 4 de septiembre de 2009

Visiones


Hoy he ido a parar a este cuadro (Tetis implorando a Júpiter, de Ingres), leyendo esto.

La escena de Júpiter y Tetis fue una de las más conocidas de Ingres en su época. Poco comprendida por la crítica, que no admitía las deformaciones corporales a las que Ingres sometía a sus mujeres, ni al arcaísmo de su estética, sin embargo proporcionó mucha fama al pintor. El tema que Ingres está tratando es un pasaje de la "Ilíada", libro que el pintor utilizó frecuentemente para sus grandes composiciones. Tetis es una ninfa del mar, madre del famoso héroe griego Aquiles. Temerosa por la vida de su hijo, que combate en el asedio de Troya, se dirige suplicante a Júpiter, padre de todos los dioses olímpicos, para que vele por la seguridad de su hijo. Júpiter aparece como la viva imagen del poder y la soberanía. Su figura puede equipararse perfectamente con el Napoleón en su trono imperial. Su rostro severo exhibe un ceño fruncido que Tetis trata de ablandar con sus caricias. Sutilmente, el pie de la ninfa acaricia el pie del dios, que parece aceptar el homenaje. La escena es contemplada desde un lado por Juno, la esposa de Júpiter, consciente con tristeza de la debilidad de Júpiter por las mujeres. Mucho se ha hablado de la sinuosidad en la figura de Tetis. El cuerpo de la ninfa está completamente deformado, ablandado como si careciera de esqueleto, para enroscarse con gran erotismo sobre la monumental presencia de Júpiter. El tema de Tetis tomado como un estudio de desnudo es común con el de otros lienzos de Ingres, que se sentía fascinado por el aspecto decorativo del cuerpo de la mujer.



jueves, 3 de septiembre de 2009

Visiones

Tomada por Ana Bratz el 26 de agosto de 2009
Y aunque quizá no esté relacionado, ahí va esto:

Desde su juventud hasta el final de sus días Thomas Mann llevó un diario que sólo pudo ser leído veinte años después de su muerte, por propio deseo expresado en su testamento. En distintos cuadernos secretos había ido anotando los pormenores de su existencia. Cada jornada, una detrás de otra, fue desmenuzada en todos sus actos anodinos: miles de desayunos con huevos escalfados, miles de resfriados y mareos, miles de paseos sólo o acompañado de su mujer Katia o de su perro Toby por los bosques, por los parques de distintas ciudades donde vivió, en su patria o en el exilio de Suiza o de Norteamérica. En esas páginas, datadas de forma meticulosa, el escritor dejaba constancia de las visitas de amigos, de los tés de las cinco de la tarde, de los viajes en tren, en coche o en barco, de las piezas de música oídas mientras se fumaba un puro antes de ir a la cama y también de las poluciones nocturnas, de las masturbaciones y de otros movimientos escabrosos de la carne, de las pulsiones homosexuales que sentía al ver a un joven y hermoso camarero. En cambio, en ese diario le bastó con una línea para fijar la llegada de Hitler al poder y con algún mínimo párrafo para despachar el desarrollo de la Guerra Mundial a medias compartida con las tribulaciones que sufría por sus hijos y el trabajo con los distintos libros que iba escribiendo, sus ensayos, conferencias y discursos, sin un solo pensamiento que no fuera el sonido del minutero del reloj de la vida en el que se iba desangrando. Al parecer Thomas Mann creía que cualquier nimiedad cotidiana tenía una trascendencia sublime por el simple hecho de que le ocurría a él cuya alta estima era capaz de convertir un catarro en una categoría suprema. Pero estos escritos secretos tienen la virtud de descubrirnos el derribo interior que se ocultaba detrás de una fachada impecable, sin una sola grieta.

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