martes, 27 de octubre de 2009

En busca de un final lírico (165)

- “Me gustaría hacer algo hermoso.
- ¿Hacer, hacer algo?.
- Bien, pues sí; hacer algo hermoso: desaparecer.”

Ciorán

miércoles, 21 de octubre de 2009

En busca de un final lírico (164)

Entró directamente a la casa para dar el pésame a la madre del muerto. Lo primero que percibió fue el olor de muchas flores diferentes. Después empezó el calor. El coronel trató de abrirse camino a través de la multitud bloqueada en la alcoba. Pero alguien le puso una mano en la espalda, lo empujó hacia el fondo del cuarto por una galería de rostros perplejos hasta el lugar donde se encontraban -profundas y dilatadas- las fosas nasales del muerto. Allí estaba la madre espantando las moscas del ataúd con un abanico de palmas trenzadas. Otras mujeres vestidas de negro contemplaban el cadáver con la misma expresión con que se mira la corriente de un río. De pronto empezó una voz en el fondo del cuarto. El coronel hizo de lado a una mujer, encontró de perfil a la madre del muerto y le puso una mano en el hombro. Apretó los dientes.
- Mi sentido pésame -dijo.
Ella no volvió la cabeza. Abrió la boca y lanzó un aullido. El coronel se sobresaltó. Se sintió empujado contra el cadáver por una masa deforme que estalló en un vibrante alarido. Buscó apoyo con las manos pero no encontró la pared. Había otros cuerpos en su lugar. Alguien dijo junto a su oído, despacio, con una voz muy tierna: «Cuidado, coronel». Volteó la cabeza y se encontró con el muerto. Pero no lo reconoció porque era duro y dinámico y parecía tan desconcertado como él, envuelto en trapos blancos y con el cornetín en las manos. Cuando levantó la cabeza para buscar el aire por encima de los gritos vio la caja tapada dando tumbos hacia la puerta por una pendiente de flores que se despedazaban contra las paredes. Sudó. Le dolían las articulaciones. Un momento después supo que estaba en la calle porque la llovizna le maltrató los párpados y alguien lo agarró por el brazo y le dijo:
- Apúrese, compadre, lo estaba esperando.
El coronel no tiene quien le escriba
Gabriel García Márquez

martes, 20 de octubre de 2009

¿Es esto surrealismo?

mis manos se están endureciendo
de humedad depilada aprieto
pellizco mis labios que saben
a cerveza y carmín
estoy masticando con mi dedo pulgar
mi testículo izquierdo
para que broten gritos de niebla
la radio dice:
"... acusan los estragos de la edad
sin merma alguna de la concupiscencia ..."
sigue, amor, arañándome el hígado
mientras me rasco la espalda
colmada de estrellas
con el cuchillo de comerme el entrecot