domingo, 29 de noviembre de 2009

En busca de un final lírico (168)

El sol estaba alto [...] haciendo que los romanos [...] se sintieran exhaustos por el hambre, la sed y el duro peso de las armas. Finalmente, nuestras líneas cedieron ante el empuje de los bárbaros [...]. Algunos cayeron sin saber quién les golpeaba, otros se vieron sepultados por los perseguidores, y algunos perecieron por una herida causada por los suyos [...], el emperador, cuando se encontraba entre los soldados rasos, cayó herido de muerte por una flecha, después de la cual lanzó un último suspiro y murió, si bien su cuerpo no fue hallado en parte alguna.

Relato de AMIANO MARCELINO del desastre de Adrianópolis.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Laceraciones

azul y dorada
rumorea el agua
en la tarde antigua,

amarillez,
estío en tus manos,
ansia y espumas

jueves, 19 de noviembre de 2009

deidades clásicas

Platón (427- 347 a.C):

«Porque es una cosa leve, alada y sagrada el poeta, y no está en condiciones de poetizar antes de que esté endiosado, demente, y no habite ya más en él la inteligencia. Mientras posea este don, le es imposible al hombre poetizar y profetizar. Pero no es en virtud de una técnica como hacen todas estas cosas y hablan tanto y tan bellamente sobre sus temas. [...] Porque no es gracias a una técnica por lo que son capaces de hablar así, sino por un poder divino, puesto que si supiesen, en virtud de una técnica, hablar bien de algo, sabrían hablar bien de todas las cosas. [...] Con esto, me parece a mí que la divinidad nos muestra claramente, para que no vacilemos más, que todos estos hermosos poemas no son de factura humana ni hechos por los hombres, sino divinos y creados por los dioses, y que los poetas no son otra cosa que intérpretes de los dioses, poseídos cada uno por aquel que los domine». (Ión, en Diálogos I, 534 a-e)

miércoles, 18 de noviembre de 2009

sábado, 7 de noviembre de 2009

En busca de un final lírico (167)

Para resumir su existencia real hay que recurrir inevitablemente a las enumeraciones, muchas veces contradictorias. Fue violinista, poeta, seminarista, militar, jugador empedernido, mago, alquimista, cocreador de la lotería nacional de Francia, espía, agente financiero, escritor, filósofo, aparte de -por supuesto- libertino y mujeriego.

"Casanova derrocha a consciencia sus talentos en el instante, y el hombre que pudiera serlo todo, prefiere no ser nada, absolutamente nada, salvo ser libre".

Casanova se dedicó a vivir con intensidad hasta que la edad y el cambio de los tiempos lo fueron arrinconando y terminar como bibliotecario del conde de Waldstein, en Dux. Entonces, solo, amargado y sin perspectivas, convertido en una especie de bufón anacrónico en un palacio que ya casi nadie visita, decide poner sus vivencias por escrito. Lo hace como si las relatara a un auditorio incansable y ávido de sus palabras. Sus aventuras se suceden sin descanso y las páginas se leen como una trepidante serie de viñetas, a cual más asombrosa y desinhibida.

"En un castillo de Bohemia, un anciano exiliado pasa trece horas al día escribiendo la historia de su vida. No tiene posesiones; ha dejado atrás o dilapidado todo de lo que alguna vez fue dueño. No tiene mujer, ni fortuna, ni casa, ni patria. Dio y recibió libremente, sin cálculo alguno. Ha gozado de la existencia como pocos hombres -y aún menos mujeres- se han atrevido a disfrutar. Se lanzó a la vida sin pedir nada a cambio excepto la más insolente y la más escandalosa de las recompensas: el placer".

Más

viernes, 6 de noviembre de 2009

Marco Aurelio medita sobre Antonino Pío

Marco Aurelio expresa su admiración sin reservas por su antecesor en el trono, Antonino Pío, al dedicarle el capítulo más largo y detallado de «Mis Recuerdos» o «Meditaciones» (M.b AURELIUS, I, 16; VI, 20). Antonino Pío, casado con Annia Faustina, hermana única del padre de Marco Aurelio fue, por tanto, tío político, padre adoptivo (desde el año 138) y suegro (desde el 145) de su sucesor, y antes colaborador asiduo en el trono imperial. Ningún otro es evocado en las Meditaciones con tanta extensión ni con un afecto tan enorme como Antonino Pío: «De mi padre»; la masendumbre y la firmeza serena en las decisiones profundamente examinadas. El no vanagloriarse de los honores aparentes; el amor al trabajo y la perseverancia; el estar dispuesto a escuchar a los que podían hacer una contribución útil a la comunidad. El distribuir sin vacilaciones a cada uno según su mérito. La experiencia para distinguir cuándo es necesario un esfuerzo sin desmayos y cuándo hay que relajarse. El saber poner fin a las relaciones amorosas con los adolescentes. La sociabilidad y el consentir a los amigos que no asistieran siempre a sus comidas y que no le acompañaran necesariamente a sus desplazamientos; antes bien, quienes les habían dejado momentáneamente por alguna necesidad le encontraban siempre igual. El examen minucioso de las deliberaciones y la tenacidad sin eludir la indagación, satisfecho de las primeras impresiones. El celo por conservar a los amigos, sin mostrar nunca disgusto ni loco apasionamiento. La autosuficiencia en todo y en la serenidad. La previsión desde lejos y la regulación previa de los detalles más insignificantes sin escenas trágicas. La represión de las aclamaciones y toda adulación dirigida a su persona. El velar constantemente por las necesidades del Imperio. La administración de los recursos públicos y la tolerancia ante la crítica en cualquiera de estas materias; ningún temor supersticioso respecto a los dioses ni disposición para captar el favor de los hombres mediante lisonjas o agasajos al pueblo; por el contrario, sobriedad en todo y firmeza, ausencia total de gustos vulgares y de deseo innovador. El uso de los bienes que contribuyen a una vida fácil, y que la Fortuna se los había deparado en abundancia, sin orgullo y a la vez sin pretextos, de manera que los acogía con naturalidad, cuando los tenía, pero no sentía necesidad de ellos cuando le faltaban.
El hecho de que nadie hubiese podido tacharle de sofista, bufón o pedante; por el contrario, era tenido por hombre maduro, completo, inaccesible a la adulación, capaz de estar al frente de asuntos propios y ajenos. Además el aprecio a quienes filosofan de verdad, sin ofender a los más ni dejarse tampoco embaucar por ellos; más todavía, su trato amable y buen humor, pero no en exceso. El cuidado moderado del propio cuerpo, no como quien ama la vida ni por coquetería
»...
LVCENTVM, XI-XIII, 1992-94
JOSÉ ANTONIO GARZÓN BLANCO

lunes, 2 de noviembre de 2009

En busca de un final lírico (166)

presentación
orquestación
ambientación
esfumación
refutación
electrificación
ventilación
rememoración
conmoción
estupefacción
reiteración
acojonamiento/(acojonación)
enladrillamiento/(ofuscación)
fascinación