jueves, 14 de enero de 2010

El adolescente Trulock

Debía de rondar el año 1930. Nicasio Pajares Ojeros acababa de volver de visita a Padrón, después de pasar muchos años fuera, en América y en Madrid. Y se encontraba paseando por la alameda con el periodista del Arriba Ánxelo Novo cuando le cayó sobre el sombrero una monda de plátano. Todo parecía indicar que la piel había venido en picado desde la copa espesa de la sequoya de Rosalía (aquélla bajo la que ella solía sentarse), pero era imposible distinguir entre el ramaje al autor de la gamberrada. Así que Pajares, cabreadísimo, se puso a dar gritos llamando al jardinero, y Manuel Cajaravilla se presentó al instante: "Non lle faga caso. É o sobriño das de Trulock. Di que está facendo de mono de Gibraltar... ¡Baixa, Camiliño José, que molestas a estes señores!"

Fue la primera y la última vez que se cruzaron la mirada, si es que llegaron a cruzársela, los dos novelistas padroneses, Camilo José Cela y Nicasio Pajares. El primero adolescente y el segundo casi cincuentón. El de los Trulock, una criatura con mucho carácter, se tomó con calma eso de obedecer al jardinero y siguió en la copa imitando a los monos. Cuando al fin bajó, Pajares, que a pesar de ser humorista perdía el humor con facilidad, empezó a reprenderlo, pero el chaval se escabulló con descaro. "Perdóneme usted que no pueda seguir atendiéndole en este momento, pero me esperan allí, junto al magnolio, unas lindas muchachas, y he de lavarme antes los pies". Dicho esto, Camilito José huyó a todo correr hacia la fuente.

2 comentarios:

Mirada dijo...

:-) gracias

Nicho dijo...

Gracia a tí, Mirada