lunes, 22 de marzo de 2010

Flemoncita

Yo tuve, hace ya un cierto tiempo, una novia que se pasó varios días con un flemón. Su cara se desequilibró un poco. Adquirió un ambiguo aire cubista. Pero nunca perdió su buen humor, ni siquiera cuando me comprometí solemnemente a cuidarlo con la abnegación infinita de un converso.
Le acariciaba su flemón con la misma dulzura con la que un pervertido acaricia la chepa de un amigo. Nunca he estado más orgulloso que aquella tarde lluviosa de domingo mientras paseábamos bajo los soportales de la plaza. Entramos en una cafetería a tomar un chocolate con churros. Yo le pringaba los churros lentamente y ella los iba masticando con dolor, también lentamente.
Pese a sus reparos, nos seguimos morreando, con mucha lengua y con mucha saliva, bajo los soportales. A ella le incomodaba un poco, eso se notaba a veces. Aunque disimulaba muy bien. Me encantaba pasar mi lengua por la joroba de su flemón.
Me desenamoré mucho de mi novia el día que se le curó el flemón.

2 comentarios:

rober dijo...

Muy bueno Nicho, mucho buen humor y buena letra.
rober

Nicho dijo...

Muchas gracias, Rober. Un saludo.