miércoles, 27 de enero de 2010

En busca de un final lírico (177)

Esta foto la saqué en la Catedral de Palencia ("la bella desconocida"). Me llamó la atención - ¿y a quién no?- ese trasplante de la pierna de un negro -etíope, parece ser- a un blanco. Una variante de este milagro conjetura, con el fin de que saliera redondo, que el "moro" estaba moribundo y que, como consecuencia de la amputación - de su generosidad, de su desprendimiento -, se curó también de su moribundia, aunque, claro, el resto de su vida la disfrutó con una pierna amputada, la misma que debería llevar con garbo y cierta sensación de extrañamiento el afortunado blanco -clérigo o mercader-.
Veamos en qué consistió el milagro del San Cosme y San Damián, texto tomado prestado de donde se indica más abajo:

"El milagro que unió definitivamente el nombre de San Cosme y San Damián con los trasplantes nos lo relata Jacques de Vorágine (siglo XIII) en su famosísima obra a lo largo de los siglos Leyenda áurea de la vida de los Santos. En esta compilación de milagros de santos y beatos el hagiógrafo galo nos cuenta como en el París del siglo XIII la pierna de un presbítero de una iglesia de la ciudad encomendada a la protección de los dos santos lentamente se fue gangrenando debido a un tumor o una infección, causándole grandes dolores. Tanto debió de ser su sufrimiento, que los patrones de su parroquia se apiadaron de su piadoso feligrés y una noche le sustituyeron el miembro enfermo por una extremidad sana procedente de un criado “moro” o de raza etiope que acababa de fallecer el día anterior, realizando así uno de los primeros trasplantes conocido por historia: <<…el encargado de cuidar el templo parisino dedicado a ambos santos sufría enormemente a causa de un tumor en su pierna; y una mañana despertó sin dolor y con una pierna obtenida del cadáver de un etíope fallecido el día de antes.>>. El relato se repite en distintas crónicas variando la fecha y el lugar en que fue realizado, los participantes, etc. Así el portento se localiza también en Egea, la localidad cilicia natal de Cosme y Damián, en vida de los mártires (el donante era un etíope y el receptor un mercader), y en la Roma del siglo XII donde el donante era un negro y el receptor un sacerdote."

martes, 26 de enero de 2010

sábado, 23 de enero de 2010

jueves, 21 de enero de 2010

martes, 19 de enero de 2010

En busca de un final lírico (174)

¡Here Comes Everybody! El título original de Finnegans Wake es en sí un programa de libro abierto, de escritura común. Joyce retiene ese "Aquí vienen todos" como uno de los significados de H. C. E., iniciales de su personaje, el soñador proteico H. C. Earwicker. ¿Y qué sueña Earwicker en la larga noche de la estela fúnebre y festiva del héroe popular Tim Finnegan, muerto en apariencia al caer de una escalera y resucitado de su sueño mortal durante su propio velorio, cuando los dolientes/festejantes le rocían con el buen whisky irlandés? ¿Qué sueña? Lo sueña todo. Pero lo sueña como una escritura total.

jueves, 14 de enero de 2010

El adolescente Trulock

Debía de rondar el año 1930. Nicasio Pajares Ojeros acababa de volver de visita a Padrón, después de pasar muchos años fuera, en América y en Madrid. Y se encontraba paseando por la alameda con el periodista del Arriba Ánxelo Novo cuando le cayó sobre el sombrero una monda de plátano. Todo parecía indicar que la piel había venido en picado desde la copa espesa de la sequoya de Rosalía (aquélla bajo la que ella solía sentarse), pero era imposible distinguir entre el ramaje al autor de la gamberrada. Así que Pajares, cabreadísimo, se puso a dar gritos llamando al jardinero, y Manuel Cajaravilla se presentó al instante: "Non lle faga caso. É o sobriño das de Trulock. Di que está facendo de mono de Gibraltar... ¡Baixa, Camiliño José, que molestas a estes señores!"

Fue la primera y la última vez que se cruzaron la mirada, si es que llegaron a cruzársela, los dos novelistas padroneses, Camilo José Cela y Nicasio Pajares. El primero adolescente y el segundo casi cincuentón. El de los Trulock, una criatura con mucho carácter, se tomó con calma eso de obedecer al jardinero y siguió en la copa imitando a los monos. Cuando al fin bajó, Pajares, que a pesar de ser humorista perdía el humor con facilidad, empezó a reprenderlo, pero el chaval se escabulló con descaro. "Perdóneme usted que no pueda seguir atendiéndole en este momento, pero me esperan allí, junto al magnolio, unas lindas muchachas, y he de lavarme antes los pies". Dicho esto, Camilito José huyó a todo correr hacia la fuente.

miércoles, 13 de enero de 2010

En busca de un final lírico (172)

Jon, estos maestros del XIX/XX iban en todo momento vestidos de toreros, yo qué sé, como los pobres, los estetas o las putas. Como prueba te pongo estas fotos tan posadas del gran Frascuelo.