martes, 23 de febrero de 2010

En busca de un final lírico (184)

"Hay vidas que terminan sin dejar nada, ni destruido ni detenido, sin abrir ni congelar ningún desorden, mínimas obras de arte de orden en el gran desequilibrio humano".

Pequeño infierno turinés, de Guido Ceronetti.

"El arte está acabado desde que los artistas ya no tienen enfermedades venéreas".

lunes, 22 de febrero de 2010

domingo, 21 de febrero de 2010

En busca de un final lírico (183)

Y el arsénico que ya lo conocían desde la antigüedad, fue sin embargo el veneno favorito para quitar de en medio a alguien que estorbase, tanto es así que fue llamado "polvos de sucesión", porque se administraba para heredar a algún pariente, o algún esposo o esposa que estorbase. La ventaja sobre otros venenos es que no tenía sabor ni olor y de ahí la facilidad de su administración sin que la víctima se apercibiese. Se mezclaba con facilidad con líquidos, bebidas, o con las comidas. Parecía azúcar. Fue llamado "el rey de los venenos". Y fue el arma letal preferida durante la Edad Media. Los romanos ya conocieron sus efectos mortíferos, por haber muerto accidentalmente con mucha frecuencia los mineros que inhalaban el polvillo que flotaba en el aire al extraerlo de diversos yacimientos minerales. La tristemente famosa LOCUSTA fue la gran envenenadora romana, que creó una verdadera "academia" de envenenadores con numerosos discípulos, como COMIDIO que aconsejaron a los distintos emperadores de quienes fueron favoritos y consejeros en el arte de suprimir a quienes les estorbasen. Se sabe que la madre de Calígula usó de sus consejos para envenenar a su propio hijo. Agripina se sirvió de ella y su hijo el emperador Nerón. Agripina le encargó la elaboración de un veneno para deshacerse de Claudio y Nerón también recurrió a sus servicios para envenenar a su hermano Británico, pero impacientado éste porque el veneno no producía el rápido efecto que esperaba, Locusta preparó otro de más rápidos efectos siendo recompensada generosamente por el emperador romano. Más tarde GALBA mandó dar muerte a la envenenadora.

sábado, 13 de febrero de 2010

En busca de un final lírico (182)

era libre pero no conseguía levantarme del sillón de orejas que había heredado de mis padres sonaba sucio y triste cuando tiritaba me arropaba con las faldillas allí en esa mesa camilla comíamos todos los infinitos mediodías siempre chirriando algo el sonido maldito de las bocas masticando garbanzos aquellos dientes pisando plásticos podridos era libre entre todo aquel frío lleno de barros y de cabras y sólo sentía la rabia de no poder estar todo el tiempo corriendo sin sentido acompañado del rumiar de todas aquellas vacas aparecidas de no se sabía dónde y me reía subido a las alpacas tiernas mientras soñaba con Concha menudas tetas guardaba aquel jersey de rombos decorado de bolitas nunca conseguí verle las bragas ni cuando saltaba a la comba no había lugar por allí para la mentira estaba only loney manos escareadas y felices de tanto gatear por los álamos y los chopos pescábamos ranas con la escopeta de perdigones de mi tío y gorriones y ratones tirábamos a hacer puntería en los jamones viejos y encallecidos de los burros que pastaban pacíficamente acompañados de algún maldito perro subidos en las tapias pecábamos al sol con las manos manoseadas de tanta madrugada dolían a nada nunca oí ninguna banda sonora y venga coge la bici para esto y vuelve a cogerla para aquello otro me escapaba con la bici por la estepa que no era más que una meseta con alguna ruina de adobes y ladrillos pensando en Concha subiendo cuestas llenas de polvo bajando cuestas también bajé y subí cantidad de escaleras nos daban unas monedas para comprar gominolas un día estuve observando un plástico sucio y triste que tiritaba agitado como un pelele por el viento atiborrado de lirismo de una tarde de noviembre allá por la esquina donde íbamos a dar de fumar a los murciélagos

lunes, 8 de febrero de 2010

En busca de un final lírico (180)

¿Qué sucede cuando un hombre muere? Al principio no se da cuenta de que ha muerto. Prosigue son sus ocupaciones habituales, lo visitan sus amigos, conversa con ellos. Y luego, poco a poco, los hombres ven con alarma que todo es más vívido, que hay más colores. El hombre piensa: Yo he vivido todo el tiempo en la sombra, y ahora vivo en la luz. Y eso puede alegrarlo un momento.

Jorge Luis Borges, hablando de Emanuel Swedenborg (existe una Iglesia Swedenborgiana), por el año 1979, más o menos.

sábado, 6 de febrero de 2010

En busca de un final lírico (179)

Después De La Muerte De Jaime Gil De Biedma de Jaime Gil de Biedma

En el jardín, leyendo,
la sombra de la casa me oscurece las páginas
y el frío repentino de final de agosto
hace que piense en ti.

El jardín y la casa cercana
donde pían los pájaros en las enredaderas,
una tarde de agosto, cuando va a oscurecer
y se tiene aún el libro en la mano,
eran, me acuerdo, símbolo tuyo de la muerte.
Ojalá en el infierno
de tus últimos días te diera esta visión
un poco de dulzura, aunque no lo creo.

En paz al fin conmigo,
puedo ya recordarte
no en las horas horribles, sino aquí
en el verano del año pasado,
cuando agolpadamente
-tantos meses borradas-
regresan las imágenes felices
traídas por tu imagen de la muerte…
Agosto en el jardín, a pleno día.

Vasos de vino blanco
dejados en la hierba, cerca de la piscina,
calor bajo los árboles. Y voces
que gritan nombres.
Ángel,
Juan, María Rosa, Marcelino, Joaquina
-Joaquina de pechitos de manzana.
Tú volvías riendo del teléfono
anunciando más gente que venía:
te recuerdo correr,
la apagada explosión de tu cuerpo en el agua.

Y las noches también de libertad completa
en la casa espaciosa, toda para nosotros
lo mismo que un convento abandonado,
y la nostalgia de puertas secretas,
aquel correr por las habitaciones,
buscar en los armarios
y divertirse en la alternancia
de desnudo y disfraz, desempolvando
batines, botas altas y calzones,
arbitrarias escenas,
viejos sueños eróticos de nuestra adolescencia,
muchacho solitario.
Te acuerdas de Carmina,
de la gorda Carmina subiendo la escalera
con el culo en pompa
y llevando en la mano un candelabro?

Fue un verano feliz.
…El último verano
de nuestra juventud, dijiste a Juan
en Barcelona al regresar
nostálgicos,
y tenías razón. Luego vino el invierno,
el infierno de meses
y meses de agonía
y la noche final de pastillas y alcohol
y vómito en la alfombra.

Yo me salvé escribiendo
después de la muerte de Jaime Gil de Biedma.

De los dos, eras tú quien mejor escribía.
Ahora sé hasta qué punto tuyos eran
el deseo de ensueño y la ironía,
la sordina romántica que late en los poemas
míos que yo prefiero, por ejemplo en Pandémica…
A veces me pregunto
cómo será sin ti mi poesía.

Aunque acaso fui yo quien te enseñó.
Quien te enseñó a vengarte de mis sueños,
por cobardía, corrompiéndolos.

martes, 2 de febrero de 2010

En busca de un final lírico (178)

LAS CIUDADES Y LOS MUERTOS.4.

Lo que hace a Argia diferente de las otras ciudades es que en vez de aire tiene tierra. La tierra cubre completamente las calles, las habitaciones están llenas de arcilla hasta el cielo raso, sobre las escaleras se apoya otra escalera en negativo, encima de los techos de las casas pesan estratos de terreno rocoso como cielos con nubes. Si los habitantes pueden dar vueltas por la ciudad ensanchando las galerías de los gusanos y las fisuras por las que se insinúan las raíces, no lo sabemos: la humedad demuele los cuerpos y les deja pocas fuerzas; conviene que se queden quietos y tendidos, tan oscuro está.
De Argia, desde aquí arriba, no se ve nada; hay quien dice: —Está allá abajo— y no queda sino creerlo; los lugares están desiertos. De noche, apoyando la oreja en el suelo, a veces se oye una puerta que golpea.

Tomado de "Las ciudades invisibles" de ITALO CALVINO

UN POCO MÁS:

LAS CIUDADES Y LOS OJOS. 3

Después de andar siete días, a través de boscajes, el que va a Baucis no consigue verla y ha llegado. Los finos zancos que se alzan del suelo a gran distancia uno de otro y se pierden entre las nubes, sostienen la ciudad. Se sube por escalerillas. Los habitantes rara vez se muestran en tierra: tienen arriba todo lo necesario y prefieren no bajar. Nada de la ciudad toca el suelo salvo las largas patas de flamenco en que se apoya, y en los días luminosos, una sombra calada y angulosa que se dibuja en el follaje.
Tres hipótesis circulan sobre los habitantes de Baucis: que odian la tierra; que la respetan al punto de evitar todo contacto; que la aman tal como era antes de ellos, y con catalejos y telescopios apuntando hacia abajo no se cansan de pasarle revista, hoja por hoja, piedra por piedra, hormiga por hormiga, contemplando fascinados su propia ausencia.