jueves, 22 de diciembre de 2011

¿Será Kafka?

Escribo de un modo diferente al que hablo, hablo de un modo diferente al que debiera pensar y así sucesivamente hasta la más profunda oscuridad.

30 de noviembre. Tres días sin escribir nada.

Pero escribiré a pesar de todo, categóricamente; es mi lucha por la conservación de mi existencia.

En los diarios de Flaubert leo esta hermosa anécdota: un día visitó Chateaubriand con algunos amigos el lago de Gaube (un lago de montaña aislado en los Pirineos); todos se sentaban en el mismo banco durante la comida, donde nosotros (Flaubert) hemos desayunado. La belleza del lago los dejó a todos extasiados. «Quisiera vivir siempre aquí», dijo Chateaubriand. «Oh, se aburriría mortalmente», replicó una de las damas. «Qué quiere decir con eso, yo me aburro siempre», contestó sonriendo Chateaubriand. No es lo ingenioso de la historia lo que me proporciona placer, pues no es especialmente extraordinaria, sino la alegría, la franca felicidad mayestática del hombre.

Todo lo que no sea literatura me aburre. Odio este sentimiento porque me entorpece o me detiene, aunque sólo sea de un modo hipotético. Para la vida familiar me falta todo sentido, excepto, en el mejor de los casos, el de observador. No poseo ningún sentimiento de parentesco, en las visitas sólo percibo una maldad expresamente dirigida contra mí.

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