viernes, 30 de marzo de 2012

La mayor tomadura de pelo de la historia reciente


Miren, miren: hago un ajuste de 27.500 millones de euros que voy a financiar en parte con la colaboración voluntaria de los defraudadores fiscales por importe de 2.500 millones (el 10% -la mayoría de los españoles que no estafamos a los demás pagamos muchísimo más- de los 25.000 millones de euros que me van a declarar caritativamente). Ojo, bajo la amenaza de que es la última vez. El resto del dinero ya nos los dará alguien, que nosotros somos muy cumplidores, nuestro norte es el sentido común, la palabra dada, el como dios manda.
Han subido el IRPF -decían que para cobrar 5.000 millones de euros más -aunque han acabado recaudando prácticamente lo mismo que antes de subirlo (a clase de párvulos todo el mundo, que lo voy a explicar: si gano 100 y pago el 20% de impuestos, el Estado recauda 20; si dejan que los empresarios bajen libremente los salarios, con suerte puedo ganar 95,  con que, si los impuestos no suben, el 20% de 95 es 19. Yo gano menos, el Estado recauda menos, todos gastamos menos, pero, eso sí, los empresarios se animarán a contratar, porque sus asalariados van a cobra menos (cuidadín, piensan muy mal de sus aliados principales, creíamos que los empresarios querían crear riqueza, no explotar a sus trabajadores), pero, ay, los otros asalariados también van a cobrar menos con lo que van a gastar menos... SOCORRO,... con el efecto colateral de bajar tanto los salarios reales como las pensiones reales, todo para nada).
OJO AL DATO: España debe, grosso modo, un 400% de su PIB, es decir, unos 4 billones de euros. De ellos, más o menos el 75% es deuda del Estado, el resto, un 325%, del sector privado. La mayoría de los países de la Unión Europea deben mucho más.
Jamás habría podido imaginar que yo, un yo feo, católico y sentimental, fuera tan tonto, cómo no se me habría ocurrrrrrrrrrido antes.

Más, y eso que los buenos hombres tenían un plan. Crearon la crisis, tuvieron la suerte, o la desgracia, de perder las elecciones en 2004, vino un novato que pagó la novatada bien pagada, pero este señor Rajoy no es ningún aficionado, ¡a que no!.

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