martes, 18 de septiembre de 2012

En busca de un final lírico (231)

Estoy oyendo la radio, mientras trabajo, llevo haciéndolo algún tiempo, también tengo la televisión encendida, sin sonido, soy un hombre sometido a una dispersión moderada, están poniendo imágenes de actrices famosas, Audrey se llama una, también aparece, no sé por qué, el Hitler, una niña que se convierte en una joven que se transforma en una anciana, mapas y soldados, besos y bailes, aviones entre la niebla, sacan leyendas escritas en alemán, trenes míticos, otros aviones lanzan bombas sobre unas ciudades antiguas, niños rapados al cero comen empuñando la cuchara con toda la mano, mujeres posan y  el fotógrafo capta su fulgor, también aparece Mónaco, con su lujo,  colas de salida del metro, la actriz se corta el pelo en directo, va en camisón y luego se sube a una moto, "prepara la vuelta a la Universidad con lo último en tecnología, sólo hasta el 27 de septiembre" dice la radio, y empieza nuestra protagonista a pronunciar un discurso, parece que le han dado un premio, pero no me he enterado bien, mis piernas están achicharradas de picotazos de mosquitos, he enchufado un antisecticida eléctrico para inhibirlos, hablan de deportes y nuestra actriz sigue en la tele, ahora mientras hacía una película del oeste, acaricia el rostro de un caballo blanco con una mano que es una lejanía infinita, como si estuviera acariciando el rostro de su primer amor adolescente, me gustan las actrices en sus vidas fingidas, pero en sus vidas menos fingidas me decepcionan, claro, que yo en mi vida menos fingida me decepciono engañosamente más, menudo consuelo, esta noche voy a acabar con todos ellos.

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