sábado, 1 de diciembre de 2012

En busca de un final lírico (241)

"Parece ya muy antigua la leyenda del hombre que sale un día de casa a buscar tabaco y decide no volver. Pues bien, se remonta tan sólo a 1960, año en que, gracias a John Updike, el mundo conoció al inefable Harry «Conejo» Angstrom, cuyas peripecias empiezan a contarse aquí en el momento en que, sin razón aparente, abandona mujer e hijo, su modesta condición de vendedor de MagiPeels y el recuerdo de cuando fue un as del baloncesto. A partir de entonces, Conejo Angstrom seguirá su camino sin rumbo, a la vez esquivando y buscando quién sabe qué. Ni siquiera el lector más sabio podría decirlo, porque ¿quién alguna vez, obedeciendo a un «impulso inexplicable», no ha salido (o deseado salir) huyendo como un vulgar conejo antes que enfrentarse al mundo, o a sí mismo? De ahí que este supuesto «hombre libre», como cualquiera de nosotros tal vez, caiga constante y torpemente atrapado en la enmarañada existencia con la que debe cargar inexorablemente todo ser humano."

Contraportada de "Corre, Conejo" de John Updike
 
La idea se parece bastante a la de aquel cuento, cómo se llamaba,... Wakefield.
Y mucha otra gente lo hizo/lo hace: Odiseo, Leopold Bloom, Don Quijote, Ethan Edwars o Max Estrella, cada uno con sus razones, sus motivos, sus sinrazones, sus desmotivaciones.

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