viernes, 30 de noviembre de 2012

Sin comentarios

“Porque manifiestamente vosotros estáis familiarizados desde hace mucho tiempo con lo que propiamente queréis decir cuando usáis la expresión "ente"; en cambio, nosotros creíamos otrora comprenderlo, pero ahora nos encontramos en aporía”. ¿Tenemos hoy una respuesta a la pregunta acerca de lo que propiamente queremos decir con la palabra “ente”? De ningún modo. Entonces es necesario plantear de nuevo la pregunta por el sentido del ser. ¿Nos hallamos hoy al menos perplejos por el hecho de que no comprendemos la expresión “ser”? De ningún modo. Entonces será necesario, por lo pronto, despertar nuevamente una comprensión para el sentido de esta pregunta. La elaboración concreta de la pregunta por el sentido del "ser” es el propósito del presente tratado. La interpretación del tiempo como horizonte de posibilidad para toda comprensión del ser en general es su meta provisional."

 
El principio de "El ser y el tiempo" de Martin Heidegger


lunes, 26 de noviembre de 2012

viernes, 23 de noviembre de 2012

jueves, 22 de noviembre de 2012

sábado, 17 de noviembre de 2012

En busca de un final lírico (238)

"Cuando murió mi madre, adopté la técnica Gestalt de decirme a mí misma, siempre que me atenazaba la pena: «He decidido tener una madre que está muerta».

T. D., antigua colega en la Universidad de Windsor"

Una de las citas iniciales de "Memorias de una viuda", de Joyce Clare Oates.
Sus primeras líneas dicen, según la traducción de María Luisa Rodríguez Tapia:
 
 El mensaje

15 de febrero de 2008. Cuando regreso a nuestro coche, que había aparcado de cualquier forma en una estrecha bocacalle cercana al Centro Médico de Princeton, veo, sujeto con el limpiaparabrisas, lo que parece ser un trozo de cartulina. Se me encoge bruscamente el corazón y me siento llena de consternación y una aprensión culpable: ¿una multa?, ¿una multa de estacionamiento?, ¿en estos momentos? Hace unas horas aparqué ahí, apresurada, agobiada, con una ristra de advertencias pasándome por la cabeza como si fueran gritos de cigarras —si me hubieran visto, habrían pensado con compasión: esa mujer tiene una prisa desesperada, como si fuera a servirle de algo—, de camino a ver a mi marido en la Unidad de Telemetría del centro médico en el que había ingresado unos días antes con neumonía; ahora necesito volver a casa unas horas y prepararme para regresar al centro médico a primera hora de la noche, angustiada, con la boca seca y dolor de cabeza pero en un estado de nervios que podría llamarse «esperanzado», porque desde su ingreso en el centro médico, Ray no ha dejado de restablecerse, tiene otro aspecto y se encuentra mejor, y su nivel de oxígeno, medido en unas cifras que fluctúan literalmente con cada inspiración —90, 87, 91, 85, 89, 92—, progresa sin cesar; están haciendo los preparativos para trasladarlo a una clínica de rehabilitación cercana (la esperanza es nuestro consuelo ante la mortalidad), y ahora, a media tarde de otra de estas interminables y agotadoras jornadas de hospital, ¿de verdad que nos han puesto una multa de coche? ¿En mi distracción he aparcado en zona prohibida? El límite de tiempo para aparcar en esta calle es de dos horas, he estado más de dos en el hospital, y veo, avergonzada, que nuestro Honda Accord de 2007 —de un blanco inquietante en el atardecer de febrero, como una extraña criatura fosforescente en las profundidades marinas— está estacionado de forma inexperta y, sobre todo, nada elegante, torcido respecto a la acera, con la rueda posterior izquierda varios centímetros fuera de la línea blanca de la calzada y el parachoques delantero casi tocando el todoterreno de la plaza siguiente. Pero ahora, si esto es una multa, lo primero que pienso es: «No se lo diré a Ray, la pagaré en secreto».
Sólo que la hoja de papel no es una multa del Departamento de Policía de Princeton, sino un trozo de papel corriente, que, cuando mi mano temblorosa lo abre y alisa, resulta ser un mensaje de un particular en letras de imprenta enormes, agresivas, que leo varias veces con ojos asombrados como si estuviera a punto de precipitarme en un abismo:

APRENDE A APARCAR, ZORRA ESTÚPIDA

Así, como en esa parábola de Franz Kafka en la que la verdad más profunda y devastadora de la vida de un individuo se la revela un transeúnte en la calle, como por casualidad, sin importancia, la futura viuda, como si fuera ya viuda, se ve obligada a comprender que su situación, por desgraciada, desesperada o angustiosa que sea, no le da derecho a pisotear los límites de los demás, sobre todo de desconocidos que no saben nada de ella; «la rueda posterior izquierda varios centímetros fuera de la línea blanca de la calzada»

viernes, 16 de noviembre de 2012

En busca de un final lírico (237)

"La escritura es una petulancia contra la muerte".
Ramón Gómez de la Serna en Automoribundia

 
"Titulo este libro “Automoribundia”, porque un libro de esta clase es más que nada la historia de cómo ha ido muriendo un hombre y más si se trata de un escritor al que se le va la vida más suicidamente al estar escribiendo sobre el mundo y sus aventuras. En realidad ésta es la historia de un joven que se hizo viejo sin apercibirse de que sucedía eso."



lunes, 12 de noviembre de 2012

Los tiempos van cambiando


Ninguna sociedad puede prosperar y ser feliz si la mayoría de sus miembros son pobres y desdichados.
    ADAM SMITH
Una vez que nos permitimos desobedecer la prueba de los beneficios de un contable, hemos empezado a cambiar nuestra civilización.
    JOHN MAYNARD KEYNES
La idea de una sociedad en la que los únicos vínculos son las relaciones y los sentimientos que surgen del interés pecuniario es esencialmente repulsiva.
    JOHN STUART MILL
Sentir mucho por los demás y poco por nosotros mismos; reprimir nuestro egoísmo y practicar nuestras inclinaciones benevolentes; esto constituye la perfección de la naturaleza humana.
    ADAM SMITH
Nuestra nación defiende la democracia y unos buenos desagües.
    JOHN BETJEMAN
Para la emancipación de la mente es imprescindible hacer primero un estudio de la historia de las opiniones.
    JOHN MAYNARD KEYNES
Lo conseguimos todo pero, para mí, lo conseguido ha resultado ser una sátira de nuestros sueños. 
    KRZYSZTOF KIESLOWSKI
En vez de utilizar sus recursos técnicos y materiales, que habían experimentado un incremento extraordinario, para construir una ciudad maravillosa, los hombres del siglo XIX construyeron suburbios deprimentes [...] [que] según los  criterios de la empresa privada eran «rentables», mientras que la ciudad maravillosa, pensaban, habría sido una extravagancia que, en la estúpida jerga de la moda financiera, habría «hipotecado el futuro»... La misma regla de cálculo económico autodestructivo gobierna todos los ámbitos de la vida. Destruimos la belleza del paisaje porque los esplendores de la naturaleza, de los que nadie se ha apropiado, carecen de valor económico. Seríamos capaces de apagar el sol y las estrellas porque no dan dividendos.
    JOHN MAYNARD KEYNES
El propósito de mi existencia es hacer la vida más agradable a la gran mayoría; no me preocupa si para ello debe volverse menos agradable para la minoría acomodada.
    JOSEPH CHAMBERLAIN
Está en la naturaleza de las cosas que un Estado que subsiste gracias a la renta que le aportan otros países estará infinitamente más expuesto a toda clase de accidentes que uno que la produce por sí mismo.
    THOMAS MALTHUS
Lo importante no es que el gobierno haga cosas que los individuos ya están haciendo y que las haga un poco mejor o un poco peor, sino que haga las cosas que ahora no está haciendo nadie.
    JOHN MAYNARD KEYNES
El supuesto choque entre libertad y seguridad [...] resulta ser una quimera. Pues no hay libertad si el Estado no la asegura; y, al contrario, sólo un Estado controlado por ciudadanos libres puede ofrecerles una seguridad razonable. 
    KARL POPPER

domingo, 11 de noviembre de 2012

sábado, 10 de noviembre de 2012

En busca de un fina lírico (236)

El gran Julio Cerón, allá por el 22 de abril de 1985, en el diario ABC, nos dejó este nichodón:
 
"EN LA DESUNIÓN ESTÁ NUESTRA FUERZA
Solitarios de todos los países, huíos."

Julio Cerón
 
Previamente, el 25 de marzo de 1985, en el mismo periódico, se desahogó:
 
 
"LO DIGO COMO LO PIENSO
Lo que vale la pena es una lástima"
 
Y el 22 de enero de 1985, así, sin más:
 
"MADRE AGONÍA
Me gustaría morir muy entero y que mis últimas palabras fueran: cuarzo, feldesfato y mica".

Y diez años antes unas muchachísimas bailaban como los ángeles una canción gloriosa de los acdc:

 

domingo, 4 de noviembre de 2012